
Domingo 8 de junio de 2008
En 1969, la Escuela de Derecho de la Universidad Católica prohibió al interior de sus aulas el uso del pantalón femenino. El argumento menciona el debido respeto que las estudiantes deben guardar hacia la rectoría de esa casa de estudios, que funciona junto a la escuela en cuestión. Dos años después, la Dirección de Educación Secundaria incorpora esta prenda como parte del uniforme escolar de las jovencitas; eso sí, debajo del jumper. El comunicado del Ministerio de Educación explica que la medida responde a las demandas de igualdad de las alumnas y al uso generalizado del pantalón en el país.
El artífice de estos cambios fue el diseñador francés Yves Saint-Laurent, quien acaba de morir el 1 de junio recién pasado. En 1966, tomando como referencia los ternos de Marlene Dietrich, propone para las mujeres el traje pantalón y el esmoquin, conjuntos que hasta ese momento son patrimonio exclusivo de la indumentaria de los hombres.
La influencia del costurero se expande rápidamente y el pantalón invade el espacio público en diversos puntos del planeta. A la inversa, en 1971, en el aviso publicitario de lanzamiento de su perfume YSL pour homme, se fotografía desnudo instalándose como objeto de deseo, un lugar reservado a las mujeres. Inaugura así un tipo inédito de masculinidad.
Saint-Laurent explora y convulsiona los límites del género precisamente cuando los movimientos de liberación sexual van el alza, y lo hace en múltiples direcciones. Unos años antes que las feministas norteamericanas decidieran quemar sus sostenes, para protestar contra la opresión patriarcal, el costurero lanza el "nude look", pechos desnudos, despojados de su contenido erótico, bajo delicadas y transparentes blusas de organdí. Para el mítico '68 incorpora al guardarropa femenino la sahariana, chaqueta masculina de cuatro bolsillos, típica de los ejércitos coloniales. La misma con que el Che Guevara muere en la selva boliviana.
A lo largo de su carrera, Saint-Laurent retomará varias veces el tema del unisex. Y, fiel a su estilo, declarará con vehemencia: "La virilidad no está ligada al traje de franela, a la espalda ancha y a la falta de gracia. Como tampoco la feminidad está relacionada con el pecho abundante ni con la muselina. Se superó la época de las mujeres-muñecas y los hombres-domadores. Las jóvenes no necesitan mirar con disimulo ni mostrar las piernas para demostrar su gracia. Los hombres no tienen que levantar los hombros y arreglarse los bigotes para ser más hombres".