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  Estamos tan solos

  Estamos tan solos

Domingo 8 de junio de 2008

Las noticias que llegan de Europa son escabrosas. La crisis económica se ha dejado caer con todo, y el anuncio de huelga indefinida en Madrid deja vacíos los supermercados. Hay señales de la posibilidad de hambruna en Asia, y el Tercer Mundo se ve brutalmente amenazado.

Nuestro país ve subir la bencina como señal y recorre las carreteras rodeadas de camiones en paro. Lo superan pero es una amenaza.

Mientras tanto, mis amigos y yo nos enviamos señales por Facebook. Parecemos los personajes de "El Decameron" encerrados contándonos cuentos mientras afuera está la peste. Lo que han llamado el internet de segunda generación, donde uno debía estar si quería estar en el mundo. Como en una guerra final donde sólo sobrevivían los que te aceptan como amigo y los que tú aceptas, los conozcas o no.

La máquina del tiempo, que solamente nos lleva al pasado, maldita cosa, a pesar que creamos ir hacia delante, hace que el Facebook se convierta en lo más parecido a un sueño donde emergen del pretérito los rostros que uno vivió intensamente como amigos, como parejas, hasta como enemigos.

El futuro parece asomarse en las intimidantes demandas de desconocidos o desconocidas. A esta edad ya sabemos que un whisky puede ser el comienzo de una bola de nieve. ¿Qué será ser aceptado en Facebook? Hace unos días, al mejor estilo Las Vegas, he contraído matrimonio en Facebook. Soy un marido virtual, como tengo también una familia virtual e hijos virtuales. Todo eso da una sensación rara de mundo sin fin, pero al mismo tiempo de torre de cristal informática.

El mismo amigo que me anunció Facebook me anuncia el fin de internet. Facebook es el canto del cisne de una tecnología que apenas alcancé a dominar, y torpemente. Cuando creía que no iba a poder con los mails surgió esta red de amigos que, si me dedico a abastecerla como es debido, se convierte en otro tiempo enorme de entrega. No creo que sea una pérdida de tiempo, sobre todo en momentos de crisis.

A ratos, uniéndome a causas virtuales, a redes ideológicas, me doy cuenta que se convierte de libro de old boys con guiños simpáticos en territorio de debate que absorbe los paneles de discusión, abundantes en internet, y los organiza. Pero cada vez que abro Facebook me doy cuenta que debería esclavizarme o dejarlo. La semana que llevo me han pasado tantas cosas, me he encontrado con tanta gente, que me imagino que recorro la calle saludando conocidos y desconocidos con emociones fuertes y encontradas.

Hay políticos que están en Facebook y tienen más de mil amigos. ¿Se puede tener mil amigos? Yo no llego a los cien, y es natural. No llego a los dos dígitos al contar las mujeres que se cruzaron en mi vida desde mi adolescencia. Creo que debo escribir en Facebook sobre la crisis. Me empujan al blog y yo confío en la prensa. Me atrae el tono lúdico de esta red de amigos que se tragará todos los Fotologs y hasta a YouTube, así como siguen las cosas.

Mi amigo premonitorio me anuncia el internet biológico, el palm mp8 celular computador subcutáneo, el chip vigilante desde la niñez, de alguna manera la transformación del simpático y cordial Facebook en máquina de espionaje y vigilancia. El cyborg tan anunciado, medio hombre, medio máquina. La gran prótesis neuronal.

Mientras tanto, la crisis, como siempre, nos encontrará hechos un lío, endeudados, a medio andar, sin saber cómo hacerlo, buscando culpables que no hay fuera de la intrínseca fragilidad del capitalismo desde que apareció sobre la tierra hace mucho, mucho tiempo. Así que mejor, mientras las malas noticias llegan, enterarse que en Facebook te encuentras con tu compañero de asiento en primero básico. Da una sensación de rara compañía. Virtual, pero compañía. Estamos tan solos. LND

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