
Martes 3 de junio de 2008
El concepto de la muerte nos desacomoda y apoca y su incertidumbre causa miedo. La pérdida de una persona joven, sea quien fuere, es un desastre para el universo. Por eso odio a quienes estimulan las guerras y envían a nuestros hijos a despanzurrarse en las trincheras y a quienes inducen los vicios que los lleva a la muerte.
¡Malditas muertes!
Murió Lukó de Rokha, amiga de toda la vida, pintora, artista grande, venida de la casta de Pablo, su padre. Una mujer nacida entre intelectuales insignes en la historia del Chile culto. Winnet, su madre, excelsa poetisa; su hermano Pablo, cineasta; José, pintor; Carlos, poeta y erudito en todo; su hija Dalal pudo ser una cantante de alto coturno, el amor dispuso algo distinto. Lukó, como hija mayor asistía a su padre de secretaria y luego de sus estudios de arte debía ir todos los días por el Correo Central y después pasar a la Editorial Nascimento a retirar más correspondencia. En tantos ires y venires, Cupido acechaba. Su padre, feliz por sus avances pictóricos, le consiguió su primera exhibición en la Biblioteca Nacional. A su inauguración acudió el acechante Mafhud Massís, gran poeta y grandísimo orador con quien Lukó se casó. También vino Vicente Huidobro, poeta inmenso y amigo-enemigo literario de Pablo de Rokha, el que compró su primer cuadro. O sea, una exposición con ganancias celestiales. Desde allí, Lukó comenzó una carrera artística internacional que la llevó a exhibir su arte hasta en capitales europeas donde enriquecen colecciones privadas y museos.
Pero no todo fue albricias en la vida de los De Rokha. Hacia 1929, Lukó perdió a su hermanito Tomás, luego, en 1951 su madre Winnet murió por un cáncer intratable, que dejó desolado a su padre, quien junto a ella se hizo cargo de otros siete hijos. En los '60 las penurias de Lukó se acrecentaron con la muerte prematura y trágica de sus hermanos Pablo y Carlos, a quien su padre le dijo: "Todo lo lloro en ti, Carlos, hijo querido mío. La vida heroica y grandiosa que hiciste y tu muerte súbita... ¡Perdóname el haberte dado la vida!"
Después, el suicidio de su padre, que no soportó el tizón ardiente que le atravesaba el alma. Con Mafhud partieron a Venezuela como agregados culturales del Gobierno de Salvador Allende. Allí vivió tiempos mejores, inmersa en la intelectualidad y reconocida su obra, cosa que en Chile últimamente le fue esquiva. Y vuelta a los quebrantos... Vino el exilio. El desarraigo cruel y la muerte de su esposo de casi 50 años.
De vuelta a Shile, volver a insertarse en un país que desprecia a sus artistas, a los talentosos, a los que enaltecen el espíritu de todos. Y la última y gran fatalidad: la muerte prematura de su hijo Pablo Antonio hace tres años, de la que jamás se pudo reponer. Un dolor llevado al grado de sufrimiento. A pesar de los cuidados de Dalal y de todos quienes la queremos, Lukó se fue no más... ¡Bendita muerte!