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  A propósito de reforma del Estado

  La reforma requiere una política consensuada, con respaldo y perspectiva de hacerse realidad. Nos ayudaría a resolver mejor los problemas de la sociedad y a hacer un país más cohesionado.

Lunes 9 de junio de 2008

*Profesor del Departamento de Gobierno y Gestión Pública, INAP de la U. de Chile

En definitiva, el Estado es importante, y quizás más en estos tiempos de tanta incertidumbre. Algunos vienen descubriendo hoy que en el siglo XXI se requiere algo más que un Estado coordinador. El Estado nace como organización política de la sociedad para asegurar la posibilidad de que los sujetos integrantes de una comunidad sostengan un acuerdo básico, que les permita coexistir y buscar los mecanismos para la articulación de los esfuerzos de todos por progresar.

De cualquier manera e independiente de las explicaciones que distintas doctrinas políticas tienen sobre la existencia del Estado, y de los malos vientos que le corrieron en los '80 y parte de los '90, lo interesante es que todos reconocen su plena vigencia como organización política en los tiempos actuales. De hecho, hace más de diez años, en 1997, en su Informe sobre el estado de la economía en el mundo el Banco Mundial alertó sobre el potencial fracaso al que se verían expuestos los esfuerzos de desarrollo de aquellos países que no consideraran el papel de los Estados. De allí en adelante, en prácticamente todo el planeta se entendió que existía la necesidad de iniciar la búsqueda de un adecuado equilibrio entre los roles del Estado y el mercado.

Al Estado se le pide hoy una variedad de papeles y roles: debe regular en la medida adecuada para estimular el desarrollo productivo y comercial, preocuparse por la reducción de la pobreza, también de las inequidades, proteger de modo conveniente a las personas y sus bienes, liderar los procesos de inserción en la economía mundial, preocuparse del cuidado del medio ambiente, producir políticas públicas de carácter intersectorial y que den cuenta de las complejidades de los tiempos, debe preocuparse del desarrollo equilibrado de las regiones, debe asegurar el ejercicio de derechos, debe preocuparse de la cohesión social, de la innovación, de la competitividad, de los problemas emergentes, entre algunas cuestiones más urgentes. Esto no significa desconocer las tareas que parecen parte integrante de las acciones básicas en el ámbito de la educación, la salud, la justicia, la vivienda, entre otras, a lo que podemos agregar la institucionalidad política.

Si esas son las tareas, ¿cuál es entonces el Estado que necesita Chile? En distintos momentos, los gobiernos de la Concertación han realizado definiciones importantes acerca del tipo de Estado que debiéramos empeñarnos en construir, y en efecto el Estado que tenemos ahora es muy distinto de aquel con que comenzó la década de los '90. Los avances han sido notables, gigantescos, notorios, pero aún así insuficientes.

Hace bien el ministro Pérez Yoma en preocuparse por la reforma del Estado, no porque lo hecho sea poco o malo, sino porque es un deber ineludible como Gobierno. El ideal es que su discurso no se quede allí. Si se quiere avanzar habrá que asumir varias cuestiones a partir de esta nueva posibilidad de reforma. Entre ellas, se presenta una nueva oportunidad para dar lugar a un proceso algo más democrático para definir cuál es el tipo de Estado que queremos construir, cuáles son sus valores, esto nos debe llevar a reestablecer un nuevo marco de relaciones entre el Estado y la sociedad. Punto de partida necesario, la deliberación entre los diferentes actores sociales y políticos. El mecanismo, un proceso de diálogo. La sociedad del futuro deberemos construirla entre todos.

Otra es que la reforma es un proceso permanente, no un momento. Por eso, la mayoría de los países ha establecido la función de la reforma y la ha radicado en algún nivel de primera línea en la estructura gubernamental, de forma de generar continuidad a los esfuerzos y un sólido respaldo político al proceso. El mecanismo, la reinvención de la Pyme. El proceso debe ser conducido y regulado.

Quizás una tercera cuestión tiene que ver con la búsqueda de una visión multidimensional de la reforma del Estado, que contiene dentro de sí un conjunto de reformas y transformaciones donde, una vez definido el tipo de Estado a establecer, encontramos al menos lo que tiene que ver con lo institucional, lo organizacional, lo cultural, las políticas, la gestión, la estructura, lo operacional. El mecanismo, una política de Estado. El enfoque, global.

En suma, la reforma del Estado requiere una política de Estado consensuada, con respaldo y perspectiva de hacerse realidad. Ello nos ayudaría a competir mejor, a resolver mejor los problemas de la sociedad y a hacer un país más cohesionado y en una de ésas más desarrollado.

 

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