
Domingo 6 de julio de 2008
El domingo pasado fue un día especial en Carcassone, una pequeña ciudad en el extremo sur de Francia. Sus habitantes estaban invitados a presenciar un día abierto al público del 3er Regimiento Paracaidista de Infantería de Marina, que en ese país depende del Ejército de tierra. Para la ocasión, las tropas de elite prepararon la simulación de un ataque terrorista. Dos atacantes se habían infiltrado y mantenían a un rehén al interior de una cabaña. El operativo de liberación del cautivo comenzó con el cerco por parte de los paracaidistas. En el momento convenido, los soldados abrieron fuego desde varias direcciones para confundir a los asaltantes. Varias ráfagas fueron disparadas en dirección a los civiles que observaban el simulacro. De pronto una mujer percibió, con horror, lo que ocurría y gritó a voz en cuello: son balas reales, son balas reales. En efecto lo eran. El daño estaba hecho. 17 personas -quince civiles y dos militares yacían heridas, alcanzadas por los disparos.
¿Qué ocurrió? La balacera era parte de la presentación. Para ello cada soldado recibió balas de salva. Éstas no pueden ser confundidas con las balas de guerra, pues sus cabezas tienen distinta forma. Además, los fusiles deben ser ajustados para una o para otras. Lo imprevisible era que un sargento llevara consigo, en forma clandestina, un cargador con balas reales y las descargara contra el público. Las autoridades investigan aún si hubo una intencionalidad por parte del sargento o fue un accidente causado por no respetar las estrictas normas que deben regir, en todo el mundo, la administración de munición letal.
Al enterarse de lo ocurrido, el Presidente francés, Nicolas Sarkozy, no pudo ocultar su molestia. Sin esperar mayores antecedentes, declaró: "Son negligencias inaceptables. Ellas deben ser sancionadas ( ). La reacción será rápida y severa ( ). Son profesionales, esto no puede quedar sin consecuencias ( ). Estoy consternado por lo ocurrido ( ). Es una relajación inaceptable ( ). Toda la cadena de mando deberá dar explicaciones, la persona que ha hecho esto y el conjunto del encuadramiento". Según el diario "Liberation", Sarkozy habría sido aún más duro al enfrentar a un grupo de militares, a los que gritó: "¡Ustedes son unos amateurs! ¡Ustedes no son profesionales!". La voz de una autoridad civil que no teme confrontar a los uniformados y representarles sus críticas. Por su parte, Hervé Morin, el ministro de Defensa, le exigió al general Bruno Cuche, jefe del Estado Mayor de las fuerzas de tierra que equivale a comandante en jefe del Ejército en Chile que no esperará el fin de los sumarios y le prepusiera, a título transitorio, "sanciones inmediatas para los responsables implicados en las disfunciones constatadas". Morin subrayó que desde ya se cometieron faltas graves "en la utilización de municiones y la seguridad en demostraciones en las jornadas de puertas abiertas en los regimientos". En efecto, es una norma internacional que los militares jamás deben apuntar sus armas hacia espectadores, ni siquiera en ejercicios. Menos aún disparar en dirección a ellos, ni siquiera con balas de fogueo. Cualquier disparo se hace en forma paralela al público. Lo mismo ocurre en las ferias aeronáuticas, donde los aviones jamás deben volar sobre los asistentes.
El impacto de las palabras presidenciales no se hizo esperar. No fueron necesarias largas investigaciones judiciales o institucionales para que las primeras consecuencias se hicieran públicas. El martes, el general Cuche entregó su renuncia al cargo al Mandatario. El hecho suscitó numerosos comentarios sobre un supuesto malestar castrense, especialmente luego de la reciente publicación de un Libro Blanco de la Defensa, reseñado el domingo antepasado en LND, en que se anuncia la supresión de 54 mil plazas para uniformados de las tres ramas. Pero Cuche se encargó de aclarar que su alejamiento del cargo estaba "exclusivamente ligado" al drama de Carcassone. En cuanto al Libro Blanco, el renunciado jefe militar puntualizó: "La reforma que tiene lugar en los ejércitos es absolutamente necesaria", y agregó que la apoya plenamente.
Uno de los puntos centrales de la nueva orientación propugnada por Sarkozy es encauzar a los militares en la lucha contra el terrorismo. De hecho, 10 mil soldados serán asignados a esta tarea para reforzar el programa antiterrorista llamado Vigipirate. Al respecto, existen dudas en Francia en cuanto a la conveniencia de destinar militares a esa tarea, en lugar de la policía o gendarmería. Uno de los cuestionamientos que surge de los trágicos hechos de Carcassone es: ¿qué hacían los paracaidistas practicando un rescate de un rehén capturado por dos terroristas? Algunos analistas galos estiman que esa es una responsabilidad que recae sobre el Ministerio del Interior, antes que el de Defensa. En todo caso, es encomiable la actitud de un alto mando que, sin ambigüedades y de inmediato, respondió con su cargo ante una desgracia.