
Domingo 25 de mayo de 2008
La inmensa cobertura mediática que ha tenido la participación de Cristián de la Fuente en el programa "Dancing with the Stars" revela nuestra pueblerina obsesión por el estatus, la fama y el ascenso social.
La lucha de un compatriota por abrirse paso en el mercado gringo, un lugar donde el éxito puede generar inmensas riquezas y bellas mansiones y donde el fracaso puede conducir a la miseria y el desarraigo, como es lógico ha copado las principales páginas del espectáculo y de los programas del rubro; lo absurdo es que también ha sido noticia en los informativos centrales de todos los canales de televisión. Lo anterior es simplemente la muestra de que vivimos en un mundo donde lo vano se ha injertado tan profundo y eficazmente en la sique de sus ciudadanos, que hasta los límites de lo que es realmente importante se han hecho irremediablemente borrosos. Cristián de la Fuente es un tipo con buena facha, simpático, y sin duda una muy buena persona, pero de ahí a que su participación en un programa de televisión, o que lo entreviste Larry King sea noticia nacional, es otra cosa. Si bien es cierto se ha ganado un espacio en Gringolandia gracias a que es la versión totalmente aspiracional del latino en Estados Unidos (una masa mestiza, aculturada y empobrecida), también es cierto que su labor es insignificante en el mercado cinematográfico internacional, ya que hasta ahora sólo ha protagonizado un par de series de cuarta, y una película de quinta categoría junto a Silvester Stallone.
TVN pagó millones por importar la final a Chile para que todos nos estremeciéramos hasta lo más profundo al verlo bailar con su brazo roto (un ejemplo de esfuerzo). Con esa política, pronto veremos en el canal nacional los intentos de Kenita Larraín haciendo lo suyo con Tinelli, o cualquier candidatura nacional a abrirse un espacio en el mundillo de los gloriosos. Qué bueno sería que el canal nacional tuviera la misma política por difundir el trabajo de otros chilenos y sus triunfos en el extranjero y comprara con el mismo entusiasmo, rapidez y plata (es una vergüenza lo poco que pagan) algún documental o filme chileno de esos que ganan festivales afuera. O por último, qué ganas de que fuera noticia en los informativos centrales el trabajo de alguna indiscutible celebridad nacional que efectivamente nos haga sentir verdaderamente orgullosos, algo más potente que un joven entusiasta participando en un programa de baile.