
Domingo 6 de julio de 2008
"Crónicas reunidas (I): 1921-1925". Joaquín Edwards Bello. Ediciones Universidad Diego Portales. Santiago, 2008. 690 páginas. Crónica.
En el prólogo, el editor Roberto Merino sostiene sobre las crónicas de Edwards Bello que son "perdurables", a pesar de que el autor pensara que tenían su muerte en el mismo diario. Concuerdo con Merino y, sin arrogancia, difiero de Edwards Bello, pues al leer sus crónicas uno lee su época, lo cual les garantiza perpetuidad, algo evidente desde la primera hasta la última página de este volumen. Una edición de las crónicas escritas por Edwards Bello entre 1921 y 1924, cuando publicaba en La Nación y en "Los Tiempos". Merino corta y organiza un libro en doce capítulos por tema. Un libro fluido en su lectura y transversal en su temática, donde se aprecia a Edwards Bello hablando de Chile su gente y su idiosincrasia, su presente y su futuro , de sus viajes a Europa sobre todo Francia, o de cómo se sentía tan español como chileno , de literatura y arte, de conflictos sociales nacionales como la crisis de 1924 y mundiales, de las injusticias en la sociedad, de su familia, de sus amigos y más. El autor no tiene reparos a la hora de opinar, derrochando análisis, variedad y cruces de temas.
Algunos comentarios llaman la atención, como su visión sobre la inferioridad del indio o de que nuestra violencia está dada sólo por la agresividad araucana, desconociendo que los invasores fueron otros. Aunque les reconoce el heroísmo y la resistencia. A Edwards Bello se le nota su referente europeo: "Los chilenos se enorgullecen de su origen europeo". No obstante tiene razón, nuestro arribismo es intrínseco. A pesar de esa mirada, se interesa por una "unión americana" para liberarnos del "yugo comercial extranjero" y para hacernos "fuertes" y "respetables".
Como sea, independiente de estar o no de acuerdo, hay que valorar su escritura y capacidad para observar el detalle y ponerlo en una mesa con mantel nacional y coyuntural. Es preciso en el léxico utilizado, no recargando sus ideas con adjetivos de sobra. Mira y da cuenta de su entorno, impregnándole un sentido atractivo que sólo un cronista, uno bueno, puede alcanzar. La mayoría de los temas desarrollados son pertinentes, sin dejar de lado su manejo de los ritmos de la contingencia: "Vamos a abrir un pequeño paréntesis en la glosa de la vida nacional para intentar con nuestra pobre pluma una silueta de una mujer". Más encima, modesto en su falsa indigencia escritural y acertado en su pausa. Para su observación, Edwards Bello se vale de sus viajes, los cuales le permiten tomar la distancia necesaria para el desarrollo de los temas nacionales y le "ayudan a agudizar el espíritu crítico indispensable para valorizar las observaciones guardadas 'pele mele' en las recámaras de la memoria".
Acertada edición y publicación. Un libro entretenido. En él destacan definiciones dadas sobre la crónica, como la del deseo de Edwards Bello de que a su escritura el público no le diera "más que un valor de experimento", al no ser más que "una impresión, un estado de ánimo". Un estado sin soberbia intelectual. Como sostiene Edwards Bello: "El 'croniqueur' escribe sin pretensiones". Eso se nota y se aprecia.
"El mundo y sus guerras".
Raúl Sohr. La Tercera, Debate. Santiago, 2007. 430 páginas.
En este libro se pone sobre la mesa la compleja situación actual de los conflictos globales que tensan el mundo. Se estructura, a modo de diccionario, definiendo, en una primera parte, los temas esenciales para comprender la situación: Agenda, Al Qaeda Xenofobia, Zona desmilitarizada. En una segunda, los países en conflicto: Afganistán, Colombia, Irak, Palestina. Así, el autor sostiene: "Las diversas entradas que compila esta obra entregan al lector un prisma para desentrañar los conflictos más agudos, así como los pilares del orden internacional".
"Cartas norteamericanas". Este libro da cuenta del testimonio de su autor, quien, a los 60 años, emprende un viaje de algo más de tres meses por Estados Unidos, donde va descubriendo un país que hubiese preferido conocer en los años cincuenta y no ahora. En forma de carta, Burucúa va narrando a sus amigos su paso por el país del Norte. Para quien guste de las bitácoras de viaje, este libro funciona como una imagen descriptiva y a veces crítica de lo observado por el autor, tanto en nimiedades y datos interesantes del viaje como opiniones políticas y coyunturales del entorno.