Para muchos que se tragaron la versión caricaturizada de la Unidad Popular, la imagen de Miria Contreras sigue siendo el boceto pintoresco de la secretaria cómplice y amante que acompaña la figura de Salvador Allende, escribió Pedro Lemebel en un texto que tituló "La puerta se cerró detrás de ti".
A Miria Contreras, "La Paya", no le interesó sacudir ese retrato y prefirió el silencio. "Nunca buscó ningún tipo de figuración pública. Fue más bien una mujer discreta, leal y cómplice", describe Alejandro Fernández Allende, hijo de Beatriz y nieto del Presidente.
Esa complicidad con Allende se fraguó desde el primer contacto. En la primavera de 1958, el entonces senador por la Primera Agrupación Provincial Tarapacá y Antofagasta golpeó la puerta para presentarse a los nuevos vecinos del barrio en calles Guardia Vieja y Jorge Isaacs, en Providencia. Él vestía un traje blanco que manchó con sangre luego de golpearse la cabeza con un andamio. Ella lo curó con agua oxigenada. Él estaba casado con Hortensia Bussi. Ella formaba una familia con el ingeniero Enrique Ropert.
La mujer que deslumbró a Allende había nacido en Taltal en 1928. "Provenía de una familia radical, que en esa época era lo más progresista de los partidos tradicionales, y coincidía con las ideas de Allende pese a que no tenía una formación política militante. Además, compartían el sentido del humor", describe Víctor Pey, amigo del ex Presidente. "Era una mujer muy sencilla y cordial. Sin ninguna sofisticación".
Primero fue Allende quien se hizo un lugar en las tertulias del living de los Ropert. Tocaba a la puerta incluso a altas horas de la noche si veía una luz encendida. Luego, "La Paya" asumió el papel de su asistente y ocupó los espacios que él le abrió. Con el tiempo, las casas se comunicaban por una puerta ubicada en el patio trasero. Con la misma naturalidad, emprendieron vuelo en una relación, pero decidieron mantenerse con sus respectivas familias.
"La idea que se pretendió explotar desde la morbosidad no corresponde a la realidad", apaga Pey. Cuenta que Allende tenía con Bussi, "La Tencha", una lealtad y afecto muy profundo, pero la relación conyugal se había terminado pese a seguir viviendo juntos. Por su parte, "La Paya" tenía un profundo afecto por Enrique Ropert, pero su matrimonio también estaba roto. "No había traición ni infidelidad en la relación entre el Presidente Allende y ‘La Paya’, que fue su secretaria, su ayudante, su confidente... su apoyo".
Desde la otra trinchera, había espacio para la ironía. El diario Tribuna, que dirigía Raúl González Alfaro, se encargaba de eso. "Si Allende se iba de gira con ‘La Paya’, hablaban más de ella que de él. Contaban más cosas de la cuenta y jugaba con la idea de si se quedaban en piezas separadas o no", recuerda el ex director de Clarín, Alberto Gamboa.
¿Por qué no formaron algo juntos? Pey se apoya en las costumbres de la época. "Hace 40 años, una persona que se separaba era vista como anormal y hasta sospechosa", dice. Mónica González y Patricia Verdugo escribieron que si en 1970 era difícil pensar que un socialista entrara a La Moneda, para un socialista anulado era imposible. "Él no lo hizo por cálculos políticos, sino porque los hábitos eran otros".
"Ella nunca quiso suplir el lugar de ‘La Tencha’", explica la diputada Denise Pascal Allende, sobrina del ex Presidente. "Fue muy fiel, lo acompañó en la trastienda, en la parte anónima y fue un pilar para mi tío". Entre "La Paya" y ‘La Tencha" no hubo amistad, pero sí mucho respeto. Más cercano fue el vínculo de Allende con Ropert: nunca dejaron de ser amigos.
El lugar que tomó "La Paya" fue quedando en evidencia. En tiempos de la campaña presidencial, Allende tuvo un problema cardíaco mientras caminaba por la calle San Antonio con el senador radical Hugo Miranda. Estaba cerca de la Farmacia Huérfanos donde tenía un amigo farmacéutico. El remedio recetado no lo alivió y fue al doctor: había sufrido un preinfarto. Allende estaba en campaña y la noticia generaría problemas. Cuando llegó a su casa, tenía su habitación preparada para el reposo. "La Paya" le arregló todo. Lo cuidaba en el día. Se encargó de que los periodistas no se enteraran. Manejó su agenda y postergó sus reuniones. Ella tomó el control, pero no perdió el norte.
"Teniendo una posición en el centro del poder, era una mujer que se desenvolvía con una sencillez muy grande", cuenta Pey. Con esa sencillez estaba muy pendiente de las necesidades de todos los colaboradores del Presidente y se ganó la confianza de todos los jefes políticos de la Unidad Popular.
Confianza es algo que también encontró en Beatriz, una de las hijas de Allende. Compartieron muchos fines de semana en la residencia presidencial de El Cañaveral, camino a Farellones, donde "La Paya" se fue a vivir al separarse de Ropert. "Mi madre era muy cercana a su padre e involucrada en el gobierno también. Las unía Salvador Allende y el proyecto de la Unidad Popular", cuenta Alejandro Fernández. Luego del golpe militar, "La Tati" y "La Paya" siguieron muy unidas en Cuba hasta que Beatriz decidió quitarse la vida el 11 de octubre del 77. "Ese día fue sumamente doloroso para "La Paya" para todos nosotros". Antes de eso, Beatriz pidió a Mitzi Contreras, hermana de "La Paya", que cuidara a sus dos hijos.
"La Tati" y "La Paya" estuvieron en La Moneda con Allende la mañana del 11 de septiembre, pero corrieron distinta suerte. Debieron salir juntas, pero no fue así. Cuando Allende le pidió a todas las mujeres que abandonaran palacio, "La Paya" contravino esa decisión y se escondió. Allende no supo sino cuando ya no pudo salir.
"La significación que tiene estar dispuesta a acompañar al doctor hasta la muerte, que era lo que podía suceder, cualquiera puede ponderarlo", dice Pey. "Paya estaba dispuesta a morir por el Presidente y por el proyecto de la Unidad Popular", cuenta Fernández. "Obviamente la artillería propagandística y conservadora de la derecha chilena se ensañó con ella, antes y después del golpe, para atacar a Presidente y a la Unidad Popular. No obstante, para todos los que tuvimos la oportunidad de conocerla Paya siempre será recordada y admirada como mujer de gran capacidad, leal y valiente. Para mí, en lo personal, es una abuela más".