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  Bajo la sombra de Madame Gil

  Bajo la sombra de Madame Gil

  Un mago, un chamán, tres taroristas y más de una cincuentena de personas se dieron cita en el mismo lugar en el que la francesa consolidó la estafa de los famosos quesitos. Los coltauquinos, quienes aparentemente quieren olvidar, se entregaron mansitos a la magia y al desenfreno de una noche que organizó Germán Reckmann, uno de los pocos que tuvo trato con Madame Gil y que no fue estafado.

Domingo 29 de junio de 2008

Hace dos años, o tal vez más, una francesa conocida como Madame Gil causaba impacto entre los coltauquinos con el negocio llamado de los quesitos. Es negocio seguro, decían los primeros que recuperaron la inversión, por lo que lo de los quesitos pasó a ser un secreto a voces. Por eso, unas personas agradecidas de la madame decidieron organizarle una recepción y fueron hasta el Centro Turístico Entre Álamos y Cachapoal, una antigua casona, con un predio igual de antiguo y extenso, para conversar con Germán Reckmann Arce, heredero a cargo, y conseguir el arriendo del lugar. El resto de la historia es sabida: Madame Gil se reunió con los coltauquinos, les prometió el oro y el moro, y todos brindaron por ella y por su generosidad.

Hoy ha pasado el tiempo y la madame está acusada de estafa, pero las dependencias de este predio, alejado del centro de Coltauco y de difícil acceso, se han ampliado y parece que seguirán creciendo. A mí me pagó todo, cuenta Germán Reckmann Arce con orgullo, luego de hacernos pasar a la propiedad de sus abuelos maternos. Germán es un tipo relativamente joven, luce una capucha y un abdomen prominente, y sus modales son delicadamente educados. Hace frío a las afueras de este pueblo de la Región de O'Higgins, pero Germán no está abrigado. Hoy será una noche mágica, asegura. Habrá tarotistas, un mago, chamanes y las típicas "pruebas" de la Noche de San Juan. Cuando Germán quiere completar la idea, se le acerca un perro labrador y lo interrumpe. Después dirá que es su perro, que se llama Solito y que lo conoció cuando él andaba solito, pero ahora él, Germán, está enojado con Solito, porque se comió unas presas de pollo. Al observar a Solito me percato que también está un poco pasado de peso y concluyo que la alimentación de Coltauco es la causante de tanto abdomen prominente.

Caminamos por un sendero iluminado por velas embutidas en cambuchos de papel kraft, hasta que llegamos a un granero refaccionado. Pienso que perfectamente podría haber arrendado el lugar para las grabaciones de "La granja VIP", pero Germán me advierte que no cuenta con alojamientos. ¿Desde hace cuánto celebras la Noche de San Juan?, le consulto, y él responde que desde hace siete años, cuando decidió compartir esta noche, que festejaba junto a un grupo de amigos, con la comunidad coltauquina. Es mi manera de aportar con un grano de arena a mi pueblo, dice. Pero lo que no entiendo es por qué cobra diez mil pesos por persona. Tal vez porque las cosas acá funcionan así, vale decir cualquier aporte se cobra, como lo hizo Madame Gil. Imagino cómo será acá la recolección de dinero para la Teletón o para las campañas del Hogar de Cristo.

La gente llega

Un grupo de mujeres que celebran el cumpleaños de una amiga son las primeras en llegar a las afueras del granero. Son mujeres jóvenes y se ven como si ya se hubieran tomado unos pisquitos sour. Todas saludan a Germán, y éste contesta desganado, como diciendo ay, ya llegaron ustedes, ¡qué lata! Pero como dije, Germán es educado y las hace ingresar. Adentro todo es distinto: dejando de lado las mesas con los cubiertos encima, lo más llamativo son una carreta antigua, antorchas y un muñeco llamado Juaniquillo, que pronto será quemado junto con las malas cosas del año pasado y que los asistentes pegarán a él con un alfiler. Además de la Noche de San Juan, también se festejará el Año Nuevo mapuche.

¡Te traje a las chiquillas!, exclama una señora que pronto se identificará como Mariana Rodríguez, propietaria del restaurante El Otro Cuento, ubicado en San Vicente de Tagua Tagua. Al escuchar que se quemarán las cosas malas, Mariana dice que le acaban de asaltar el restaurante el sábado antepasado. Pero cómo, replico indignado, ¿y no que ahí está la mejor comisaría de Chile? Para que veas, dice ella, como confiando más en esta noche que en Carabineros.

