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Allende, el “gozador de la vida”
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“Yo no sería más revolucionario si anduviera con los codos rotos”, respondía ante las críticas
Allende, el “gozador de la vida”

Por Claudio Leiva

El Presidente tenía los mismos defectos y virtudes que cualquier otro ser humano. Le gustaban la buena mesa, vestirse bien y las obras de arte. Pero a veces se propasaba con tal de conseguir los objetos que despertaban sus “gustos burgueses”.

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16 kbAllende era un "gozador de la vida", decían sus amigos para justificar sus gustos burgueses. En cambio, según sus rivales políticos, El Chicho era un "pije rico" que fingía pobreza. Pero lo más justo que se puede señalar sobre este aspecto de su vida, es decir, en el de la apariencia personal y los deleites, es que Allende tenía defectos y virtudes como cualquier otro ser humano.

Este rasgo de la personalidad del Presidente estuvo profundamente influido por el estilo de vida de los Allende Gossens: progresista, refinado y de buen pasar, según señala la historiadora antofagastina Diana Veneros Ruiz-Tagle en una "psicobiografía" de Salvador Allende. El libro tiene 460 páginas y abunda en testimonios acerca de su vida personal.

La historiadora menciona que Allende reconocía haber nacido en envidiable cuna de oro. La familia llevaba una existencia netamente burguesa, extrovertida y elegante. Algunas fotos de las páginas sociales de las revistas de los años 20 mostraban a los niños Allende Gossens muy bien vestidos en las fiestas de sus amigos de la alta sociedad.

Este estilo de vida acompañó a Allende más allá de su adolescencia. Se convirtió en parte de su íntima naturaleza. "Yo no sería más revolucionario si anduviera con los codos rotos o si no me bañara todos los días", respondía ante las críticas de quienes le reprochaban que sus gustos contrastaban con su aspiración de encabezar un proceso revolucionario.

A la primera oportunidad, sus rivales políticos de todos los sectores, incluso del PS, le restregaban en la cara que era un "pije adinerado" que había renegado de sus orígenes de clase. Ciertamente, los sectores conservadores de la sociedad chilena lo veían como un "igual", pero renegado. Sin embargo, para sus amigos "siempre fue clase media y punto".

"Nunca pretendió aparecer como miembro de las organizaciones más conspicuas del país", señaló el fallecido senador Rafael Agustín Gumucio. Para el fundador de la Izquierda Cristiana, esto era un mérito, "porque todos los políticos fatalmente se ponían arribistas y terminaban inscritos en el Club de la Unión. A Allende le importaba un comino, no tenía una gota de snob".

Ostras, ranas y whisky

Con todo, es sabido que los gustos burgueses de Allende se manifestaban con intensidad en materia de comidas y bebidas. Podía deleitarse con ostras y ancas de rana, que le encantaban, pero no se privaba de una buena comida casera como una enjundiosa cazuela de vacuno o de pava. Es más, Allende era conocido como un gran consumidor de carne y arroz.

También le gustaban los buenos vinos y el Chivas Regal, su whisky favorito. Allende siempre decía que no era "puritano" y que cuando tenía tiempo o si no se lo impedían sus obligaciones presidenciales, bebía media botella de vino al almuerzo o comida. Asimismo, acostumbraba tomarse un pisco sour de aperitivo y a veces un whisky de bajativo.

Estos gustos se vieron incrementados con la intensa actividad social de Allende como senador y Presidente. Las reuniones políticas de esa época se realizaban normalmente en torno a una buena mesa. En general, las recepciones estaban bien provistas de manjares, vinos y licores finos, aunque no en forma excesiva, porque Allende cuidaba "la línea... política", según ironizaba.

Este aspecto de la bebida en Allende fue muy usado para demonizarlo después del golpe. Él no era alcohólico. Como especialista en salud pública, durante toda su vida denunció los males ligados al alcohol, las drogas y toda clase de vicios. Allende hacía ejercicios físicos y se cuidaba mucho de comer y beber en exceso. Los médicos que hicieron la autopsia de su cuerpo destacaron que su condición de salud era excelente.

