
Domingo 18 de mayo de 2008
Hombre de familia, 65 años, casado desde hace 36 con Malule Cuesta y padre de cuatro hijos, Roberto Fantuzzi cuenta que lloró durante meses la muerte de su hermano Ángel, con quien siempre lo confunden, así como la partida de su madre. Acelerado a mil, con la sonrisa siempre a flor de labios y las palabras atropellándose por salir de su boca, levanta las cejas y dice que no entiende que no repartan la píldora del día después. Ni que las niñas tengan que ir acompañadas del papá a pedirla si la mayoría de las veces, dice, son ellos mismos las que las dejan embarazadas. "La prohibición de distribuirla es no conocer la realidad el país".
Si una hija suya quedara embarazada, ¿cuál sería su reacción?
La ayudaría.
¿Está a favor o en contra del aborto?
No sé, tendría que estar en la situación. No me atrevo a contestar al lote, porque una cosa es lo que uno cree y otra cuando se viven las cosas.
Tampoco comprende por qué tanta delincuencia. "¿En qué estamos fallando, si la gente no es mala? En algo fallamos nosotros. Y esos parlamentarios que les da con que metan gente presa. ¿Usted sabe cuántos presos hay en Chile?", interroga.
El sentido social de Roberto Fantuzzi Hernández viene de su formación en el colegio Saint George's y en la Universidad de Chile, donde estudió ingeniería. Y también de su padre, fallecido hace unos meses, a quien califica como extremadamente generoso. Cuenta que cuando eran dueños de la fábrica de ollas que llevó su apellido, fueron los primeros en abrir la puerta a discapacitados y ex presidiarios. "Todos nos veían como una cosa rara", recuerda.
No tiene respuesta rápida ante la pregunta de cuán solidarios somos los chilenos. "Yo hice esa misma pregunta; creo que la mayoría nos tomamos la píldora de la conciencia para la Teletón y creemos que lo hemos hecho todo porque damos plata. Pero si recorremos empresa por empresa, pública y privada, te aseguro que casi ninguna tiene discapacitados".
Aunque asegura que dejó de ser católico hace como cuatro años, por razones sentimentales, continúa en el directorio de la Fundación para la Superación de la Pobreza por un tema de solidaridad y admiración por el Padre Hurtado. Su señora viene del mundo social ("partió hace años con un hogar de menores donde había dos niñitos y hoy día son 50", explica) y él, cada 18 de agosto, Día del Padre Hurtado, se paraba en la puerta de la empresa y saludaba a los trabajadores.
Había dos de ellos que estaban peleados y no se hablaban hacía 30 años por una riña estúpida de un partido de fútbol; pero ese día dieron la mano y se amigaron. Milagro, ¿no?
¿Es más racional o emocional?
Soy llorón y sentimental, como buen descendiente de italiano. Pero cuando me toca votar suelo votar en blanco si ninguno de los candidatos me satisface. Es una alternativa.
Imagino que tiene listo su voto para Piñera.
Yo no soy político, pero me gustarían más alternativas, en la Concertación y en la Alianza. Más proyectos. La gente vota más por la publicidad que por los proyectos. Cuando me tocó ser candidato al Senado usaba una transparencia donde lo único que hacían todos era sonreír. Parecía más propaganda de dentífrico que campaña. Y eso no me gusta, he tratado ver los proyectos de los candidatos y dejan mucho que desear.
O sea, su proyecto no le satisface.
Hasta hoy no sé cuál es su programa. No sé cuál es el país que quiere. Eso es fundamental, es respetarse a sí mismo, y creo que nos estamos faltando el respeto.
¿Y entre los precandidatos de la Concertación?
Ahí tengo mi corazón puesto en José Miguel Insulza, más porque era compañero de colegio que por otra cosa.
¿Qué pasó con la alcaldía de Santiago que lo hizo decir que no era una cabra de 18 años para que lo manosearan así?
Me llamaron hace como seis meses para decirme que me querían medir para ser candidato a la alcaldía de Santiago. Yo nunca he sido de partido, ojo. Ese era mi hermano Ángel, que todo el mundo se confunde conmigo. La vez anterior me convencieron porque estaba perdida la Alianza, pero no acepté por eso, sino por una cosa sentimental, porque mi hermano había ido por ahí y había muerto recién. Pero fui candidato sabiendo que iba de salvavidas.
Sonó bien machista su frase.
También me retó mi señora por decir eso. Pero en sí no tiene nada de malo, lo mismo podría decir una mujer de un cabro de 18 años. Las mujeres también manosean a los hombres, ja, ja.
RN lo había propuesto como candidato.
No, nadie ha propuesto nada, esto se ha creado en los medios. Mira, si yo te llamo, te propongo y después te digo que saliste rebién evaluado, que hay posibilidades, y después cambia el panorama con Ravinet y me dicen te llamo el lunes, y nunca más me llaman; y todo esto por teléfono. ¿Le parece una cosa seria?, dígame, como persona.
Dentro de sus múltiples actividades, incluyendo su programa de televisión en el cual le habla a los empresarios, Fantuzzi está escribiendo un libro, "Me caí y qué" se llama. "Ahí cuento testimonios de un mono porfiado; quiero que me lo comente Óscar Guillermo Garretón, porque él me bautizó con ese término", afirma.
¿Qué lo motiva a escribir sobre ese tema?
Porque yo me he caído miles de veces, y sirve mostrar cómo levantarse. En los países desarrollados a la gente se les reconocen las caídas; en cambio, aquí todo el mundo las esconde bajo la alfombra. En este país, si caes en el Dicom nunca más te puedes levantar.