
Martes 3 de junio de 2008
Alejandro Javier, el hijo mayor del general Bernales, destacó en la ceremonia de despedida a las víctimas de Panamá el que haya habido tan genuinas muestras de afecto y solidaridad hacia Carabineros y las familias enlutadas. Agradeció que mucha gente haya designado espontáneamente a su padre como "el general del pueblo", y agregó: "Personalmente, me parece increíble ver estas dos palabras tan unidas en este país".
Fue una observación lúcida en medio de la tristeza.
Nunca había ocurrido que la desaparición de un jefe policial generara un sentimiento de pesar tan hondo y masivo como el que se expresó desde la llegada de los cuerpos de las víctimas en las primeras horas de la madrugada del viernes hasta las emotivas ceremonias del domingo que encabezó la Presidenta Bachelet. Alguna razón profunda tiene que haber para que la mayoría de los chilenos hiciera suyo el duelo.
Fueron notables los méritos del general Bernales, en primer lugar la humanidad que irradiaba. Está claro que fue un conductor enérgico y con ideas claras sobre las tareas de una institución que es fundamental dentro de nuestro orden legal. Pero Bernales fue también un hombre que supo asimilar las duras experiencias del país y de la propia policía uniformada, y que demostró talento y liderazgo para profundizar el proceso de regeneración moral y profesional de Carabineros que se inició con la recuperación de las libertades en 1990.
Las manifestaciones de solidaridad con Carabineros en estos días constituyen un hito en nuestro desarrollo cívico. Han expresado la valoración ciudadana de lo que ha llegado a ser dicha institución en las condiciones creadas por el régimen democrático. Los homenajes, sobre todo de la gente sencilla, han sido una forma de reconocimiento hacia la labor cotidiana de los miembros de la institución para proteger a la comunidad, y sabemos que eso va desde enfrentar a los delincuentes hasta prestar auxilio a la población en las emergencias.
Una rigurosa encuesta efectuada en marzo y abril de este año por cinco centros de estudio reveló que la institución que inspira mayor confianza es Carabineros. No es casual. Los ciudadanos asocian a esta institución con protección de las personas, resguardo del orden público, lucha contra el delito, defensa de la ley.
A las mujeres modestas que salieron el domingo al paso del cortejo con banderas y flores no hace falta que nadie les explique cuán importante es, por ejemplo, el Plan Cuadrante para mejorar la seguridad ciudadana, o el hecho de que haya un retén en su población.
¡Cuánto va de ayer a hoy! Estamos obligados a recordarlo precisamente para aquilatar los avances. La dictadura causó un enorme daño a las instituciones armadas, también a Carabineros, al imponerles la lógica represiva en la que sustentaba su poder. Fue muy alto el costo que pagaron las FFAA y las instituciones policiales por las violaciones de los derechos humanos. Por eso, la reconstrucción del Estado de Derecho permitió que los funcionarios policiales sintieran que la vida también empezaba a cambiar para ellos y sus familias. Carabineros vivió su propia transición y pudo recuperar así aquello sin lo cual su tarea es casi imposible: el respeto de la comunidad.
Es muy duro ser carabinero. Implica asumir muchos riesgos personales y estar dispuesto a cumplir con el deber hasta en las peores circunstancias. Cuando se equivocan, saben que serán criticados con dureza. Mucho más si cometen abusos o se exceden en el uso de la fuerza. Es lo que corresponde. Necesitamos que nuestros policías defiendan a la sociedad con las armas del derecho y la integridad moral.
Hay que reconocer que algunas cualidades de la institución tienen antecedentes antiguos. Carabineros se templó prestando auxilio a la población en los tiempos en que el país era mucho más pobre y contaba con menos medios para atender las necesidades de la población. Hubo una época en la que eran frecuentes los partos atendidos en las comisarías. La tradición de servicio, es justo decirlo, viene de lejos.
En no pocos países la policía está asociada con latrocinios, corrupción y hasta complicidad con los criminales. En Chile es muy distinto. Tenemos derecho a sentirnos orgullosos por ello. En las figuras del general Bernales y de los oficiales Tapia, Orozco y Fuenzalida, los chilenos hemos valorado en estos días los frutos de la pacificación y democratización de Chile, el renacimiento del espíritu republicano. Tenemos que cuidar las instituciones que nos sirven para tener un país mejor.