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  Mario Gasc: el último caballero del fútbol

  Mario Gasc: el último caballero del fútbol

  Juez implacable en la cancha, periodista formado en los talleres de impresión. Estuvo 15 años en "Zoom deportivo", patentando sus "Jugadas Polémicas". Mario Gasc dejó una huella como el árbitro de los árbitros que hasta ahora nadie ha podido igualar.

Lunes 9 de junio de 2008

Un bigote cuidado, camisa impecable y colonia de caballero es la primera imagen del periodista y ex árbitro Mario Gasc. Pasea entre los cuadros de su esposa Miriam, mientras con entusiasmo habla de tango y muestra fotos de sus días de traje negro y silbato. Fueron días de fútbol y reporteo hecho a pulso, viajes por el mundo intentando hacer justicia en la cancha, un árbitro respetuoso y respetado, un caballero del fútbol.

Recorrer la historia de Mario Gasc es como adentrarse en un tiempo pasado donde los futbolistas eran deportistas serios, criados en cancha de tierra, esforzados y humildes. Un tiempo donde el periodismo era una profesión respetada, un oficio de calle y máquina de escribir. Otros tiempos.

Linotipia y silbato

Mario Gasc se arrancaba del servicio militar para trabajar en linotipia, oficio que aprendió de su padre. En las grandes máquinas del diario Tarapacá de Iquique, comenzó su amor al periodismo, entre papeles y manos manchadas con tinta. El taller de impresión lo enamoró a los 18 años, luego vendría la crónica y la máquina de escribir.

Varios años después reemplazó a su padre en los talleres de Zig Zag y se atrevió a escribir.

No sólo nacía el periodista por esos años, también lo hacía el árbitro. La Asociación Central de Fútbol dictaba un curso de cuatro meses del cual egresó con las mejores notas. Recuerda que su gusto por el arbitraje nació de su impotencia como jugador: "Siempre tenía discusiones, peleaba con los árbitros, era un puntero derecho, rápido y mañoso".

Nunca se imaginó arbitrando primera división o partidos internacionales, lo suyo era la liga, el fútbol de barrio. Incluso fundó un equipo, sólo por amor: "Yo había creado un club en San Miguel, cerca de la casa de mi señora. Sus papás no nos dejaban pololear, así que yo armé el equipo en la esquina de su casa".

Desde su club Cinthia, que aún sobrevivía en los 70, hasta arbitrar partidos internacionales pasó poco tiempo porque "conocía muy bien a los jugadores, yo mismo había sido un jugador díscolo, alegador. Además me respetaban porque un jugador podía ser un pelafustán pero jamás dejé de tratarlo con respeto", recuerda.

A partir de 1963 comenzó a arbitrar fuera de Chile y de cada viaje traía una crónica que publicaba en las revistas Gol y Gol, Vea o Estadio, refugiado en un seudónimo.

El golpe militar y la confusión generalizada provocaron que renunciara al arbitraje y a su trabajo en la editorial. Así, decidió dedicarse al fútbol completamente, siendo gerente de Unión Española durante 1974 y 1975, años en que también salieron campeones y participaron en la Copa Libertadores.

Fue en La Tercera que comenzó el trabajo que lo haría famoso: revisar el desempeño de los jueces cada semana. Su sección se llamaba "Los árbitros al banquillo" y 10 años después provocó su llegada a Televisión Nacional. "Zoom deportivo" sería una de las épocas más felices de su vida, había investigación, reglamento y fútbol, mucho fútbol.

Se juntan los recuerdos, la memoria, nombres de futbolistas de la vieja escuela, periodistas, hazañas, anécdotas y recuerda con cariño cómo se formaban los reporteros: "El buen periodista es el que se forma en el diario escribiendo, redactando todos los días. Julio Martínez, Sergio Livingstone, José María Navasal, grandes periodistas, no pasaron por la universidad pero aprendieron trabajando".

El 2000 terminó una etapa importante, le dijeron que la falta de audiencia, que habían pocos auspiciadores, que el "Zoom" se acortaría, lo cierto es que el 18 de diciembre se pudo ver la última edición de "Las jugadas polémicas". Marca registrada del ex árbitro y periodista, las jugadas se fueron con él, ya nunca volverán a ser como eran.

Aunque algunos han tratado de imitarlo, Mario Gasc no se preocupa mucho. Hace varios años que no ve el "Zoom deportivo", pasa sus días enseñando tango en el Centro Cultural de Providencia, junto a su esposa Miriam. Ella ha sido su compañera, esposa y amiga, nunca se entusiasma más que cuando habla de sus cuadros, tejidos, baile y alegría.

Hoy ve el fútbol por televisión, aunque no esconde su desagrado por los nuevos relatores. Para él, ni el fútbol ni el periodismo son como antes, han perdido el romanticismo y el oficio. Este de acuerdo quien este de acuerdo, lo cierto es que su voz es autorizada, es la voz de un hombre que partió imprimiendo diarios en un taller y dirigiendo fútbol de barrio. Con puro trabajo llegó a ser periodista y se metió en la memoria de Chile con su bigote y las siempre recordadas "Jugadas Polémicas".

 

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