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Jueves 15 de mayo de 2008
Hijo rebelde de la burguesía barcelonesa, cronista instintivo, director de revista, loco que cruza el país en auto con un cargamento de revistas, cómplice del escritor Quim Monzó con quien en los años setenta crea uno de los proyectos periodísticos más recordados en España e Hispanoamérica.
José Ribas tenía 20 años cuando creó Ajoblanco, revista mensual que se publicó entre 1974 y 1980 en su primera etapa y entre 1987 y 1999 en la segunda, llegando a vender 100 mil ejemplares en 1977.
Ahora viene a Chile a dictar la clínica Emergencias en el periodismo cultural, ciclo que abordará las modalidades actuales de esa materia con especial acento en el universo de los blogs. Su visita es posible por la gestión del Centro Cultural de España y se concentrará los días 20 de mayo (charla en la Escuela de Periodismo en la Universidad de Santiago de Chile), y los días 22 y 23 en el Centro Cultural de España, previa inscripción vía e-mail.
Ajoblanco fue uno de los primeros puntos de encuentro y difusión de la contracultura en España, y la experiencia de esa revista y los cambios políticos y culturales de la sociedad española, Ribas las plasmó el 2007 en sus memorias: "Los 70 a destajo".
Ahí y a sus 56 años demuestra tener una memoria muy vívida de aquel período. Narra su juventud (de los 20 a los 28), y la cuenta con la sangre caliente de la juventud. La obra arranca en tromba (el autor vive en primera línea las huelgas y cierres de la Facultad de Derecho, en el tardofranquismo), y ese ritmo novelado enfebrecido se va a mantener con pocas salvedades a lo largo de casi 600 páginas.
Un personaje stendhaliano
En sus memorias, que lamentablemente no están editadas en Chile, pero que podrían llegar en algunos ejemplares con la visita del hombre, conocemos a un José Ribas anterior a la creación de Ajoblanco, por tanto resulta un personaje bastante stendhaliano: temperamental, intuitivo, movido por súbitas pulsiones afectivas, se roza con todo tipo de grupos y amistades y cada tanto rompe con este tráfago, y se aísla en una cueva que descubre en Montjuïc (luego lo hará en Menorca), donde frente al mar, y en silencio, oye una voz interior que le anima a ir siempre a su aire, fajándose en la soledad. Todo ello no quita para que, a sus recién cumplidos 21 años, le veamos recibir complacido de su culta madre una pluma de plata (es el benjamín de la casa), ni para que en toda ocasión y momento se acerque con viva curiosidad a quienes le puedan hacer de mentor y descubrirle nuevas vías (Racionero, García Calvo o Savater harán en sucesivos momentos de su vida esa mediación). Avidez de vivir en definitiva, y sed de aprender (y no tanto en libros como en la realidad en bruto) serán los resortes básicos que irán alimentando su personalidad.
Curiosamente, este José Ribas tan hiperactivo y promiscuo (no faltan correrías pasolinianas), y que va de acá para allá sin cesar tanteando su identidad en los frentes más diversos, parece encontrar sus certezas a través de una suerte de epifanías. Un día de otoño de 1973, saboreando un plato de ajoblanco en el restaurante Putxet, les anuncia a sus amigos que en Saint Germain de París ha tenido una revelación: "Voy a montar una revista de arte y cultura con quien quiera seguirme fuera de los círculos de la facultad. Es necesario dar voz a esa juventud que está harta de lo que hay". A partir de aquí, todo se precipita, y comienza la aventura de botar una publicación mensual que, con Franco aún vivo, y luego en una muy vigilada transición, hará llegar a toda España la buena nueva libertaria, y todo un estilo desprejuiciado de vivir el sexo, la ecología, la educación, la política y el día a día. José Ribas planta su idea de acabar Derecho y fundar un despacho, y se convierte en un frenético activista contracultural, que durante los cinco años siguientes desayunará, comerá, cenará y dormirá con Ajoblanco.
Además de Ajoblanco Ribas ha sido columnista de Diario 16, El Mundo y El Periódico de Catalunya. En la actualidad prepara un libro sobre América Latina, una novela, la WEB: ajoblanco.org y colabora con el suplemento cultural de ABC.