
Lunes 9 de junio de 2008
Barack Obama ganó la primera batalla al convertirse en el primer mestizo norteamericano que consigue ser candidato de uno de los dos grandes partidos. Es un liberal que ha prometido introducir regulaciones en el funcionamiento de Wall Street, está dispuesto a hablar y negociar con los enemigos de EEUU y terminar con la guerra de Irak. Es todo lo contrario de lo que representa el actual Presidente Bush. También se ha distanciado de Hillary Clinton, que ha sido vista como demasiado washingtoniana en un país en el que late una larga desconfianza con el Distrito Federal del Potomac. Habla con una elocuencia espontánea de las divisiones raciales en EEUU, de la ruptura entre las clases sociales y de un mundo viejo que se agotó. Su retórica es brillante y hace vibrar a las audiencias multitudinarias con un lenguaje propio de los Kennedy o de Martin Luther King.
Es la historia de un éxito. Pero no hay que caer en los cuentos de hadas y dar por hecho su llegada triunfal a la Casa Blanca el próximo 20 de enero. Ha desorientado a sus adversarios, se ha batido con Clinton y hasta ahora no se detecta la posibilidad de que pueda ser el próximo Presidente. Pero tiene el instinto de un alienígena en las turbulentas aguas de la política de la primera potencia del mundo. Se educó y creció fuera de EEUU, en Indonesia por su madre blanca y en Hawai por sus abuelos paternos. Es americano, qué duda cabe, pero no podía ser más atípico. Quizás por este distanciamiento, por ir tan ligero de equipaje, es admirado por los que le han votado. Es posible que sea Presidente. Incluso probable. Pero empezó la gran batalla que hasta ahora se ha librado en las primarias de los estados.
(www.lavanguardia.es/lalibreta/index.html)