
Domingo 25 de mayo de 2008
Volpone es uno de los personajes más enigmáticos e influyentes del siglo XX chileno. Hoy, cuando los tribunales internacionales resuelven entregar a los actuales dueños del diario "Clarín" una millonaria indemnización, es tiempo propicio para recordar a este auténtico ciudadano Kane de Sudamérica, quien fuera fundador del popular matutino. Nació nuestro hombre en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia. Dirigente estudiantil de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, resuelve retirarse del primer plano político ante la "acusación" que le espeta un idiota: boliviano. Más tarde lloverían sobre él toda suerte de epítetos: "cocainómano" es uno de los que recordamos, de una injuriosa campaña de carteles que fijó Fiducia en las paredes de Santiago, donde también se lo acusaba de homosexual. Este estigma lo venía arrastrando desde que fue parte del grupo llamado "los niños de Pablo Ramírez", aquel estrambótico y desenfadado ministro de Carlos Ibáñez que fundó la Contraloría, fue el artífice del "milagro económico" del ibañismo y que tenía abierta fama de gay. Ramírez solía recorrer la bohemia nocturna de la capital en compañía de sus asesores, entre los que se contaba Volpone. Ni sabemos ni nos importa cuánto hay de mito y cuánto de verdad en estas acusaciones. Fueron, si fueron, cosas de él que se llevó el viento. Recordemos mejor a un periodista apasionado, excéntrico, brillante, que ejerció como editor de Associated Press en Estados Unidos, país donde se relacionó con presidentes, dictadores y gente influyente de toda América Latina. A mi entender, su gran pecado y el que lo lanzó al exilio durante la Unidad Popular, tras malvender el diario fue escribir un libro por encargo de Fulgencio Batista, llamado "Cuba en cifras". Fidel Castro no perdonaría a un plumario al servicio de Batista, y no vaciló en sacar fondos del Banco Central de Cuba para financiar la compra del periódico y arrebatarlo así de las manos de este peligroso aventurero político, nacido en el Oriente boliviano y criado en los oscuros tejemanejes de la política continental. Enemistado con la derecha y con la izquierda, y con su vida en peligro según algunos afirman, incluyendo a su familia, opta por el exilio en España. Ahí, jugando golf con Bing Crosby, culminan en 1982 los agitados días de este personaje inclasificable, que en 1954, siendo director de "La Nación", convence a Ibáñez de lo adecuado de crear un diario de la tarde: "Clarín", que fracasó feroz y estruendosamente.
Pero Saint-Marie, tozudo como nadie, logra que Carlos Ibáñez le venda el diario por un precio simbólico, y lo transforma en un fenómeno como no ha habido nunca otro igual en la prensa de nuestro país. Asociado en un principio con la mujer de Carlos Ibáñez, Graciela Letelier, el periódico se convierte en ese referente único, donde un grupo de periodistas desaprensivos, hombres de la vieja guardia, valientes y con pocos pudores y melindres, hacen realidad el sueño del cruceño Saint-Marie. El mismo a quien Tradición Familia y Propiedad buscaba por las calles del centro con un cartel que junto a su foto decía: "Se busca. Cocainómano hijo de una prostituta sifilítica boliviana y de un oligofrénico". El odio acompañó el éxito de Volpone. Incluso el odio de sus propios amigos. Un odio que de alguna rara forma aún perdura, como una maldición, en los ardides y triquiñuelas del régimen concertacionista por evitar que "Clarín" salga otra vez a la calle, firme junto al pueblo. LND