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  Agua sin sal

  Agua sin sal

  Confrontados a una penuria de los recursos en agua dulce causada por lluvias demasiado escasas y napas freáticas en declive, cada vez más países se orientan hacia la desalinización del agua de mar.

Jueves 5 de junio de 2008


En el contorno del Mediterráneo, varios Estados han hecho importantes inversiones para desalinizar agua, como Argelia, Libia, España e Israel. También es el caso de los países del Golfo Pérsico, China, la India, EEUU en California y Australia, sin contar numerosas islas.

"El mercado de la desalinización del agua de mar conocerá una explosión en los próximos años", explica Jean-Louis Chaussade, director general de Suez Environnement. Porque "el recurso en agua dulce se hará cada vez más escaso. El aumento demográfico en las ciudades costeras y el estrés hídrico en varias regiones del orbe a causa del calentamiento climático explican esta progresión".

En la actualidad, más de 50 millones de metros cúbicos de agua desalinizada, de los cuales un 15% proviene del agua salobre, son producidos todos los días en el mundo (el agua de mar contiene en promedio 35 gramos de sal por litro, contra uno a 10 gramos para las aguas salobres). En 2016, la producción debiera duplicarse y alcanzar más de 109 millones de metros cúbicos diarios. El crecimiento podría ser aún más rápido de lo previsto, en un mercado en que la capacidad de las fábricas no cesa de aumentar: hay proyectos para construir unidades que producen un millón de metros cúbicos diarios.

A pesar de que los costos de producción han sido divididos por dos, la desalinización sigue sendo demasiado cara para los países pobres o desprovistos de gas o petróleo. "El precio del agua a la salida de la fábrica es de 0,4 a 0,8 euro el metro cúbico producido por el procedimiento de osmosis inversa, y de 0,65 a 1,8 euro el metro cúbico por la destilación térmica", explican en Degrémont, filial de Suez Environnement. Por ello, especialistas del agua y científicos estiman que se necesita empezar por un ahorro de los recursos de agua dulce, limitando por ejemplo las pérdidas en las canalizaciones. Estas pueden alcanzar 50% en algunos países.

El tratamiento de las aguas servidas para su reutilización en la irrigación contribuye igualmente a una mejor gestión, siendo la agricultura la principal consumidoras de agua dulce (71% del total).

Ahorrar energía

En el futuro, "el agua va a devenir un problema crucial, que chocará con el costo de la energía, indispensable para la desalinización del agua de mar o salobre", precisa Michel Dutang, director de investigación y desarrollo de Veolia Environnement, líder del mercado (14,5 por ciento). Por cierto, el consumo de energía en ese ámbito fue dividido por cuatro en veinte años, pero los rendimientos deben ser mejorados aún más. "El objetivo de la investigación es ahorrar energía durante el proceso de desalinización", agrega Michel Dutang.

Tampoco hay que ignorar los problemas relacionados con el medio ambiente. El Fondo Mundial para la Vida Silvestre (WWF), que presentó un informe, en junio 2007, respecto de este asunto ("Desalination: option or distraction for a thirsty world?", (opción o espejismo para un mundo sediento?), se alarma ante la perspectiva anárquica de esta tecnología. Según el WWF, consume mucha energía y emite gases de efecto invernadero. También puede tener un impacto negativo en el ambiente marino, porque expulsa localmente salmueras al mar.

Françoise Elbaz-Poulichet, científica del laboratorio de hidrociencias del CNRS (Centro Nacional de la Investigación Científica) de la Universidad de Montpellier, destaca que esta sal agregada puede modificar la química del agua costera sobre todo si las unidades de desalinización están cercanas unas de otras. "Lo que tendrá efectos en la fauna y la flora, que se han adaptado a una salinidad particular". Los industriales intentan contrarrestar esos efectos empleando difusores que diluyen rápidamente la salinidad, tomando en cuenta flujos marinos.

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Le Monde
The New York Times Syndicate

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