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  The office: la neurótica vida del trabajador promedio

  The office: la neurótica vida del trabajador promedio

  Un extraño experimento televisivo británico que, curiosamente, los gringos perfeccionaron hasta convertirla en una de las comedias más extravagantes y originales actualmente al aire.

Viernes 13 de junio de 2008


Apenas cruzamos la puerta de esta particular oficina nos sentimos en un ambiente inquietantemente familiar. Allí está el constante ruido de teléfonos, faxes, impresoras y puertas que se cierran, allí está la secre, los sacadores de vueltas, el jefe y su infaltable lame botas. Allí también esa decoración estándar, con boxes y escritorios repartidos en promiscua convivencia, entre una que otra planta de interior. Todo envuelto en un formato documental en el que la cámara aparece como un personaje más, nosotros mismos, espectadores de esta realidad tan cotidiana, mediocre e intrascendente como la vida misma.

Se trata de "The office", un extraño experimento televisivo británico que, curiosamente, los gringos perfeccionaron hasta convertirla en una de las comedias más extravagantes y originales actualmente al aire.

Reflejo de las neuróticas relaciones laborales del siglo XXI, el visionado de cada episodio va acompañado de una extraña sensación de perplejidad. No nos reímos a gritos, porque las situaciones por las que pasan Michael Scott y sus subordinados (una oficina como muchas) nos parecen remedos de nuestra propia realidad. Cada personaje es un estereotipo y un universo propio a la vez, cada situación un eco de un momento ya vivido, o perfectamente posible.

Por algo hacen nata en Youtube, los videos de empleados psicóticos destrozando sus escritorios. Mientras lo pensamos, recordamos todos los memos absurdos que hemos leído una vez, todas las reuniones infructuosas, todas las pedidas de plata para regalos de cumpleaños de gente que nunca nos cayó bien, y a todos aquellos compañeros de oficina que se enamoraron en el trabajo y que debieron ocultar su relación por años para congeniar con las "políticas de la empresa".

Parte importante de este extraño efecto proviene del formato audiovisual. En "The office", los personajes se pasean todo el tiempo frente a una cámara subjetiva. De vez en cuando intiman con ella, cuando responden las supuestas preguntas de un equipo de filmación que nunca vemos. No hay risas grabadas, ni fanfarrias musicales para indicarnos cuando debemos reír. De hecho, no hay música en absoluto, salvo la de los títulos, o la que pueda salir de una radio encendida. Acá los silencios son más demoledores que los ingenios verbales del doctor Gregory House y muchas veces provocan los mejores momentos de cada episodio.

Si siguiéramos esa moda que dice que hay que llamar docurealitys a los documentales televisivos, entonces "The office" sería una documedia. Única en su género, especial en su sentido del humor, liviana, pero para nada idiota, una serie sobre la que no existen medias tintas: o congenia con su estilo de humor y la adora, o la encontrará la cosa más aburrida que jamás haya visto en pantalla.

Título: The office
País: USA
Año: 2005-2008
Género: Comedia
Elenco: Steve Carell, Rainn Wilson, John Krasinski, Jenna Fischer y B.J. Novak
En el cable: FX / Lunes, 21:00

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