
Domingo 13 de julio de 2008
En aquellos lejanos tiempos del Gobierno de Salvador Allende, cuando el bife de chorizo era algo que sólo veían los que padecían de delirium tremens, aparecieron las latas de chancho chino.
Así, el pobre cerdo trozado y envasado quedaría para siempre como un símbolo de las consecuencias del desabastecimiento de esos años.
Ni siquiera los revolucionarios burgueses de la Unidad Popular demostraban mucho entusiasmo por hincarle el diente a esa carne importada. El resto de la historia es conocida.
Cuando retorna la democracia, un grupo de "ex revolucionarios" aprovechó la nueva oportunidad que les brindaba la Concertación, para borrar todo vestigio de porcinos extraños.
Avanzaron por etapas, con la racionalidad que les faltó en los años setenta, cuando con facha de rebeldes hacían flamear la bandera de la estrella roja. En su obsesión por dejar atrás los malos recuerdos, incluso llegaron a desterrar nuestro costillar de chancho, el mismo que engullían a fines de los ochenta en el Venecia de Bellavista, una picada que les servía de lugar de encuentro.
El cambio sería tan radical que en 2000 ya paladeaban en locales de cinco estrellas, y con mejores modales, el sushi japonés. Sin embargo, y pese a toda la obstinación, el chancho chino se les aparece como un alma en pena.
Según Pan Wei, uno de los intelectuales que goza de más prestigio en China, ellos aprendieron de Occidente los fundamentos de la economía de mercado.
En la entrevista concedida al diario "Liberation", Wei señala: "Al cabo de tres décadas de desarrollo, el problema más serio es la desigualdad social; por esa razón no se debe abandonar del todo el socialismo, algo hay que conservar. Es necesario garantizar un sistema de protección social en esta economía de mercado".
Parece que estas palabras de Wei ya las hemos escuchado en español, aquí en Santiago, porque muchos terminaron por adoptar el sistema que aborrecían.
Está bien. Pero, ¿había que dar una vuelta tan larga para llegar a esto? ¿Era realmente necesario que los chinos tuvieran que soportar la ira de madame Mao? ¿Cuántas victimas por culpa de la banda de los cuatro y su revolución cultural?
¿Y para qué? Para que el péndulo partiera violentamente en la dirección opuesta, con la célebre orden de "enriqueced" lanzada por Deng Xiao Ping como el mejor antídoto de la revolución cultural.
En nuestros "ex todo" también hubo exceso de bravata y mucho tiempo perdido. Basta con recordar cómo descalificaban a los socialdemócratas, motejándolos de guatones por lo que consideraban un tibio reformismo.
Enhorabuena que hayan cambiado. Sin embargo, todavía quedan algunos que se pasan de listos cuando etiquetan sus propuestas como ideas del siglo XXI e intentan persuadirnos de que son producto de su trabajo intelectual. En realidad, las supuestas genialidades no son otra cosa que un aggiornamento de la socialdemocracia.