
Domingo 18 de mayo de 2008
Son como la versión chilena de los Kennedy; lo digo por el glamour, la influencia internacional, la amistad con la monarquía inglesa y esa dosis de tragedia que los hace inmortales. Son los Frei, nuestra criolla familia real, los únicos capaces de armar un partido político con la fe de que todos sus integrantes pueden llegar a ser buenos políticos. Se quieren entre ellos y hacen alianzas matrimoniales que mantienen en el tiempo por obra y gracia del Espíritu Santo. Cuidan el concepto familiar hasta decir basta. Cuando uno de sus miembros les da la espalda, ellos gritan que no es por maldad sino por ambición. ¿Y qué es la ambición para un DC? Un estado de infelicidad, no una alternativa electoral. Debe ser terrible para esa familia no estar en La Moneda, pienso, si desde pequeños lo que han visto en el clóset del tata no son precisamente corbatas, sino bandas presidenciales. Triste panorama en estos últimos ocho años.
Sus enemigos dicen de ellos que son pequeños diablos con hambre de poder, pero se defienden, aceptan y congregan con la cara llena de risa a todas sus sagradas ovejas, haciendo oídos sordos a los seudoenemigos. Las ovejas negras, las blancas y las colorinas son bienvenidas en la familia, como si realmente la sangre en común importara. Son geniales en ese sentido. Cómo entender que reúnan bajo la misma carpa a Adolfo Zaldívar y Soledad Alvear y se vean actuando como si fueran primos hermanos. Eso pasó la noche del lunes en Providencia, en la calle Hindenburg 683, la residencia donde justamente Eduardo Frei Montalva estudió la ideología que los sustenta y que hoy es una casa-museo que reúne su legado. Zaldívar y Alvear ni se miraron, pero no importa; total, estaba el inventor del sueldo ético, Alejandro Goic, con la voluntad de darles la paz a todos. "Luchen con integridad", decía Goic a estos hombres de bien. Zaldívar ni siquiera se persignó. Y Alvear figuraba como la tía amorosa, pero marginada del protagonismo de la noche.
Los Frei, a diferencia de los Kennedy, se forjaron evidentemente en un país pobre; pobre pero lleno de símbolos, igual que el país de los Kennedy. Las mujeres son importantes en este sentido: Martita es genial. Hoy no luce abrigos ni joyas a destajo como la ex de Onassis; por el contrario, cultiva según su prole la sobriedad. Martita, la sobria, con su voz quebrada todavía arrepolla a sus niñitas: Catalina, Magdalena, Cecilia y Verónica, ahora adultas de pelo rubio completo. Larraechea es inigualable. De seguro su legado también dará para un museo: fue la primera dama que más regalos trajo de las giras presidenciales. Lo hacía con las mismas ganas que su marido tenía de seguir viajando. Ídola total, y a quién no le gusta viajar. Aquella noche saludó a Soledad con un ¡hola, cómo estái!, y a Drina Rendic con abrazos y besos apretados. Dijo que estaba feliz con ayudar a la tercera edad y que primera dama definitivamente no. No le creí.
-Pero si su marido se decide ir a la Presidencia, ¿lo apoyaría?
-Bueno, lo he seguido en tantas cosas en la vida dice, como nacida para gobernar.
A ella nadie la pelaba, porque el ojo estaba puesto en Soledad. Unas señoras comentaban de la Chol que su gran error es no tener actitud presidenciable. "No va al partido, manda a Jorge Burgos y eso debilita su imagen. La mística de la DC ya no es como antes, ya no se mira a los líderes hacia arriba", eran las quejas de las militantes.
En ese sentido, el anfitrión Eduardo Frei alzó la voz por la unidad de la colectividad e insistió en el concepto de sencillez, esfuerzo, lealtad, fe en el porvenir. Recordó que su padre no daba espacio para el lujo y que estaba siempre con la gente. Escucharlo era realmente emocionante, daban ganas de ser presidente de cualquier junta de vecinos, como lo hacen los que no llevan el apellido Frei y que quieren hacer carrera política. La parte que más me gustó fue cuando dijo: "No a la farándula". Justo cuando pronunciaba estas palabras, Martita se retocaba su rostro con polvos y labios con rouge en el fondo del salón. Le dolían los pies. Sobriedad, humildad, sencillez, perseverancia bla, bla , seguía diciendo Eduardo Frei, y yo me imaginaba qué tan sencilla era toda esta gente. Porque, a ver, si un extraterrestre hubiese llegado a este homenaje, habría comprendido que con la actitud que arrastran estas personas lo que les gusta es ostentar. Claramente, esta descendencia política no tendría asco en andar en yate. Ostentar. Todos los DC ostentan a su modo: Adolfo Zaldívar ostenta poder; René Cortázar, paciencia; Soledad Alvear, un bajo perfil que llega dar rabia a su gente; Jaime Ravinet, soberbia, y Belisario Velasco, miedo.
El PPD Jorge Tarud disfrutó de esta cumbre DC como también lo hicieron Carlos Mladinic, Gabriel Valdés, Sergio Tobar, Guillermo Pickering, Carlos Massad, Óscar Izurieta y Ximena Rincón (que mostraba su rostro en una chapita). Y la Presidenta Michelle Bachelet parecía de esas DC de las que Eduardo Frei pregonaba en teoría. Lo digo por lo sobria. Ella recordó que su familia también se reunía los domingos a comer y que cuando era chica heredaba las ropas de sus primas.
Las niñitas Frei explicaban una y otra vez por qué en su casa había diarios tirados en el suelo como si fueran una alfombra. La señora Carmen Frei, ubicada bien atrás de esta tertulia femenina, miraba su casa convertida en museo y se le llenaban los ojos de lágrimas. Sobriedad nos inculcó mi padre, recordaba con melancolía.
Ya al final, después de los discursos y con el cóctel en su salsa, los invitados se despedían y conversaban de política. Eduardo Frei Ruiz-Tagle no quiso proclamarse. Y Adolfo Me acerqué a él para entender de una vez por todas por qué estaba ahí.
-¿Quién lo invitó? le pregunté casi al final de la cita, ya cuando el ministro Edmundo Pérez Yoma se retiraba y Gabriel Valdés decidía no hablar ni una palabra a la prensa.
-Soy una persona muy cercana a Eduardo Frei y por lo que él nos enseñó he hecho lo que he hecho. Si él estuviera vivo no aceptaría la forma en cómo se ha venido ejerciendo el poder por el poder.
Cuando pronunciaba estas palabras, Soledad Alvear ya no estaba, la Presidenta seguía disfrutando de la velada, Carmen Frei era recordada como una de las grandes luchadoras por esclarecer la muerte de su padre y el padre miraba a su sagrada familia desde una pintura de Oswaldo Guayasamín. Los Frei seguirán haciendo historia, qué duda cabe, mientras la DC intentará volver al poder con un Frei 2.0 o una Alvear recargada.