
Domingo 18 de mayo de 2008
Osvaldo Andrade viene del mundo de los trabajadores. Durante el régimen militar, el hoy ministro dividía su tiempo entre su activismo político clandestino, las giras y entrenamiento propios de un seleccionado nacional de básquetbol y sus asesorías legales a los más combativos sindicatos. Por eso es que no suena extraño cuando, casi sin darse cuenta, habla de los "viejos" para referirse a los trabajadores, una jerga común entre los sindicalistas de antaño. Ese resabio sindical lo combina con una pasión bastante más moderna: leer y responder cada comentario que recibe en su blog. Aunque cueste creerlo, Andrade asegura que él mismo es quien contesta y toma nota de las múltiples opiniones online. Más que ministro parece candidato, pueden pensar algunos. Tanto que en el Partido Socialista ya lo ven como postulante al Senado y hace algunos meses le propusieron competir por la presidencia socialista. Ante estos coqueteos electorales, Andrade sonríe con disimulado orgullo, lo mismo que cuando se le dice que ha sido el titular de Trabajo más poderoso de la transición. "Desde la época de José Piñera que no se veía a un ministro del Trabajo tan influyente", sentenció hace algún tiempo un leído columnista.
Frente al fallo favorable a Codelco de la Corte Suprema, diputados de su partido afirmaron que éste representa un "retroceso de los derechos laborales al siglo XIX". ¿Coincide con ellos?
No lo dramatizaría tanto, no hay que olvidar que disputas como la de la Dirección del Trabajo y los tribunales han existido desde hace años. Lo trascendente es que aquí se ha creado un problema y hay que resolverlo cautelando los derechos de los trabajadores.
¿Qué harán?
De partida acatar el fallo. Además, impulsaremos una modificación legal que le reconozca a la Dirección del Trabajo su rol como ente fiscalizador con la capacidad para denunciar irregularidades en los tribunales del trabajo. Esta institución no juzgará esos hechos lo que era el alegato de Codelco , sino que tendrá un rol más activo.
Luego del conflicto entre la estatal y los subcontratistas se empezó a cuestionar los "privilegios" de sus trabajadores y a demandar la reducción de costos.
Déjeme decirle algo a aquellos que, desde la comodidad de sus oficinas santiaguinas, critican los "privilegios" de los trabajadores del cobre: vayan a una mina y vean el tipo de trabajo que se hace ahí.
¿Cree que el mundo político debería empezar a abrirse a discutir la privatización de Codelco?
Eso no está en el programa de Gobierno. Esta empresa es muy importante para el país y la propiedad estatal debe preservarse.
Como socialista, ¿es intransable el que Codelco se mantenga como una empresa completamente estatal?
La experiencia ha demostrado que hay áreas que tienen tanta relevancia para el país que es esencial mantener la preponderancia del Estado. Temas como el cobre o la propiedad del agua y la energía hay que mirarlos considerando aspectos que van más allá de la simple eficiencia.
¿Qué opina del calificativo de "chupasangre" que dio el presidente de su partido, Camilo Escalona, a quienes apoyaron la resolución de la Corte Suprema? Él ha sido un histórico aliado suyo.
Con respecto al apelativo de "chupasangre", cada uno se hace cargo de sus dichos pero no me cabe duda de que ese fallo dejó contenta a mucha gente.
¿Exageró Escalona al ocupar ese término?
Lo peor que puede hacer es convertirme en un comentarista de las palabras de Camilo
Él también dijo que Codelco era insensible frente al daño que los conflictos laborales le generan al Gobierno.
La empresa ha manifestado que busca cumplir la ley, lo que incluye la internalización de un número importante de trabajadores subcontratistas.
¿Este conflicto genera un problema a la imagen del Gobierno?
Para no eludir la pregunta, le diría que se ha perdido tiempo muy valioso en esto y que las soluciones se podrían haber encontrado mucho antes.
Entonces, este conflicto sí afecta la imagen del Gobierno.
Cualquier cosa que afecta a una empresa pública afecta la imagen del Gobierno.
NERVIOSISMO DE LOS EMPRESARIOS
Luego del conflicto en Codelco, ¿se puede decir que estamos frente a un estilo de sindicalismo más duro y radicalizado?
No. Vivimos en un nuevo contexto en el que los temas laborales se han puesto en la discusión pública, lo que, digámoslo francamente, antes no pasaba. Esto es el resultado de un Gobierno más sensible a las demandas de los trabajadores. Cuando se ponen estos tópicos en el tapete, queda muy claro que en Chile existe un desequilibrio muy violento entre el poder de los empresarios y el de los trabajadores, en desmedro de estos últimos. Lo que ha pasado hoy es que la asimetría entre los empresarios y los trabajadores ha ido disminuyendo.
