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  Tragedia griega con cueca

  Tragedia griega con cueca

  La directora Heidrun Breier juntó a tres generaciones de actores para montar una historia en que la traición y el resentimiento se radicalizan en el choque del verso político, la idiosincrasia popular y el ímpetu de las tribus urbanas.

Domingo 8 de junio de 2008

Hace dos años, en el Teatro La Memoria, Heidrun Breier montó "Filoctetes", de su compatriota Heiner Müller, para un ejercicio de dirección de 15 minutos. Con cuatro pequeñas escenas englobó toda la obra y ahora lanzará un libro con su traducción al castellano (miércoles, 20 horas, en el Goethe-Institut) y estrenará la obra en el mismo lugar, el 19 de este mes. "Es que me enamoré de esta versión", dice ella.

"Filoctetes" es una tragedia de Sófocles que trata la traición y las estrategias del poder a través de un episodio en la vida del arquero de Heracles, a quien Ulises abandona, y después de diez años, cuando lo necesita, vuelve a convencer para que use su arco mágico para acabar la guerra de Troya.

Y si en la original Filoctetes se resiste pero es convencido por el dios Heracles, en la de Müller, en cambio, se renuncia a esa solución divina y se cambia por un crimen. Ése es su mayor sello. Y el que los versos libres del alemán resuenen en la biografía de sus actores, la marca de la puesta de Heidrun. "Llevamos este lenguaje tan grande y metafórico al cotidiano", sostiene.

EL ROTO

Fundamental a la hora de hacer más coloquiales los versos de Müller fue Daniel Muñoz: el "concubino" de Heidrun, el Huaiquimán de la tele y el cuequero que tiene al elenco zapateando en el "Romerito". El mismo actor que, como jugando, convierte a Filoctetes en un roto exiliado.

"No se trata de adaptarla al chileno, pero me pareció que esta obra tiene que ver con el mundo de la cueca brava, por el espacio de los hombres, el resentimiento y la traición", cuenta la directora, mientras Muñoz prepara unas décimas para la invitación, tal como lo hizo con el prólogo.

En escena también cuequea. Usa un pañuelo en la cabeza como el "Divino Anticristo" y sus cuecas se dejan sentir de forma arcaica, como un payador. "Es primera vez que uso la cueca en teatro y me di cuenta que funciona increíble", dice quien en la obra peleará a muerte con Neptolemo. Y no con armas míticas, sino con pañuelos, moviéndose en media luna, toreándose.

EL SKATER

Su rival es el hijo de Aquiles, a quien Ulises lleva para convencerlo de poner fin a la guerra de Troya, como reza el oráculo. Pero el cabro es impulsivo, no tiene retórica, cree en "la verdad". Ese personaje es de Salvador Burrell, el mismo actor que en su debut, bajo el alero de Alexander Stillmark en "Filotas" (2007), fue consagrado como actor revelación y subido y después bajado como nominado al Premio Altazor.

Burrell está sobre un skateboard la primera media hora de la obra. Así lo ha hecho desde los 12 años tirando "ollies" y "barandas". "Tengo la escalera hecha mierda en el Goethe, me quieren puro matar", dice. Pero el joven actor no representa simplemente a un skater, "sino a todas las tribus urbanas", agrega.

"Heidrun ha buscado el personaje en mi vida. Ella te lleva a lo concreto, y en eso he aprendido mucho de todos. Daniel actúa como si nada y Sergio hace todo simple. En las escuelas te enseñan a imponer la voz y no necesitas hacerlo para actuar", sostiene Burrell, quien sintetiza el conflicto de la obra: "A Neoptolemo lo obligan a mentir para ganar la guerra de Troya. Se empieza a apiadar de Filóctetes, pero también se quiere vengar y no puede 'engrupir' como Ulises".

EL POLÍTICO

El legendario héroe de "La Odisea" es el experimentado Sergio Hernández. "En la dialéctica para lograr el objetivo, Ulises usa la retórica, algo relacionado con los líderes en una época que ya no quedan: muere el general Bernales y miles de personas salen a la calle a manifestar su profundo sentir, sin tener idea de quién era. Eso hace que la obra sea muy actual y tremendamente política", explica.

Mientras la conversación sigue, él lee y relee sus líneas. Luego, en voz alta, recita algo maravilloso, pero que a nadie le gustaría tener que aprender en dos semanas. Sin embargo, este actor, con varios kilómetros de exilio en Polonia durante la dictadura, no se hace problema. Menos, con la diferencia generacional del elenco.

"Es lo mejor, porque te topas con lo distinto en términos de energía y escuelas, pero también te encuentras en muchos caminos y experiencias. Los tres hemos tenido la suerte de ser caminantes, de salir del país y mirarlo desde fuera", comenta el actor. El problema viene después, según Muñoz, con Heidrun: "Las mañas han sido el gran obstáculo, porque estamos llenos de trucos y entonaciones, y con una directora de la escuela alemana y que no las aguanta, la cosa se convierte en sufrimiento". LCD

 

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