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  Potenciar la gestión local

  Uno de los desafíos es fortalecer la labor municipal. Ojalá las próximas elecciones municipales sean una instancia propicia para renovar el compromiso con la democracia y los valores que la inspiran.

Martes 3 de junio de 2008

El siglo registra cambios dinámicos y sustantivos en lo social, en lo político y en el contexto económico. La globalización significa una transformación radical de las referencias. En este marco cobra actualidad un concepto antiguo: la ciudadanía. El sistema político depende de la disponibilidad de los ciudadanos a comprometerse en lo público. Esto implica la identificación del ciudadano con su comunidad. Saberse y sentirse parte de una comunidad puede motivar a los individuos a trabajar por ella.

La pregunta es: ¿qué nuevas formas existen para (re)construir la ciudadanía de modo de lograr un vínculo horizontal ("estar y actuar juntos") en la relación vertical gobernados-gobernantes? Interesantes respuestas se perfilan a nivel local. Junto a la globalización, y de forma complementaria a este proceso, se ha producido una vuelta a la búsqueda de identidades o culturas locales y nuevas formas de gestión local. Una tendencia que ha encontrado su máxima expresión en el eslogan "pensar globalmente, actual localmente". La teoría de la democracia cree al municipio fundamento de la vida democrática, ha de ser escuela de la democracia; la democracia local desempeña una función educadora, de socialización. Al desarrollar la conciencia cívica de los vecinos refuerza la solidaridad y hace más aceptable la noción de interés general.

Los municipios deben tener una actuación que los legitime ante los ciudadanos. Ellos no son sólo votantes, pueden desempeñar otros papeles. El ciudadano-cliente puede ser un "tercer pilar" de la democracia local. La democracia moderna consiste no sólo en participar en las elecciones por el voto, sino en los procesos de deliberación, implementación y evaluación de la gestión y las políticas públicas. El municipio es una frontera, pero también el rostro del Estado más cerca de la comunidad. Política pública que no funciona ahí, no funciona simplemente.

El Gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet trabaja en una agenda de reforma municipal que busca potenciar con más y mejores capacidades institucionales a los gobiernos locales. ¿Qué plantea? Primero, elevar las condiciones de legitimidad y representatividad de los municipios. Lo básico es fortalecer el rol de los concejos y mejorar el desempeño y las atribuciones de sus integrantes. Segundo, el fortalecimiento de los municipios en lo financiero. Iberoamérica muestra amplia variedad de casos de participación de municipios en recaudación y ejecución de gastos. En Chile se está trabajando para mejorar esa participación y resolver la inequidad en este terreno. Tercero, se está laborando en perfilar con mayor nitidez el rol de los municipios en el diseño y ejecución de las políticas sociales. Para avanzar en cohesión social es esencial consolidar la democracia, y por ello la reforma municipal nos ayudará a tener los instrumentos adecuados para la consolidación de ésta. Pero tan importante para la cohesión es la democracia: para que pueda haber cohesión social, la democracia debe tener un buen desempeño.

Los gobiernos locales, durante los mandados de la Concertación, han visto ampliar su intervención en áreas que están en proceso de cambio, como el sistema de protección a la infancia (Chile Crece Contigo); el de erradicación de la pobreza (Chile Solidario); el de aporte a las mujeres, los programas de jefas de hogar; los adultos mayores (programa Vínculo); y los nuevos programas de revitalización urbana (Quiero mi Barrio), que expresa el mejor modelo en términos de cómo construir sociedad, ciudad, planificación urbana. Sin duda, en el ámbito de la educación y la salud queda mucho por desarrollar, pero es el sendero correcto. El temario es extenso. Ahí están las cuestiones sobre modernización de la gestión administrativa, de personal, tecnológica y el mejoramiento sustantivo de la calidad de atención de los usuarios de los servicios municipales. Hay que hacerse cargo de la enorme heterogeneidad de los gobiernos locales: son relevantes las oportunidades y dificultades que tienen los municipios rurales y los urbanos. Para lograrlo se necesitan verdaderos gobiernos locales. Allí es donde lo público, hermosa herramienta de cambio y justicia, adquiere vida para la mayoría de las personas, donde la democracia se expresa, donde se puede garantizar que los derechos sean reales.

Uno de los desafíos del Chile moderno que queremos es fortalecer la labor municipal. Ojalá las próximas elecciones municipales sean una instancia propicia para renovar el compromiso con la democracia y los valores que la inspiran. Así se garantizará seguir lo construido, que no es poco. Un bonito desafío para quienes volverán a postularse a alcaldes y concejales, y por supuesto, para los nuevos candidatos que tendrán la difícil pero no menos hermosa función de corregir lo malo y seguir fortaleciendo lo bueno en la Patria Chica, como dijera en su momento la Nobel de Literatura Gabriela Mistral.

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