"Como todos los que aman la vida de manera irrenunciable, tomó plena posesión de ella y fue un hombre lleno de contrastes y matices; un hombre con tendencias a la autogratificación constante pero, al mismo tiempo, inclinado al sacrificio heroico y la renuncia", indica la historiadora Veneros, quien concluye que en este aspecto de la vida de Allende es la síntesis entre el hombre "puro corazón" y el "animal político".


Conocedor y coleccionista de arte

A Salvador Allende también le gustaba coleccionar obras de arte y era un conocedor del tema, además de astuto comprador. Este aspecto de su vida fue manipulado después del golpe, para presentarlo como alguien que derrochaba dinero en adornos, pero no todos los objetos de arte eran suyos.

En esto, Allende se manejaba igual que con la vestimenta: si veía algo de su agrado en la casa de sus amigos, lo pedía o lo imponía como regalo. "Registraba todo y le gustaba expropiar cosas de sus amistades", suele recordar el ex dirigente socialista Gonzalo Martner (padre).

Después, como anfitrión, Allende explica a sus visitas que tal pieza pertenecía a tal amigo o que esa otra se la había regalado tal persona. Como fuere, su casa estaba repleta de objetos de arte de todo el mundo. Sus amigos conocían esta "debilidad" de Allende por las cosas bellas y lo adulaban con regalos.

Entre sus objetos más preciados, Allende tenía una colección de cerámica precolombina, marfiles tallados y pinturas de Guayasamín, Siqueiros y Portocarrero, entre otros artistas de renombre. Guayasamín le enviaba obras para que Allende financiara sus campañas, pero nunca las vendió.

"Sin duda, le gustaba poseer cosas (...) No obstante, nunca extendió su amor por las posesiones materiales al dinero. Durante muchos años vivió permanentemente escaso de dinero, sin que eso le preocupara demasiado", recuerda la historiadora Veneros.

Por años mantuvo un viejo Chevrolet de 1955 que sólo cambió cuando se le asignaron vehículos como presidente del Senado y Presidente de la República, "pero nunca dejó de visitar a su sastre favorito, don Manuel Ruiz", según Gonzalo Piwonka, ex secretario privado de Allende.


Era "fashion", pero también usaba guayabera

También era conocida la afición de Allende por la buena ropa y el extremo cuidado que ponía en su apariencia. En este aspecto de su personalidad, las opiniones también son disímiles. Para algunos, tenía mal gusto; según otros, era el hombre más elegante de Chile.

De acuerdo a una edición especial de revista Ercilla para la elección de 1970, Allende era excesivamente pulcro y cuidadoso en su indumentaria. Siempre estaba enterado del último grito en cuanto a moda varonil y sin duda que la elegancia era algo que le preocupaba sobremanera.

Allende nunca usaba la misma ropa repetidamente y, según sus amigos, sabía vestirse para cada ocasión. Combinaba armoniosamente los colores de sus zapatos y calcetines con sus trajes, camisas y corbatas. Pero tampoco tenía empacho en presidir el Senado en guayabera.

Era famosa también su costumbre de apropiarse de prendas que le llamaban la atención en extremo. Si al Chicho le gustaba una chaqueta, un sombrero o cualquier cosa, siempre las pedía con insistencia y nunca aceptaba un no como respuesta. Podía pasar horas "convenciendo" al dueño del objeto apetecido para que se lo entregara en "préstamo" o derechamente como regalo. El periodista Carlos Jorquera, uno de los pocos amigos realmente íntimos del ex Presidente, solía recordar que Allende se introdujo en la pieza del hotel de un amigo para hurtarle la chaqueta de cuero que éste se negaba a cederle. Mantuvo a la "víctima" engañada en su casa de Tomás Moro y se escabulló para perpetrar el "embargo".

A veces, incluso visitaba en secreto la casa del propietario del artículo codiciado y convencía a los miembros del servicio doméstico para que se lo entregaran. Ni siquiera sus adversarios políticos se libraban del acoso "allendista" si tenían algo que despertaba su interés.

"Se daba todos los gustos que podía, porque le gustaba pasarlo bien. Y quería que la gente del pueblo pudiera disfrutar de la vida, que pudiera tener bienestar y acceso a los progresos de la humanidad", recordaba el ex dirigente socialista Manuel Mandujano.


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