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  Mensaje, nueva etapa y derecha

  Mensaje, nueva etapa y derecha

Domingo 25 de mayo de 2008

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26 kbLa idea de que el devenir nacional ha cumplido un ciclo y que debe abrirse a una nueva etapa son un diagnóstico y una definición que han estado muy presentes en la Presidenta Bachelet. Están planteadas en su programa y las ha reiterado en varios de sus discursos.

Esas ideas fueron claves en el rápido asentamiento de la popularidad que la catapultó hasta la Presidencia. En primer lugar, porque ayudaron a inyectarle a la Concertación expectativas de renovación de proyecto y de reafirmación de su vigencia político-histórica. Y, segundo, porque sintonizaban con demandas o percepciones acerca de la necesidad de un cambio que se dejaban sentir desde la ciudadanía, pero también desde las elites.

Por otra parte, muchas de las iniciativas novedosas y experimentales que adoptó la Presidenta al inicio de su mandato pueden interpretarse como medidas inmersas en la voluntad gruesa de avanzar en la instalación de una nueva etapa.

Sin duda que, con el transcurrir del período gubernamental, ese eje o impronta ha perdido densidad discursiva. Es obvio que los trastornos que provocaron en la agenda los problemas derivados del Transantiago durante 2007, y las alteraciones políticas que se produjeron durante largos meses en virtud de los conflictos y escisiones que afectaron a la Concertación y que terminaron por reconfigurar el cuadro de relaciones de fuerzas parlamentarias , fueron determinantes en la menor discursividad dedicada al tema del nuevo ciclo.

Pero hay otras explicaciones más de fondo acerca del porqué la cuestión de la nueva etapa se ha visto diluida. A continuación se exponen algunas, muy brevemente:

No existe claridad ni homogeneidad en cuanto a cuáles deberían ser los ejes y las orientaciones gruesas que deberían plasmar ese nuevo momento histórico. El consenso en el diagnóstico, o en el enunciado sobre un cambio de etapa, se dispersa a la hora de caracterizar sus énfasis y finalidades.

En términos políticos e intelectuales, no hay "masas críticas" que le den continuidad discursiva y propositiva, es decir, que lo consoliden como proyecto y con liderazgos identificables y múltiples. La magnitud histórica que entraña un proyecto de tal naturaleza requiere de sustentos y liderazgos que no pueden constreñirse a los que pueda ofrecer el Gobierno.

El escenario político que empezó a consolidarse a mediados del año recién pasado, ilustrado por la "teoría del desalojo", es contrario, hasta antagónico, al que se correspondería para impulsar un proyecto nacional de transformaciones que se condiga con la voluntad de pasar a una nueva etapa.

Y a esto último hay que prestarle particular atención, porque la estrategia de oposición dura que, de facto, se está imponiendo en la derecha, implica no sólo una escasa o nula disposición veraz para llegar a acuerdos, sino también una línea de conducta que impida o dificulte que el Gobierno y la Concertación tengan éxitos en la apertura de un nuevo ciclo de envergadura histórica.

Para las pretensiones presidenciales de la derecha es vital negarle al Gobierno y a la Concertación la posibilidad de que se muestre como un bloque todavía con aptitudes para imaginar y plasmar cambios relevantes y con perspectiva de futuro.

No obstante, en el mensaje de este último 21 de mayo, la Presidenta dejó claro que no ceja en el afán de dar pasos que conduzcan a una nueva etapa. Es evidente que para ella uno de los idearios que caracterizaría esa nueva etapa es la consolidación de un amplio sistema de protección social. El mensaje ratificó esa idea y finalidad. Pero en esta oportunidad agregó otro acento: el del crecimiento o desarrollo económico. Las iniciativas que propuso al respecto, en sí y por separado, no son enteramente originales. La acentuación proviene de la manera que integró diversos factores que dicen relación con un reimpulso de la economía, y que convergen en dos procesos que debería incluir la nueva etapa: uno de aceleración de las modernizaciones productivas por la vía del mejoramiento sustantivo del capital humano, especialmente de sus elites profesionales, y otro orientado a generar sinergias entre las variables económicas y extraeconómicas que participan en las capacidades del devenir económico.

Particular atención merece el asunto de la sinergia mencionado por la Presidenta en su discurso. Primero, porque la estructura productiva chilena es escasamente sinérgica, dado el divorcio entre sus principales actores (entre gran empresa y pequeña empresa, entre empresarios y trabajadores, entre instituciones públicas y empresas, entre áreas altamente tecnificadas y áreas técnicamente retrasadas, etc.). Y, en segundo lugar, porque como ya se dijo al seno de la derecha existen fracciones con apriorística voluntad de no concordar un proyecto nacional que apunte a la edificación de una nueva etapa, actitud que sólo tiene una "racionalidad" político-electoral. Evidentemente que tal conducta conlleva a una falta de sinergia entre el ámbito de la política y el de la economía.

En definitiva, la obra político-histórica que pretende la Presidenta está enfrentando una política opositora muy cercana al boicot de parte de fracciones de la derecha. LND

Publicado con autorización del Centro de Estudios Sociales Avance (www.centroavance.cl).

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