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Hacia una Latinoamérica autónoma y democrática
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A la búsqueda de una alianza entre proletarios y burgueses (1933 – 1958)
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Allende y el gobierno de la Unidad Popular (1969 – 1970)
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“Allende”
Diputado y senador
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Las propuestas económicas de la Unidad Popular
Nacionalización del cobre
Con viril energía
La cómplice secretaria del Presidente
Allende y la libertad de prensa
 
 
Legado de la visión allendista en el Socialismo del siglo XXI
Hacia una Latinoamérica autónoma y democrática

Por Carolina Pezoa Ascuí

En la actualidad no son pocos los países de América del Sur que experimentan profundos cambios políticos, económicos y sociales, en un mundo remecido por la globalización.

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16 kbEn toda la Historia del hombre las relaciones internacionales nunca han sido fáciles de sobrellevar. Basta con mirar hacia el pasado inmediato para constatarlo. El siglo XX no se caracterizó por ser una centuria de paz, armonía y fraternidad. Más bien todo lo contrario.

El Gobierno del Presidente Salvador Allende (1971-1973) se dio en un contexto marcado por la bipolaridad ideológica de los países, pocos de los cuales fueron reticentes a seguir los mandatos hegemónicos de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) o de Estados Unidos. Uno de ellos fue el chileno.

Continuando con la tradición diplomática de Chile, La Moneda mantuvo la postura de relacionarse con todos los Estados, independientemente del tipo de Gobierno de turno. Y, sobre todo, de respetar el derecho de todos los ciudadanos de plasmar en las urnas el modo de conducción interna que mejor representara sus intereses.

Casi 40 años después no son pocos los países latinoamericanos que hoy experimentan profundos cambios políticos, económicos y sociales, en un mundo remecido por la globalización, donde la recuperación de los valores latinoamericanistas se enarbola como uno de los principales objetivos.

Elecciones democráticas

El analista político ecuatoriano Francisco Rocha, considera que uno de los legados Salvador Allende fue demostrar que "es posible una izquierda con elecciones libres y que la democracia se construye con todos los actores, incluida la oposición".

En la América Latina actual, todos los mandatarios de corte izquierdista que han llegado al poder en elecciones presidenciales, al igual que Allende, tuvieron tras de sí movimientos políticos que fueron capaces de recoger los reclamos de vastos sectores populares históricamente excluidos.

Un ejemplo es Bolivia, donde en el 11 de diciembre de 2005 fue electo el primer Presidente indígena del continente, Evo Morales, quien apoyado por sindicatos de trabajadores y cocaleros, además de organizaciones sociales, obtuvo el 53, 74% de los votos. "La experiencia de Chile ha servido como ejemplo del cómo vincularse con los sectores populares", afirma el diputado constituyente boliviano, Raúl Prado. En agosto, los bolivianos volverán a las urnas para seguir aplicando la democracia a través de un referéndum revocatorio de las principales autoridades.

El apoyo ciudadano también fue crucial para los actuales jefes de Estado de Ecuador, Venezuela, Uruguay y Paraguay. En abril, Fernando Lugo derrotó a la preeminencia política que por 61 años detentó el Partido Colorado paraguayo.

El llamado Socialismo del siglo XXI también pretende erigirse hoy como un muro de contención frente a un neoliberalismo, propugnado en gran parte por Estados Unidos y Europa.

Este panorama ya lo vislumbraba Salvador Allende, quien formulaba como alternativa "la aceleración de la evolución en la dirección latinoamericana, autónoma, propia".

Según María Paula Romo, asambleísta afin al Gobierno del Presidente de Ecuador Rafael Correa, la sociedad ecuatoriana ha mantenido esa línea, postura que el actual Ejecutivo "por primera vez asume como una posición de Estado".

En tanto, para el diputado del Movimiento al Socialismo (MAS) de Bolivia, Raúl Prado, en el legado de Allende, además de destacar su defensa al derecho a la autodeterminación de las naciones, se debiera resaltar el llamado que hizo a la "no intervención en los asuntos internos". "(Petición que) no sólo pregonaba si no que también intentó aplicar" el ex Mandatario chileno, agrega el politólogo ecuatoriano Francisco Rocha.

Pero las críticas al intervencionismo también pueden tocar a líderes latinoamericanos. Rocha destaca que la tesis del no-intervencionismo se refleja actualmente en que los países no quieren estar bajo el tutelaje de nadie. "Queremos ser tratados como iguales y que no por los recursos del petróleo alguien quiera dirigir América Latina", precisa el experto ecuatoriano, en alusión al Presidente venezolano quien también ha sido acusado querer intervenir en la política interna de sus vecinos, lo que Caracas descarta.

Integración

En sus discursos y actuar Salvador Allende abogaba primero, por estrechar los lazos de Chile con sus vecinos y, segundo, por afianzar la unión latinoamericana. En su momento, ello se vio reflejado en el impulso que el Mandatario le quiso dar al Pacto Andino y a la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (Alalc), creado el 18 de febrero de 1960 por el Tratado de Montevideo.

Al respecto, el diputado chavista Mauricio Mundarra sostiene que la alianza de Latinoamérica "era un pensamiento universal que nos ataba, que nos unía y hoy, ciertamente se está haciendo realidad (abriendo) un espacio de relaciones más allá de nuestras fronteras". "La idea es buscar la unidad del continente y sistemas de equidad e igualdad", añade la ecuatoriana María Paula Romo.

Fue en esa búsqueda de concertación y coordinación política y diplomática de la región que se oficializó el 23 de mayo de 2008 la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), tratado constitutivo signado por los jefes de Estado de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela.

Además, aún en pañales está el proyecto de conformar un Consejo Sudamericano de Defensa, impulsado por Brasil.

El tiempo dirá que si el continente le brinda la importancia que le daba Allende a "la autodenominación, a la no intervención y al diálogo sin fronteras". La asambleísta Romo es positiva al respecto: "Hoy, muchas de esas posibilidades se recuperan con los nuevos líderes regionales porque también hay un sistema de integración alrededor de los político de tipo igualitario".

 


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