
Domingo 29 de junio de 2008
Bien, Alan. Eso se llama hacer bien las tareas. Algo de razón tenías aquella vez en Lima, hace algunos años, cuando competías con Lourdes Flores en las elecciones presidenciales, cuando ella te sacó en cara que habías dejado a Perú en la ruina y tú nos dijiste a los corresponsales extranjeros que habías aprendido de tus errores. Algunos te creímos, otros no. Pero te aseguro que nadie supo ver cuánto habías aprendido. Aquella vez no te fue bien en las urnas, pero el germen ya estaba plantado. Algo más se notó después, cuando dijiste que tomarías a Chile como modelo para superarlo. Nada de tonto tú. Tomar el discurso nacionalista de "vencer al enemigo" y darle una vuelta de tuerca "superar al rival" suena mucho más civilizado, deportivo, competitivo y moderno.
Y aquí estás ahora, mandando cartitas a nuestros empresarios para que vayan a invertir a Perú. A los nuestros y a otros. La mano de obra barata y la energía a bajo costo atraen capital de todo el mundo, ese capital que no tiene nacionalidad. Ese capital que pide a gritos la intervención estatal cuando necesita ayuda, excusándose en la cantidad de empleados que se quedarán sin trabajo cuando sus empresas se vean obligadas a quebrar por el precio del dólar, de los combustibles, por las malas cosechas o porque la situación internacional así lo ha dispuesto. Ese mismo capital que se marcha a lugares como Perú o Micronesia cuando los costos de producción son más bajos allí, sin importarle un carajo los mismos empleados que ahora deja cesantes y que antes usaba como excusa para pedir ayuda. Ese mismo capital que crucifica la intervención estatal cuando le puede bajar su margen de utilidades.
Buena lectura del mapa hizo Alan García cuando llegó al sillón-trono. Chile había explotado su primer lugar del curso hasta la saciedad hablando de sus ventajas comparativas. Era hora de hablar de las de Perú. Después de todo, Toledo ya le había hecho buena parte de la pega. Primero, la infraestructura; segundo, los marcos regulatorios, o normas claras, como les dicen los que invierten. Tercero, instituciones que funcionaran de verdad, algo bastante difícil después del gusto y la eficiencia que tenía Fujimori por hacer instituciones a la medida de su oriental teoría del poder.
Y ahora tus ventajas comparativas atraen capitales como moscas a la miel, y hasta los rotos del sur te miran con envidia.
Buena también eso de entrevistarse con Sebastián Piñera justo cuando el asunto del diferendo marítimo llegaba hasta el Tribunal de La Haya. Pero nada de qué extrañarse. Ya habías dicho que ese asuntillo político-diplomático no tenía que interferir con nuestras normales relaciones de países hermanos. Entendiendo eso como países que comercian. ¿Qué mejor que entrevistarse con un empresario exitoso y candidato presidencial descollante como Sebastián Piñera justo en esos días? Eso sí que es llevar a la práctica lo de una mano acogedora y otra mano dura-castigadora, o como se le quiera llamar.
Pero ahora que has adoptado la "vía chilena al desarrollo", déjame darte un par de consejos. Primero, recuerda que ese salto al grupo de los que comen en la mesa con doble mantel y cubiertos de plata tiene tres etapas claramente diferenciables. Ya estás bien con la primera, la de la infra, las normas claras y la de las instituciones, todo al servicio del mercado. Todavía te falta la segunda, que tiene que ver con el uso de tecnologías de la información y la comunicación. Y la tercera, que dice relación con el uso de esas tecnologías para potenciar la innovación. Además, te recuerdo que es una mesa de tres patas: individuos, Gobierno y empresas (y que las mesas de tres patas suelen ser algo inestables). Ten en cuenta que esto no lo digo yo, sino que el Foro Económico Mundial en su informe de competitividad, esa suerte de manual de cómo ser exitoso en una selva globalizada y llena de caníbales.
Pues bien, te advierto que la mayoría de tus amiguis inversionistas son buenos mercaderes, pero no tan buenos innovadores. Básicamente porque la innovación tiene que ver con el cambio y los inversionistas suelen ser conservadores. Muchos te dirán que eso es falso, pero piénsalo bien, conservador es aquel que tiene algo que conservar ¿O no? Y para conservar lo mejor es que las cosas no cambien, o no mucho, por lo menos.
Y cuando de masificar las tecnologías de la información se trata, la desconfianza natural de ese 10% que según ellos hace avanzar al país y el mundo, aflora. Eso del Messenger baja la productividad, los empleados se dedican a copuchar en lugar de hacer la pega. Y los computadores son armas peligrosas, no sólo sirven para hacer planillas Excel, sino para que vean YouTube, que también distrae. Acuérdate también, Alan, que para hacer un país competitivo, es fundamental una educación de calidad. Y hasta donde disponemos de datos duros, la educación estatal de los países que han dado ese salto es incomparablemente mejor que nuestra muy chilena educación de mercado, donde la competitividad inexplicablemente no ha dado resultado y la buena educación sigue siendo patrimonio exclusivo y reservado para aquellos que pueden pagarla. Pero tú algo debes saber de ello, si no me equivoco estudiaste en la Complutense y La Sorbonne. ¿O no? LND