
Viernes 20 de junio de 2008
Hace poco la prensa dio sin mayor realce la información de la muerte de Carmen Silva, una de las más destacadas exponentes del arte pictórico en Chile y el continente, al extremo de que nuestra oligarquía en muchos casos no pudo ignorarla. En muchas casas de afortunados tener un "Silva" era muestra de cultura y buen gusto, aunque no se entendiera para nada el mensaje que ellos encerraban.
La conocí en Ecuador en 1975. Ella, más que dedicada a la pintura o las clases de arte en la Universidad Central, estaba entregada a la causa de la solidaridad con Chile y era sin discusión la figura más importante del exilio chileno allí y su preocupación permanente había dejado de ser la pintura para asumir las tareas que imponía la lucha contra la dictadura de Pinochet. Entablamos una relación que tuvo un poco de muchas cosas: largas discusiones, planificación de tareas, apoyo a nuevos compañeros que llegaban y ayuda al retorno secreto de otros. Carmen, sin embargo, no había abandonado definitivamente la pintura.
Descendiendo de una familia aristocrática, sus herramientas de trabajo más productivas eran sus pinceles. Ahora los ocupaba solamente cuando las necesidades del exilio requerían su presencia en otros lugares de América o Europa. En Ecuador también sus cuadros valían verdadera fortuna. Así financiaba sus viajes y con su trabajo personal en la universidad, los gastos corrientes de la vida diaria.
Es complejo describir la personalidad de Carmen. Poseía una humanidad sin fronteras. El golpe más fuerte que había recibido en su vida era el asesinato del Presidente Salvador Allende, cuyos ideales compartía. Organizadora tenaz, era capaz en un día de emprender cualquier manifestación. Lo otro que definía su quehacer era su dedicación a las comunicaciones. En Ecuador fundó el periódico Alerta, que se difundía por toda América Latina. Parecía que para ella nada era suficiente cuando se trataba del Chile sometido.
Pronto en Ecuador Carmen se hizo famosa no sólo por lo político sino por su talento pictórico. Muchos de sus alumnos resultaron de una categoría relevante y con orgullo se autodefinían como integrantes de la escuela de Carmen Silva. Esto no lo hacía a ella cambiar un ápice sus intereses fundamentales, aunque su presencia haya significado una verdadera revolución en la pintura ecuatoriana, caracterizada por figuras tan universalmente reconocidas como Oswaldo Guayasamín y muchos otros. Recuerdo como anécdota cierta vez que por razones familiares Carmen debía viajar, creo que a Canadá, para ello pintó un par de cuadros y los puso en venta. Un abogado chileno que había hecho negocios en Ecuador se interesó por uno y habló con Carmen para hacer un negocio acompañado por su señora. Una vez en el taller, mostró al matrimonio una obra de colores impresionantes que representaba una típica morena porteña acarreando un cesto con ropa. La mujer del abogado soltó un grito: "¡Pero Carlos, cómo se te ocurre que el cuadro de una negra va a adornar nuestro living!". Carlos se limitó a preguntarle a Carmen, sacando su chequera: "¿Cuánto vale?". Carmen puso su cara de niña orgullosa y maldadosa: "Para tu mujer, ni todo el oro del mundo".
Gestos como éste la hicieron vivir muchas veces cerca de la miseria, pero orgullosa de la consecuencia con sus valores. Hoy, ha muerto. No son muchos los que hablan. Hace un par de años la vi. Seguía tan vital como antes, vivía en el barrio Bellavista, dirigía una junta de vecinos y luchaba contra la nefasta presencia de las mafias de la droga y el crimen. No por eso había dejado sus ideales políticos, que se identificaban con los auténticos del socialismo, igualdad y fraternidad, entre todos.
Carmen era un golpe en la conciencia de quienes han olvidado ciertos principios esenciales. Su muerte no es sentida como debiera ser la de una luchadora de tanta trayectoria. No hay duelo nacional ni grandes marchas ni fanfarrias, ha muerto rodeada de los pobres, de los vecinos, del pueblo, "de los ciudadanos". Su amor al prójimo fue tan inmenso que creo que con eso le bastaba y le sigue bastando.