¿Los empresarios miran con nerviosismo este fortalecimiento de los trabajadores?
Sin duda. Aunque muchos dicen que apoyan el que existan sindicatos, al mismo tiempo no se generan las condiciones para que se desarrollen. Lo que mejor refleja esta actitud fue cuando la Sofofa dijo que si bien quería que hubiese sindicatos, ojalá que éstos no fueran muy musculosos. En Chile está apareciendo una nueva hornada de dirigentes sindicales que hay que mirar con interés.
¿Con preocupación también?
No. A todos estos nuevos dirigentes les he escuchado, sin excepción, que están por el diálogo.
¿Siente que Cristián Cuevas tiene el mismo espíritu?
También. Sin embargo, ciertos dirigentes todavía tienen que aprender cuándo acelerar y cuándo frenar, y eso se adquiere con la experiencia. En algunos existe un mesianismo que les impide darse cuenta que, en ocasiones, hay que parar.
¿Qué le responde a quienes critican que usted no fue lo suficientemente enérgico al criticar la violencia? El propio Adolfo Zaldívar habló de un "doble estándar" del Gobierno frente al tema.
Yo he condenado abierta y reiteradamente la violencia y he discrepado de los métodos de Cristián Cuevas en más de una ocasión. Y con esa misma fuerza digo que quienes piensan que los conflictos laborales se resuelven a palos, no están ni siquiera en el siglo XIX, sino que en el XVI.
"LA CONCERTACIÓN NO TIENE DOS SINO QUE MIL ALMAS"
Cuando se negoció el fin del conflicto en Codelco, el Gobierno optó por tener como interlocutor al presidente de la CUT, Arturo Martínez, y no a Cristián Cuevas. ¿Se trató de quitarle protagonismo al líder de los subcontratistas?
Los propios trabajadores habían escogido a Martínez como su representante. Las partes en conflicto no querían sentarse en una misma mesa, por lo que el que estuviera Martínez era más cómodo para todos. Lo importante es que hubo una gran sensatez en enfrentar un tema que era político y así fue resuelto.
¿Cómo vivió esos días del conflicto en que estaba en una posición discrepante y minoritaria en el Gobierno?
Lo viví con la tranquilidad de que el tema central era resolver el conflicto. Quiero ser muy franco: si empezara a pensar en cada ocasión en qué posición estoy o si perdí o gané poder, mejor me quedo sentado en el escritorio.
¿Hubo un "gallito de poder"?
Se han dicho tantas cosas Mi preocupación central era que había un problema en la principal empresa del país y un serio riesgo de que hubiera un enfrentamiento entre los trabajadores contratados y los subcontratados. Eso hubiera sido inédito e imposible de explicar ante el país. Lo que me importa es que se solucionó el problema, lo demás es parte del anecdotario.
¿Este conflicto dejó de manifiesto, una vez más, la existencia de las dos almas que existen en la Concertación?
Nosotros somos una coalición de partidos y en ella coexisten ideas distintas, pero trabajamos por un objetivo común, que es cumplir el programa de Gobierno. No sólo existen dos almas en la Concertación, sino que miles.
Y eso se ve en el Gobierno también.
Evidente, los ministros tenemos roles diferentes. Yo entiendo, por ejemplo, que el ministro de Economía esté preocupado de los microempresarios o que el de Hacienda vele por los equilibrios macroeconómicos. ¡Esto no sólo es normal, sino que lógico! Estas discrepancias las resuelve la Presidenta, y cuando ella decide las diferencias terminan.
Muchos dicen que usted es un ministro muy poderoso y que su cercanía con la Presidenta le da espacio para moverse con independencia.
Hay mucho mito acerca de mi poder. Lo que sucede es que, y en esto permítame un dejo de vanidad, el Ministerio del Trabajo ha hecho su pega: hemos impulsado temas como el seguro de cesantía, la mejora de las pensiones, la Ley de Subcontratación.
Esta última ha estado bastante cuestionada
Perdón, pero sólo el 1% de los casos de fiscalización de la subcontratación se ha "judicializado" y el resto está operando perfectamente.
Algunos ven a este Gobierno como excesivamente pro trabajadores.
Efectivamente hemos impulsado una legislación pro trabajadores, lo que tampoco ha puesto en riesgo el desarrollo de las empresas.
Se dice que su corazón está más con los trabajadores que con los empresarios.
¡Por favor! ¿A usted le podría extrañar que un socialista con toda una trayectoria como asesor sindical tenga una gran sintonía con ese mundo? Sin embargo, eso no me impide hablar con dureza con los sindicatos cuando es necesario y con la crudeza propia que significa el hablar entre amigos o que me cierre a conversar con los empresarios.
¿Habla "entre amigos" también con los empresarios?
Con algunos sí. En Chile hay empresarios muy buenos y modernos.