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  Nuevas revelaciones sobre un escándalo antiguo: los niños esclavos

  Nuevas revelaciones sobre un escándalo antiguo: los niños esclavos

  En China estallan periódicamente escándalos de este tipo, pero la mayoría de los "esclavistas" quedan impunes, pues la amplitud de esta explotación de mano de obra barata suele ser el resultado de la colusión entre las autoridades locales del Partido Comunista Chino, empresarios y policías.

Sábado 17 de mayo de 2008

Cuando el mundo entero está concentrado en las víctimas del devastador terremoto que azotó el suroeste de China el lunes, se lamentan por las víctimas infantiles y ponen en entre dicho la política oficial del "hijo único", pocos recuerdan que hay otros flagelos que también golpean con fuerza a niños chinos.   

A principios de mes algunos medios de comunicación chinos revelaron que un millar de niños esclavos, de entre 9 y 16 años, explotados por 35 centavos de euro la hora en varias ciudades de la provincia de Cantón, fueron liberados en las semanas previas.

El periódico Nanfang Dushibao precisó que los niños trabajaban en fábricas de Dongguan, Shenzhen y Huizhou, ciudades cuya economía depende en gran parte de la exportación. El mismo diario reveló que 167 de ellos ya habían sido liberados tan sólo en la ciudad de Dongguan, mientras que la policía visitó 3.629 empresas, que emplean a 450.000 obreros.

En China estallan periódicamente escándalos de este tipo, pero la mayoría de los "esclavistas" quedan impunes, pues la amplitud de esta explotación de mano de obra barata suele ser el resultado de la colusión entre las autoridades locales del Partido Comunista Chino, empresarios y policías.

El jefe de una de esas ladrilleras donde fueron encontrados decenas de estos esclavos, Wang Bingbing, era ni más ni menos que el hijo del jefe local del Partido Comunista.

En junio de 2007, otro asunto de este tipo fue mencionado ampliamente por los periódicos y la televisión chinos, provocando una fuerte conmoción entre la opinión pública. En esa ocasión se descubrieron 570 "obreros esclavos", entre ellos 41 niños, que trabajaban en condiciones abominables en varias ladrilleras de la provincia de Shanxi, al suroeste de Beijing.

Encerrados por la noche en dormitorios-prisiones, vigilados por perros lobo, a ellos se les daba de comer sólo unas piezas de pan de maíz al día y eran golpeados si no trabajan a la velocidad requerida. Los reclutadores los engañaron ofreciéndoles un trabajo bien pagado; agentes de la mafia drogaron a algunos de ellos para llevárselos por la fuerza.

Uno de los guardias de la empresa de ladrillos, Zhao Yanbing, acusado de haber matado a un obrero, fue condenado a muerte.

El alcalde adjunto de Dongguan, Li Xiaomei, declaró al periódico Nanfanf Dashibao que, de "las 3.000 fábricas que ya hemos inspeccionado, hemos descubierto la utilización en gran escala del trabajo de niños".

Pero las autoridades de la provincia de Cantón trataron de restarle importancia a la amplitud del escándalo para no enturbiar la imagen internacional de un país sede de los Juegos Olímpicos.

Otro dato dramático es que la mayoría de los niños liberados el mes pasado vienen de la provincia de Sichuán, una de las más pobres del sudoeste chino y la más golpeada por el terremoto. Allí las organizaciones mafiosas convencen fácilmente a los padres de las posibilidades de trabajo en la región de Cantón.

La Nación

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