
Lunes 12 de mayo de 2008
Cuando en 1560 el capitán y escribano de Pedro de Valdivia, Luis de Cartagena, llegó a la costa central para tomar poder de las tierras que le habían sido dadas en encomienda nunca imaginó que tres siglos después éstas se convertirían en el balneario top de la burguesía criolla, que sería el primer destino turístico en contar con el tren como medio de transporte ni mucho menos que con el tiempo y la modernidad se transformaría en la playa más populosa de Chile: en época estival recibe a 25 mil personas los fines de semanas y 600 mil durante toda la temporada.
Esta importante masa de población "externa" no sólo copa las residenciales y hosterías de la comuna (ex casonas de la elite nacional traídas de Europa), sino también el tradicional paseo costero que une la Playa Chica al sur con la Playa Grande: el lugar de encuentro por excelencia de la zona, dada su amplia oferta comercial y de restaurantes, así como por la venta de un sinnúmero de productos que forman parte de los recuerdos familiares de muchos chilenos ¿quién no ha degustado allí un pan de huevo o una sierra ahumada?
El tema es que desde 1913 -fecha de su construcción- el corredor costero no ha sido cambiado ni reparado. Y los daños y el paso del tiempo están a la vista.
Consciente de ese abandono, la Dirección de Obras Portuarias del Ministerio de Obras Públicas (MOP) solicitó un estudio para determinar el nivel de daño estructural que sufre el lugar debido al constante pasear de los cientos de miles de peatones durante casi un siglo.
Una evaluación técnica preliminar realizada por esta repartición identificó como la zona con mayor deterioro a aquella ubicada entre el rompeolas y la plaza, un tramo de 400 metros que presenta grietas, adelgazamiento y colapso del muro de contención, balaustrada (columnas de las barandas) en malas condiciones, baches en el pavimento y muro sin revestimiento. De hecho, y con el fin de evitar situaciones de riesgo, en noviembre de 2007 se envió un informe técnico a la autoridad marítima en su calidad de responsable de la seguridad en el borde costero, solicitándoles su apoyo para resguardar a los transeúntes y evitar aglomeraciones en los puntos críticos.
Ulloa agregó que pese a que aún no está listo el estudio de daños en los muros y no se conoce el valor de las obras finales, si tuvieran que intervenir todo el tramo analizado -más de 400 metros-, "la inversión no sería menor a los 1.200 ó 1.500 millones de pesos".
Mejoramiento arquitectónico
El Gobierno pretende que el informe de daños esté listo a fines de 2008, para dar paso a la ejecución de las obras de conservación del lugar, inmediatamente después del término del período estival de 2009. "Urge mantener este tradicional paseo en óptimas condiciones para que continúe siendo un espacio público de esparcimiento para todas las familias de Cartagena, así como para la inmensa cantidad de personas que lo visitan año tras año. La idea es comenzar los trabajos de reforzamiento el próximo año, una vez transcurrido el verano, para no interferir con la actividad turística y económica que allí se desarrolla", destacó el director nacional (S) de Obras Portuarias, quien agrega que el trabajo de recuperación cuenta con la colaboración del municipio de Cartagena, principal interesado en el desarrollo del proyecto y con cuyos expertos ya han concretado una serie de reuniones.
"Con la intervención de las áreas urgentes y la recuperación del daño estructural se busca dotar al paseo de 20 ó 30 años más de uso", dice Ulloa.
Posterior a estas obras de conservación y a la luz del mismo informe, se considerará el estudio urbano del paseo existente y su entorno y el estudio patrimonial de los antecedentes históricos, estéticos y ambientales, información que será utilizada más adelante en la definición de una propuesta de intervención arquitectónica que pretende devolverle la impronta al más importante punto de encuentro de este balneario.
Con esos datos, la División de Arquitectura de MOP trabajará en la parte urbana del paseo, como mobiliario e iluminación. El fin: entregar un sector consolidado desde el punto de vista estructural y de mobiliario urbano, similar a lo que se ha hecho en el borde costero de Valparaíso o San Antonio para darle algo de calidad a las personas que la visitan".
"El sentido de ejecutar estas obras de conservación es preservar el paseo, aportando a la calidad de vida de los lugareños y agregando valor turístico a una obra tan emblemática de la costa central", dice Ulloa. LN