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  A tajo limpio

  A tajo limpio

  Vida, teatro y cine es lo que mete a la juguera este director, dramaturgo y actor. Actualmente monta "Violación", obra que, con guiños a Shakespeare, Fassbinder y Marlon Brando en "El último tango en París", aborda las agresiones dentro del matrimonio. Aquí dispara contra las instituciones, el femicidio y "algunas vacas sagradas".

Domingo 25 de mayo de 2008

¿Cómo me defino? Como un innominado, un terrorista o un nostálgico de Rilke. Como un tipo que cuando chico soñaba con construir una máquina del tiempo. Quizá por eso me gusta el teatro: porque me permite viajar y traficar información de un planeta a otro. Desde esa perspectiva soy un Calígula: destruir todo para volver a construir.

Yo viví la dictadura viendo "Pipiripao" y apagando la tele cuando Pinochet hacía discursos para Navidad. Soy un hijo de la transición. Ésa que jugó con la ingenuidad, la fantasía y el deseo de la gente. ¿Marginal? Me siento más un disidente. De esos idealistas ojalá no tardíos que esperan provocar un cambio dentro de la estructura o por lo menos un conflicto. De esos que no se conforman con que el teatro sea políticamente correcto. Me siento un disidente dentro de un montón de vacas sagradas que están ahí precisamente por ser vacas.

El teatro no es una terapia masturbatoria. Es un medio que debe ser utilizado para dar un mensaje social. O en último caso estético, lo que no quiere decir estítico. Se necesita decir las cosas por su nombre, hablar de los grandes problemas sociales que estamos viviendo.

DESPABÍLATE, PAPI

A mí ya no me interesa Griffero ni Alfredo Castro. ¿Para qué? Si ya los he visto. Si bien fueron disidentes y han realizado trabajos interesantes que dejaron una huella imborrable, ahora pertenecen a un teatro meramente oficialista, de mercado. Por ejemplo, ¿de qué sirve hablar del Informe Valech o de las violaciones de los derechos humanos en un recinto que es parte de la derecha económica de nuestro país, como lo hizo Rodrigo Pérez en la Universidad Mayor? Uno no puede seguir pensando que la marginalidad son "Las brutas", de Radrigán. La marginalidad ahora tiene una cara más borrosa. Al igual que el enemigo. El marginal antiguo no podía tener un plasma en su casa. Hoy sí. De eso tiene que hablar el teatro hoy.

Personalmente he levantado todos mis montajes a pulso. He postulado al Fondart, sí. Porque es un derecho y no me están haciendo ningún favor, pero el 90% he recibido un no como respuesta. No me importa, tengo otras armas de batalla, como caminar o andar en bicicleta (porque no puede ser que la gente ande apiñada como vaca en el bus o en el metro). O como descifrar los delitos dentro de esta sociedad, que es lo que realmente me gusta hacer en el teatro. Para eso también estoy estudiando Derecho.

"Despabílate, papi", dice una frase canera que a mí me encanta. Y es que me gusta la turbiedad, la perversión, el delito. Mal que mal, es el hilo conductor de la historia del teatro. El terrorismo de Antígona, el patricidio de Medea, el asesinato, el homicidio, el incesto o las violaciones en Shakespeare. La transa y el tráfico de Koltés. Me interesa descifrar los delitos dentro de esta sociedad. Apropiarme de la teoría del crimen y estudiarlos desde ese lugar. ¿Para qué? Para mejorar el alma humana. Y porque también encuentro que en muchos casos el delito es lícito, sobre todo cuando hay instituciones que no funcionan. El que está fuera del circuito simplemente no es noticia, no existe. Si no, preguntémosle a esas mujeres que fueron a denunciar agresiones de parte de sus maridos a los tribunales de familia y les dijeron que volvieran en cinco días más y no llegaron por estar muertas. De eso habla "Violación", la obra que estoy montando actualmente y que utiliza textos de Shakespeare (del poema "Violación de Lucrecia") para hablar de femicidio, aborto, suicidio y de esa sociedad judeo-cristiana que cree que la violada es la culpable por usar una mini corta, además de la pasividad del testigo y la institucionalidad del matrimonio.

Yo encuentro lícito defenderte por ti mismo cuando las instituciones no funcionan. Es más, creo que a los violadores se les debería aplicar pena de muerte. Sobre todo a los pedófilos. Pásame la pistola y yo pego el balazo. ¿La venganza es mala? ¿La justicia existe? Yo creo que no. LCD

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