
Domingo 8 de junio de 2008
Cuando ocurre una tragedia se puede concebir que la mayoría silenciosa se exprese y hable con las tripas. Pero otra es la actitud que se espera de los políticos. El pasado fin de semana, cuando todavía no concluían las ceremonias en honor a los carabineros fallecidos, un miembro de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados expresaba textualmente: "Encuentro el colmo que se le haga subir a un invitado extranjero, a un jefe de la policía de otro país, a un helicóptero tan viejo como ése. Aquí se debe no tan sólo pedir excusas del Gobierno de Panamá tiene que hacerse responsable de lo ocurrido". La frase del parlamentario, además de temeraria, es un flagrante ataque de amnesia. Olvida que el avión que en ciertas ocasiones utiliza nuestra Presidenta para sus viajes al extranjero es el tanquero Águila, un refaccionado Boeing 707 que tiene tantos o más años de vida que el fatídico SAN-100. Es la misma aeronave que en abril, por un desperfecto, tuvo que regresar a Santiago cuando Michelle Bachelet se dirigía a China.
Una cosa es la edad de un aparato y otra son las fallas mecánicas o errores de pilotaje. Y, en todo caso, comentar una tragedia aérea sucedida en otro país con un tonito así de imperialista difiere bastante de la idea que se tiene de cómo un parlamentario debe observar las relaciones internacionales.
No es la primera vez que, desde los pasillos de la Cámara de Diputados, salen emanaciones de tufillo patriotero-popular. El corte del gas argentino es una de las jabalinas predilectas para saltar a los medios y posicionarse como un defensor intransigente de la soberanía nacional. La clásica disputa del pisco, sumada a la campaña del buen gusto, también sirve para avivar la cueca nacionalista.
Esta fraseología nos recuerda una escena de la película "Delikatessen", cuando un personaje le regala a otro un artefacto para detectar las boludeces que se dicen.
Algunos de nuestros vecinos también son buenos para hacer flamear la bandera. Anteayer, el Presidente peruano, Alan García, criticó a sus compatriotas políticos que rechazan la posibilidad de vender gas a Chile. Lourdes Flores, la derrotada candidata presidencial de la derecha, el populista Ollanta Humala, y Carlos Ferrero, ex Primer Ministro de Alejandro Toledo, se han opuesto a esa hipotética operación.
García recordó el nivel de intercambios económicos que existen entre ambas naciones y la presencia de unos 100 mil peruanos en Chile. El Mandatario enfatizó que no hay que jugar a las sensibilidades poco racionales.
Las vociferaciones nacionalistas que se escuchan en algunos salones de la política latinoamericana se asemejan bastante al ambiente que se vive en las tribunas de una eliminatoria mundialista.
Se podría suponer que todos los conflictos que se han vivido y existen en otras regiones del mundo deberían servirnos para, al menos, intentar otras formas de cohabitación. Parece que el capital entiende mejor y mucho más rápido las cosas. Algunos se molestan con la presencia masiva de los inmigrantes peruanos porque, supuestamente, les quitarían lugares de trabajo a los chilenos. Mientras tanto, la Papelera, Cerámicas Cordillera o Zalaquett, el mayor fabricante chileno de etiquetas para productos textiles, se instalan en Perú por un problema de costos.
En los países europeos, la mayoría de los gobiernos enfrenta la deslocalización de las industrias, un proceso que tiene todas las ventajas para el país "receptor", pero plantea serios problemas sociales para el país "emisor", el principal de ellos la cesantía.
Hay muchas otras razones y situaciones que enseñan que no se puede seguir mirando el mundo por el ojo de la cerradura. LND