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  Los cortesanos del futuro

Domingo 8 de junio de 2008

La digitalización del arte, después de amenazar durante tantos años, está cambiando de verdad las reglas del juego. ¿Se acuerdan de las primeras descargas de música en Internet? Yo recuerdo a los sedantes profesionales que explicaban por qué era imposible que la gente dejara de comprar CDs. Ahora nadie compra CDs. Y los músicos están empezando a entrever formas de sobrevivir pese a todo. Un artículo de la Rolling Stone se titula: "La Nueva economía del Rock: cómo hacer dinero cuando los discos no se venden." La clave: el merchandising. Los músicos no ganarán dinero con la venta directa de música, pero pueden hacerlo licenciándola (para películas, comerciales, tiendas, restaurantes, etcétera) o tocando en vivo.

Sí, suena un poco deprimente. Pero al menos es una tabla de salvación. ¿Qué pasará cuando le llegue el turno a la literatura de volverse gratuita? Bien, no es que los derechos de autor hayan sido nunca una fuente de ingresos muy importante. Pero junto con el libro desaparecerá una de las típicas fuentes de ingresos de los escritores, la prensa capaz de pagar colaboraciones. Esto deja pocos modelos viables: el escritor rentista, el profesional de otra cosa, el mendigo. Y un cuarto modelo: el cortesano.

En el tiempo que llevo trabajando en la gestión cultural aprendí algo que los escritores suelen ignorar: que la "cultura" es un importante valor agregado para las empresas. Una inmobiliaria o una cementera pueden estar dispuestas a auspiciar una conferencia, un simposio o un libro, sin pedir a cambio más que aparecer en el afiche. No es sólo cuestión de imagen: los auspicios son formidables ocasiones para que los empresarios se conozcan entre sí, el lobby del futuro. Desde luego, no cualquier empresa financiará cualquier evento, pero las cosas no funcionan de un modo tosco, orwelliano, con los magnates dictando el mensaje. El margen de libertad es sorprendentemente amplio, porque las empresas descuentan que el contenido es intrascendente, lo cual es una ventaja enorme para el escritor. Los empresarios, por lo demás, suelen ser más gentiles y razonables que los editores, y huelen mejor. Me animo a una predicción: el escritor cortesano será más libre que el escritor actual, sometido a las insensateces de la pútrida industria editorial.

 

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