
Domingo 25 de mayo de 2008
Previendo una eventual revuelta de los "coroneles" el núcleo de hierro que creó la UDI junto al asesinado senador Jaime Guzmán , que han cuestionado internamente su gestión, el presidente gremialista, Hernán Larraín, aclaró en la tradicional reunión de directiva de los lunes que no está dispuesto a modificar el cronograma fijado por la tienda para elección de la cúpula y que por ningún motivo se aplazará hasta después de las municipales la convocatoria al Consejo General.
Sus palabras fueron un rayado de cancha sin apelaciones frente a la tesis de que el debilitado liderazgo del senador obligaba a una pronta renovación, pero una vez superados los comicios de octubre. Para sucederlo se habló del senador Juan Antonio Coloma, con quien estuvo en contienda por la testera en 2006 y quien hoy estaría operando sigilosamente para sacarlo de la cabecera y asirse de un sitial que anhela desde hace años. Un sitial que le correspondería asumir en su calidad de fundador del partido, tal como lo hicieron antes sus pares Pablo Longueira y Jovino Novoa.
La integración de Coloma al triunvirato que define la plantilla municipal, y el protagonismo adquirido en eventos como el discurso de la Presidenta Michelle Bachelet en Valparaíso, donde actuó como vocero de la tienda, apuntan a que el retorno del senador a los cuarteles partidarios puede ser menos inocente de lo que parece. Esto fue considerado a la hora de no aceptar dilaciones y presentar con prontitud, ante los representantes de las bases, la moción única, como es característico en un conglomerado que nombra a sus líderes por el dedazo de los emblemáticos , de prorrogar el mandato del actual timonel.
Larraín dio a través de esta maniobra una señal de pragmatismo y de conciencia. En un escenario difícil como el que enfrenta la UDI, con varios de sus alcaldes acusados de irregularidades financieras, está en una posición desfavorable como líder, y tal desventaja, ante un Coloma con deseos de irrumpir como salvador, podría aumentar si la instancia definitoria se concretase después de los comicios de octubre, ya que las elecciones comunales son casi siempre negativas para la derecha.
Por lo mismo, la gran vía de escape para una guillotina que se veía garantizada en unos meses más fue para Larraín la posibilidad de zanjar su futuro político el 4 y 5 de julio, en la capital.
La idea es que no se pueda cargar a su cuenta un probable retroceso respecto de 2004 cuando la UDI hizo campaña con un candidato presidencial aún posicionado y sin dudas de probidad sobre sus alcaldes y evitar la salida de la dirigencia por la puerta trasera, con una imagen negativa. Abandonar hoy el timón implicaría asumir la culpa de no haber lidiado con la serie de crisis que han sacudido a la colectividad, y que han sido apenas contenidas por el dirigente.
Éste precisamente sería, apuntan los detractores de su administración, uno de los flancos más débiles de Larraín: su falta de movilidad para adelantarse a los conflictos y desactivarlos ante de que estallen. Una muñeca política fuerte que sus predecesores sí poseían. "A Longueira o Novoa no les habría pasado que una alcaldesa renuncia al partido ¡y el presidente es el último en enterarse!", se quejan fuentes del conglomerado, aunque admiten que, más allá de la injerencia de Larraín, "los tiempos han sido difíciles" para un personero que no contó con el armazón de los coroneles: Coloma continuaba al menos hasta el año pasado dolido por el nombramiento de Larraín, Longueira no tenía razones para cuadrarse con una dirigencia que no lo respaldó en su aventura por La Moneda, y Novoa se ha preocupado de retomar la línea de fuego que abandonó durante el caso Spiniak, con un protagonismo que ha opacado al representante de la Región del Maule.
Así, y en medio de una fractura en el equipo fundador que se remonta a su nominación como presidente, Larraín ha debido navegar por aguas turbulentas sin tener siempre el apoyo de la maquinaria política y, a la vez, sin una brújula disponible, ya que tampoco posee una relación fluida con su portavoz, Darío Paya. Con el resto de los integrantes de la directiva hay cordialidad, pero escasea la sintonía temática. Así lo demuestran sus constantes desencuentros políticos y no personales con la senadora Evelyn Matthei, en puntos como la derogación del descuento a los jubilados del 7% de su salario para salud. Es el senador Andrés Chadwick uno de los pocos en la directiva con quien Larraín tiene plena concordancia, y quien lo ha blindado frente a las críticas.
Larraín, quien inauguró este año con la petición de los parlamentarios de no retirarse de la dirigencia y mantener la conducción de aquí a las presidenciales de 2009, no se ha pronunciado respecto de si le interesa o no seguir batallando con la sombra de Novoa y Longueira como grandes cargas por manejar por 24 meses más las riendas de la colectividad más votada del país.
Sin embargo, afirman sus cercanos, si se la jugó por no alterar el calendario de designación gremialista es porque tiene interés en que no se rompa una de las reglas de oro de la UDI: la mesa directiva no se renueva en período de elecciones. Y menos cuando se enfrenta una contienda cuesta arriba como la de los próximos meses.
"Habría suspicacias de que salió porque no logró manejar, por ejemplo, el tema municipal o sus coletazos, y además no hay interés en la UDI en entrar en guerrillas por la sucesión como las que debilitaron y quebraron a la DC", explica un integrante de la cúpula, que asegura que uno de los logros innegables de Larraín es que el senador ha conseguido "mantener la fiesta en paz" con RN, fortaleciendo con ello la Alianza y las posibilidades de que la derecha llegue al Gobierno aunque sea a través de Sebastián Piñera.
Más tajante es el senador Novoa, quien asegura que Larraín "lo ha hecho bien" y que, por ende, no habrá sorpresas la primera semana de julio: lo "óptimo" para la UDI, dice, es que Larraín siga en la dirección. "No hay nadie aquí en la UDI que esté hablando de cambio de directiva, eso es independiente de la fecha del consejo. Yo lo que dije fue que, si alguien quería presentar una lista, lo primero que tenía que hacer era pedir un cambio en la fecha del consejo. Y si nadie lo pidió quiere decir que nadie está interesado", resume Novoa. LND