
Domingo 25 de mayo de 2008
Hoy suena solemne, pero el rock supuso alguna vez buscarse un discurso y actuar en consecuencia. Un rockero debía ensayar sus temas, sus trajes y sus entrevistas, cómo no. El encanto de pertenecer a una banda era, en parte, el de poder sacarle brillo a herramientas de combate que se compartían sólo con compañeros tan desadaptados y agitados como uno. "Arrogante rock", el nuevo libro de entrevistas entre Babasónicos y Roque Casciero, es muestra vivísima de ese espíritu de agitación voluntaria que, cuando se vive sin cálculos de rédito, puede sostener a una banda incluso más fuertemente que sus canciones.
A lo largo de 200 páginas de respuestas, el cantante Adrián D'Argelos discute varias veces sobre su incomodidad escolar. Es lógico: en la adolescencia se incuba el primer "confundismo" (preciosa palabra del argot d'argeliano), y a él se vuelve para darle luces al peligro acechante de la adultez acomodada. El argentino asegura haber llegado al rock por el refugio absoluto que le sugería el escenario, el único lugar de la tierra donde no sería juzgado en sus rarezas, y donde sus limitaciones podían convertirse en marca de carácter.
"A los diez años, lo único que me gustaba era lo que el espectáculo provocaba en la gente. Veía que el rock tenía una cosa directa, como de superhéroes". Hoy que el nuevo disco de la banda, "Mucho", merece lógica de gran negocio, el heroísmo no está dado tanto por asumirse de losers ante novias y parientes, sino en alimentar ese espíritu de banda de combate cuando se surfea sobre convenios con compañías de celulares.
No sabemos si Babasónicos sea o no el grupo de más consecuente espíritu rock hoy en Argentina, pero sus opiniones, su enciclopedismo de melómanos, su convicción de asociados eternos transmite un brillo admirable. Habrá quienes elijan verlos como un saludo a la frivolidad pop más dañina, pero su trayecto es el de una banda que ha vinculado su vida a la música de un modo radical, ya desacostumbrado. No hay pareja, mánager ni salud que haya podido acompañarlos del todo. En la página 180, el bajista Gabo Manelli recuerda la primera vez que sus manos no respondieron en un concierto. Sigue luego con las pausas necesarias para su tratamiento por el mal de Hodgkin. "Arrogante rock" apareció en Argentina semanas antes de su fallecimiento. Ni en el duelo, Babasónicos se pone opaco.