
Domingo 8 de junio de 2008
En el mundo desarrollado, los polos tecnológicos se han venido estableciendo hace más de una década en forma viral en ciudades, comunidades o regiones que buscan desarrollarse en el mundo globalizado. Estos centros aglutinan en un espacio físico el encuentro del conocimiento y sinergias entre universidades, centros de investigación y empresas de punta que abogan por la innovación, el emprendimiento y el uso de nuevas tecnologías para mejorar los procesos productivos en sus comunidades.
En Chile, conscientes de la necesidad de crear innovación y ante la ausencia de polos tecnológicos, hemos tratado de desarrollar estos conceptos a "nuestra manera", y como camino alternativo hemos agrupado las innovaciones tecnológicas bajo aportes e incentivos a innovaciones individuales.
Así se han creado alternativas, bienintencionadas pero engorrosas, a través de Corfo e Innova Chile, organismos que ofrecen fondos capitales semillas, créditos blandos los que, sin duda, han apoyado a muchas innovaciones exitosas.
Sin embargo, si analizamos el funcionamiento de estas líneas, nos encontramos con que hay trabas que son infranqueables. Quien deseé implementar un proyecto tecnológico hoy en Chile debe, a través, de un patrocinador validado por Corfo, presentar un plan de negocios y demostrar viabilidad técnica, comercial, competencias, entre otras cosas. Todo partiendo desde cero, en la idea de un emprendedor "llegado de la calle" frente a inversionista (Corfo), que al fin y al cabo no es inversionista. Luego debe ser evaluado por especialistas externos y, después de meses de trámites, recién se puede obtener la aprobación para los estudios de prefactibilidad económica. Para qué hablar de las siguientes etapas para realmente conseguir el financiamiento, de las nuevas evaluaciones, hasta pasar cerca de un año de burocracia para empezar a poner en práctica una idea innovadora. Probablemente, a esta altura ya no sea tan innovadora.
Este camino lleva a que muchas iniciativas tecnológicas nunca se ejecuten. Así, si revisamos los proyectos de innovación patrocinados por Corfo descubriremos que la mayoría están enfocados a cambios en gestión, organización y comercialización de productos ya existentes. En su mayoría, centrados en mejoras a procesos de explotación de recursos naturales, y muy poco realmente en tecnología dura o ligada a I+D.
Sólo como ejemplo mencionar que en el País Vasco los tres principales polos tecnológicos han aumentado más del 3% el PIB cada año, aportando más de mil millones de euros en la última década, lo que ha disparando el producto de esa zona en más de un 45%. Por cada euro que el Gobierno vasco ha invertido en estos polos, ha recibido de vuelta 2,34 euros.
En Chile, o nos decidimos de una vez a empujar estos polos hasta ahora sólo se pueden considerar iniciativas o aceptamos que la mayor parte de la innovación dura se va a ir perdiendo en los recovecos burocráticos. LND