
Domingo 8 de junio de 2008
El petróleo multiplica su precio y muchos analistas se preguntan por la causa de tan pronunciada alza. La respuesta más recurrida es que la demanda sobrepasa a la oferta. ¿Pero es tan dramático el aumento del consumo para justificar que sólo en lo que va corrido del año haya subido en un 25%? Incluso hay muchos observadores del mercado del crudo que creen que volverá a bajar, aunque nunca a los niveles anteriores.
Es difícil establecer el precio efectivo de una materia prima que representa el 40% de la energía consumida a nivel mundial. Es posible conocer con precisión los costos de producción para los diversos tipos de crudos. También se puede calcular la oferta y la demanda. Pero lo que es imposible de prever son las inversiones especulativas en un producto que, está claro, se torna cada vez más escaso en relación al creciente uso.
Uno de los líderes indiscutidos en la interpretación del comportamiento de los mercados, y la notable irracionalidad de ciertos agentes, es George Soros, el multimillonario que ha campeado en el sector financiero. Según Soros, el principal factor de las desaforadas alzas son las inversiones especulativas. Como en tantas otras actividades el periodismo, por ejemplo , entre los analistas financieros impera el espíritu de la manada. Basta que el pánico cunda entre algunos para que el conjunto desencadene una estampida. Lo mismo ocurre a la hora de invertir. El grito de oro genera una fiebre irresistible que arrastra inversiones por miles de miles de millones de dólares. Y eso es lo que Soros cree que ocurre en estos momentos con el petróleo. Los especuladores, en este caso, van desde avezados apostadores profesionales a fondos de pensiones. La ironía en el último caso es que muchos abuelos tendrán dificultades para calefaccionar sus casas, por el alto costo del diésel, mientras sus fondos están en alza tras las subidas del propio combustible.
A Soros hay que tomarlo en serio, pues es uno de los mejores conocedores del comportamiento del capital especulativo. Él encabezó un fondo de alto riego, o hedge fund, que viene de embolsar nada menos que 2.800 millones de dólares anticipando la denominada crisis subprime, o los malos préstamos del sector inmobiliario. Su fortuna en grande partió en 1992, cuando fue motejado como "el hombre que quebró al Banco de Inglaterra". Entonces, contra los pronósticos del Gobierno, apostó a que la libra esterlina sería devaluada. Su visión le valió ganar dos mil millones de dólares.
Está claro, en todo caso, que el alza del petróleo se constituye en un factor estructural, es decir permanente. Puede que baje, pero grandes industrias como General Motors (GM) asumen como un dato duro un petróleo caro. Ello a tal punto que la empresa viene de cerrar en forma definitiva cuatro fábricas de sus grandes modelos Sport Utility Vehicles (SUV), los 4x4 tan populares en los barrios altos santiaguinos. El futuro del rey de los tragapetróleo, el modelo Hummer, está en la cuerda floja, pues se estudia su venta. Y Rick Wagoner, el gerente de GM, prepara a la compañía para sobrevivir con combustibles caros. En ese sentido, el anuncio de la producción del Chevrolet Volt, que será un vehículo totalmente eléctrico y cuya comercialización está prevista para el 2010, representa un giro estratégico. Dice Wagoner: "Nosotros creemos que es el paso más importante jamás dado en la evolución de nuestra industria, para librarse casi en forma total de la dependencia del petróleo". Con una capacidad de reacción que deberían envidiar muchos empresarios, apuntó: "Desde comienzos de año, la economía estadounidense y la situación de los mercados se han vuelto claramente más difíciles. Los altos precios de la bencina están cambiando el comportamiento de los consumidores y esto afecta al tipo de vehículos vendidos en Estados Unidos". No se podría pedir una advertencia más clara de cómo viene la mano. El grueso de los norteamericanos, al igual que los chilenos acomodados, ha ignorado por completo la variable medioambiental y energética a la hora de elegir sus vehículos.
El petróleo caro es la nueva realidad con la que tendrán que vivir las sociedades. Es el fin, entre otros cambios, de los viajes aéreos baratos. Varias líneas aéreas norteamericanas están reduciendo sus flotas, dejando en tierra cientos de aviones que consumen más combustible. La energía y su costo pasarán a la cabeza de muchas agendas, tanto de gobiernos como de empresas, e incluso de los hogares. La combinación de los esfuerzos por disminuir la producción de los gases de invernadero, para frenar el calentamiento global, con las limitantes impuestas por el precio de los hidrocarburos, debería acelerar, al menos, el desarrollo de tecnologías renovables, más económicas y sustentables. LND