
Domingo 25 de mayo de 2008
NO ERA una regla, pero sí una tendencia. Todos saben que en "Grand Prix", el encapuchado que muere por ayudar a Tony Bronson era su padre. ¿Pero cómo fue la batalla final de "El gladiador" o la de "El vengador"? ¿Sería igual de lisérgico el inframundo donde Centella salda cuentas con Garra de Satán? ¿Se queda el Galáctico con la Princesa Aurora a pesar de que los androides no hacen guaguas? ¿Qué pasa después que Ángel encuentra la opiácea flor de siete colores en su jardín?
Todas las respuestas estaban en el último capítulo de estas series japonesas emitidas en los años ochenta por "Pipiripao", de UCV Televisión ("Tu canal, cerca del mar"), que quedó obsoleto junto a las mismas cintas magnéticas que, por años, se estiraron como chicle, muchas veces saltando del penúltimo al primer capítulo.
Roberto Nicolini, quien estuvo al frente del "Pipiripao" por 15 años, de lunes a domingo, tres horas y media al día, asegura que los finales sí se daban "poco pero se daban" , incluso cuando no existían, como ocurrió la primera vez que transmitieron "Candy Candy". "Averiguamos cómo terminaba en México y armamos un final con puras imágenes pegoteadas. La segunda vez ya teníamos el final verdadero. Pero no nos habría ido tan bien si hubiéramos engañado a la gente", se defiende.
SIN RECUERDOS
Como sea, pocos recuerdan que Marco salva a su mamá y lo becan para estudiar Medicina o que Candy termina en los brazos del abuelo William. Pero la desmemoria parece la metáfora perfecta de una generación sin final, que apenas agota sus temas se pone a cantar la canción de "El festival de los robots" y tropieza con las mismas preguntas, mitos y la sensación de estar suspendida en el tiempo.
A pesar de que el círculo se puede cerrar en YouTube, muchos treintañeros exigen una explicación. El nuevamente conductor del "Pipiripao" desde el año pasado dispara que "hay una cantidad de cabros que no quieren crecer" y apunta a que la gente no los recuerda porque "los finales de los japoneses no son grandiosos".
El siquiatra Marco Antonio de la Parra va más lejos. "La subinformación, la fragmentación de las series, los no finales y la censura [la emisión de 'Chinatown' Canal 13 eliminaba el incesto, lo único que explicaba la trama] desarrollaban una fantasía de posibilidades y lecturas que nos llevaron a vivir en la imaginación antes que en cualquier realidad", explica el dramaturgo, para quien esto se refleja en el presente: "Hay que ver el estado mental de nuestros habitantes, desprovistos de la estrategia ordenadora del final. Daño comparable a la muerte de las enciclopedias vendidas por tomos que terminan incompletas. Un territorio siniestro, como un final de Samuel Beckett, un pedazo del mundo del absurdo".
Para rematar, Pato Hado, dueño de Kitsch Producciones y fanático de estas tortuosas series que hacen nata en sus fiestas con Capitán Memo incluido, advierte que más allá de los finales inconclusos, el contenido melodramático de las animaciones es lo realmente importante: "Todos salimos depresivos por esas mierdas". LCD