
Viernes 11 de julio de 2008
Por Claudio Leiva
"No hay sospechosos, pero todo parece indicar que actuó una sola persona", señaló la fiscal Paula Rossel en relación a las primeras diligencias por el horrible asesinato de una madre y su hija, ocurrido ayer en Rancagua.
Esta hipótesis se basa en lo que observó el hijo que sobrevivió al ataque. Además, se investiga si hubo ultraje sexual a las víctimas por parte de un conocido, porque en la casa no hay señales de robo ni de puertas forzadas.
El doble crimen que conmocionó a la capital de la VI Región se produjo alrededor de las 4 de la madrugada del jueves, en el pasaje Guindo Santo, Villa Bosques de San Francisco.
Las víctimas son María Muñoz López (39) y Geraldine Herrera Muñoz (16). Ambas fueron degolladas y acuchilladas. El menor sobreviviente, de 9 años, pasó tres horas junto a los cadáveres hasta que llegó su padrastro, Alfredo Padilla Navarro, cerca de las 7:30 de la mañana.
Padilla, actual pareja de la mujer, volvía de sus labores nocturnas en la División El Teniente cuando se encontró con la macabra escena.
Al entrar a la casa, el hombre halló tendidos en el primer piso los cadáveres completamente ensangrentados de su conviviente y de la menor. La mujer presentaba 29 puñaladas y su hija, un corte que estuvo a punto de decapitarla.
Padilla también encontró llorando cerca de los cuerpos al hijo menor de su pareja, a quien el asesino decidió dejar con vida. Luego, el dueño de casa salió gritando a pedir ayuda a vecinos.
NIÑO ES CLAVEEl niño es testigo clave, pues al momento del crimen se encontraba en el segundo piso de la vivienda, y al escuchar los gritos de las mujeres bajó a observar. En el living vio a un enmascarado que huía del lugar.
Por el momento, el menor recibe atención sicológica de los profesionales de la Unidad de Atención a Víctimas y Testigos de la Fiscalía Regional, dado que aún se encuentra en estado de schock por lo presenciado.
Sin embargo, el niño pudo contar a la policía que vio a un hombre enmascarado. Este sujeto lo obligó a encerrarse en su pieza y a quedarse callado. Después de que el asesino huyó, el niño bajó y estuvo horas junto a los cuerpos de su madre y su hermana.
La Brigada de Homicidios (BH) de Rancagua sospecha que las víctimas conocían al homicida, ya que las puertas y las ventanas no estaban forzadas. Tampoco se encontraron signos de violencia ni de pelea.
Padilla había recibido hace 3 semanas un suculento bono de la empresa cuprera, por lo que podría haber sido objetivo para un robo. Sin embargo, tras matar a María y a su hija, el enmascarado no se llevó nada de valor.
La mujer trabajaba en un supermercado y su hija era alumna del colegio Manuel de Salas. Vecinos dijeron que María Muñoz y Alfredo Padilla formaban una pareja unida y feliz.
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