Germán les explica a las veinte mujeres que han ido llegando que en los tres papeles que les ha entregado deben poner las cosas malas, la cosas que desean para el próximo año nuevo mapuche y una cosa para la gente que les rodea. ¡Qué entretenido!, comentan varias al unísono. Enseguida les detalla lo mismo para el ramo que les obsequia y que contiene laurel (suerte), romero (dinero) y canela (amor). Casi todas las mujeres dicen que el ramo tiene poca canela, otras que poco romero, y una señala que nunca le ha funcionado el laurel. A lo mejor lo usa para preparar, comenta Germán, y luego, usando un micrófono inalámbrico, informa que esta noche vamos a repetir la siguiente frase: "Por la fuerza de esta noche mágica ato el amor hacia mí".

Entre estofado y estafado

Mientras como lo que supuestamente es un estofado de San Juan guiso con todo tipo de carnes , me viene a la memoria F, quien es una adicta a todo lo llamado "espiritual". Sin ir más lejos, ha leído varios libros de metafísica, cree que los sueños son un aviso de algo, tiene una amiga que le regala velas de variados colores dependiendo de la necesidad espiritual y, durante un tiempo, tuvo una guía. Pienso en ella y creo que estaría muy contenta aquí, junto a las casi cincuenta mujeres que ya han arribado. Parece despedida de soltera, dice el fotógrafo eventual que me acompaña, ya que Hoppe me engaña con su novia en Buenos Aires, en una improvisada luna de miel.

Observo las mesas y a la gente que las ocupa, y me percato que en la de la cumpleañera todas beben y bromean. El anfitrión se aproxima a la mesa y anuncia que hay una gallina que predecirá cuál de todas estas mancebas se casará durante este año, pero les advierte que la gallina está muerta de hambre. Yo también, salta una mujer. No me refiero a sexo, replica Germán, con picardía.

Mientras estoy en la barra del granero, un mago recorre las mesas y tres tarotistas le tiran las cartas a las chiquillas en unas casetas ubicadas a los costados de la entrada. Pero mejor centrémonos en la barra, en donde hay tres sujetos hablando animadamente y a quienes interrumpo para preguntar si alguno de ellos fue estafado por Madame Gil. Algo sé del tema, contesta la persona encargada de la amplificación. Consúltele cuánto perdió, tercia un joven peladito. El encargado de la amplificación, Renato Vidal, reacciona rápidamente y señala que sólo perdió 400 mil pesos. Bueno, en un comienzo fue un millón, pero con las utilidades quedó en los 400 que le dije, aclara.

Renato cuenta que el día en que Madame Gil estuvo aquí hace años le tocó, al igual que hoy, amplificar, pero le debo decir, precisa, que la mayor cantidad de gente no se metió ese día en el negocio de los quesitos, sino después de la devolución de impuestos. Miro a Renato, recuerdo el estofado que devoré y concluyo que entre estofado y estafado hay escasa diferencia, al menos por esta noche.

La medianoche

El tiempo en el campo transcurre de otra manera, quizá más rápido, y por eso ya es medianoche y todos se toman de las manos en un círculo místico alrededor de una fosa llena de brasas ardiendo. Como en la última hora arribó un chamán llamado Chupala o algo parecido, es él quien dirige la ceremonia, junto a las tres tarotistas y a Germán, quien las oficia de vocero repitiendo lo que dice Chupala a través del micrófono. Imagino que si la Presidenta Bachelet fuera el chamán, Germán podría ser como Francisco Vidal.

Señor, bendice esta unión para bendecir el agua, los ramos, el humo Que las bendiciones sean para aquellos que pensaron en alguien que se quedó en casa. Señores, la Pachamama nos bendice y ¡feliz Año Nuevo mapuche!

La gente se abraza como si fuese la medianoche del 31 de diciembre. El chamán, sin perder tiempo, toma el ramo de laurel, canela y romero, lo sumerge en una fuente de agua ubicada delante de la fosa de brasas ardiendo y comienza a salpicarnos. A algunos, incluso, los azota fuerte en la espalda para, según dice, espantar las malas vibras.

Y ahora todos a quemar a Juaniquillo, anuncia Germán en clímax.

Salimos al frío y avanzamos por un terreno fangoso hasta una pira ardiente, donde dos empleados lanzan el muñeco al fuego. Me quedo contemplando el fuego por tanto rato que olvido dónde estoy y qué hago ahí.

Al tratar de reponerme me encuentro cara a cara con Víctor "El Chueco" Merello, el habilidoso mediocampista de Cobreloa, y menos comprendo la situación. Cuando empiezo a desesperar, Merello, mi ídolo de infancia, me zamarrea y me dice soy yo, huevón, soy yo. Ahora lo veo más claro: es Esteban, el fotógrafo, a quien lo conocen como Merello. Y me desilusiono de esta Noche de San Juan en Coltauco, porque una de las cosas buenas que había pedido era encontrarme con el auténtico Chueco Merello. Chueca noche es lo que exclamo cuando subo al automóvil para regresar a Santiago. LND

 

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