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  El ojo del fotógrafo

  Un golpe a mansalva en el ojo de un fotógrafo trae de vuelta las peores imágenes de la dictadura, caras pintadas, guanacos, barricadas. La foto es de Iván Alvarado.

Jueves 29 de mayo de 2008


El miércoles 21 de mayo, mientras Michelle Bachelet leía el discurso anual sobre estado de la nación, en las afueras del Congreso unas dos mil personas protestaban y otros tantos policías desplegados intentaban disolverlas. Los fotógrafos de prensa hacían su trabajo captando imágenes de los incidentes. En un momento, un policía se acercó a Víctor Salas, fotógrafo de la agencia EFE y, desde lo alto de su montura, le asestó un estacazo en un ojo. Ha pasado una semana desde entonces y Salas se recupera del traumatismo, pero el riesgo de perder la vista en el ojo golpeado todavía no se puede descartar.

Se da la casualidad (o no) que Víctor Salas es el autor de la imagen premiada como la Foto del Año 2006, aquella en que, junto al féretro de Pinochet en la Escuela Militar, tres de sus partidarios hacen el saludo fascista. También durante el funeral de Pinochet, unos seguidores suyos las emprendieron a golpes contra los fotógrafos. La fobia pinochetista contra las cámaras de la prensa tiene algo o mucho de patológico.

Tampoco parece ser una casualidad que el policía apuntara al ojo del fotógrafo. Durante la dictadura militar, en 1984, la censura pinochetista le aplicó a la prensa opositora la prohibición de publicar fotos. Las revistas censuradas por el Bando Nº 19 del Estado de Emergencia de aquel entonces debían dejar en blanco el espacio de las fotos o intentar llenarlo con ilustraciones abstractas.

Lo que el pinochetismo pretendía con esa medida era darle impunidad a los policías que temían a las pruebas gráficas en los procesos futuros. La impunidad pasaba entonces por borrar las imágenes de los apaleamientos. Peguen, que no hay nadie mirando, decían. La revista La Bicicleta, que había escapado provisoriamente al bando aquél, publicó una selección de las fotos censuradas, lo que le valió unos cuantos problemillas. Nada tan grave como un palo en un ojo, por cierto.

Enrique Lihn, por su parte, publicó, en uno de esos ejemplares de la revista Cauce sin imágenes, un artículo sobre el sentido de esos tijeretazos. ¿Por qué el Bando Nº 19, se preguntaba Lihn en 1984, permite relativamente los textos escritos sobre las protestas y prohíbe las fotografías que habrían servido para ilustrarlos? "La fotografía depende menos del texto que el texto de la fotografía en la cultura de masas y es de más rápida y fácil asimilación por un mayor número de receptores incluyendo, virtualmente, a los analfabetos", explicaba Lihn. Además, decía, más que el lenguaje escrito, las fotografías de denuncia son radicalmente diferentes a las fotografías conformistas. "Las fotografías, concluía, hablan por sí solas contra la violencia".

Sin embargo, no es verdad que una foto diga más que mil palabras. Lo que una imagen hace es transmitir emoción de buenas a primeras, contagiar. Y presentar la cara (y el sello) de los sucesos y de sus protagonistas. Y convertir a algunos de ellos en íconos de una época, en marca-páginas de los libros de historia. La niña vietnamita quemada por el napalm. El estudiante frente al tanque en Tiananmén. El padre que intenta cubrir a su hijo de las balas en Palestina. Los calcetines con papas de Paul Wolfowitz. La Moneda en llamas. Los anteojos oscuros de Pinochet.

Ese es el poder de la foto, y tanto es así que un golpe a mansalva en el ojo de un fotógrafo nos trae de vuelta las peores imágenes de la dictadura. Caras pintadas, guanacos, barricadas. Reporteros sin Fronteras, pionera en la defensa de la profesión, publica la lista de los periodistas muertos y encarcelados en el mundo (14 y 130 respectivamente, en lo que va de año), pero no la de los periodistas heridos. No alcanza el espacio para tanto. Pero en este caso, como en todos, la justicia debe hacer su trabajo, identificar al agresor y juzgarlo. Y es de esperar que Víctor Salas se recupere cuanto antes.

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