"Pequeños cuerpos habitados por una lengua": tal sería el objeto narrado en el volumen "Objetos del silencio", conjunto de breves relatos redactados a la manera de recuerdos o testimonios, además de los textos finales -"Epílogo" y "Apéndice"- en que Eugenia Prado (1962) reconstruye (el Demonio sabe qué diablos es eso) su obra o la comenta, o define algunos de sus conceptos. Así, anuncia en aquél unas "ideologías, justificaciones y faltas", para hablar de "los mecanismos que movilizan íntimamente a mis pequeños y es en ello que mi virtud de mujer y madre se complace", sin que sepamos si quien así discursea es autora o narradora. En el "Apéndice" recurre a "las palabras de los otros" para ilustrar cómo es que "la sexualidad infantil está poblada de pasajes ocultos, y de secretos jamás confesados". Acaso el libro sea la refutación de ese enervante aserto.
La autora subtitula este conjunto de relatos como "Secretos de infancia", pues se trata de una suerte de viñetas en que lo escabroso y/o sabroso de los actos sexuales, completos, incompletos o insinuados, se funde a veces con una especie de naturalidad ingenua que da cuenta de la edad desfigurada de sus protagonistas o testigos. Penetraciones infantiles entre hermanastros mientras los respectivos progenitores invisibilizan su propia y supuesta cópula. Declaraciones evocativas de un amor clit- -clit, o sea lésbico, cuya celosa consumación ocurre, para la calenturienta narratriz, en una suerte de transitividad: busca en los labios de los novios de la otra la saliva perdurable de su amada congénere. Manipulaciones sexuales que violan los límites de la pequeña edad.
En el relato "Criaturas de Dios" se lee: "Bájate los pantalones. ¡Tengo miedo! Decía. Sácamelos tú y verás cómo florece. ¿Es cierto? ¿Tú qué crees? Tenía que pasarte alguna vez. (...) ¿Duele? ¿Cuánto duele? Cómo te encanta. (...)". La prosa oscila entre el naturalismo y el manierismo, con alguna pretensión diamélica en que la carne deviene concepto de primera línea. Dice el poeta Diego Ramírez que este material se compone de los "deseos que crecen en ausencia de las madres, en ausencia de la autoridad que castiga". Luego afirma que en el libro "todos son víctimas y cómplices, todos están instalados como resistencia contra el horror de volver a enmudecer". La palabra a favor del eros o contra él: nombrar o no nombrar la maldá: that is the question. Porque al nombrarla, ¿qué le sucede a la mente humana? Un dilema para el lector de criterio formado, una tentación para el inmaduro. Vea usted.
OBJETOS DEL SILENCIO
Relatos
Eugenia Prado Bassi
Cuarto Propio, 2007
166 páginas