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  Un combate prodigioso

  ¿Y qué hay, señores, de los combates ganados por el padrino contra el aburrimiento, el cartuchismo, la fomedad sin fondo de la noche chilena? ¿Es menos acaso ser el Gran Mariscal del Passapoga, Artífice del Caupolicán y Supremo General de los Baños Miraflores?

Domingo 13 de julio de 2008

Fue el veterano periodista de "Las Últimas Noticias", Rodolfo Gambetti,  quien, a mediados de los años sesenta, lo bautizó como "El Padrino".

Lo cierto es que José Filimón Aravena Rojas, ese legendario emprendedor de la noche santiaguina, don Pepe, se quedó para siempre con el apodo del héroe de la magistral saga del novelista Mario Puzo y la filmografía de Francis Ford Coppola. Era, a su manera, un padrino don José Aravena.

Luchador, duro, leal con los suyos, astuto y sigiloso. Aunque siempre se quiso empolvar su nombre con esa sustancia blanca que despierta la mente y duerme los dientes la clásica calumnia chilena del envidioso contra el que triunfa en territorios ásperos, surgiendo de la nada, como fue su caso- nunca le probaron nada de aquello.

Hoy, desde el otro mundo, ese  mismo rey de la bohemia ha entrado en una nueva y abierta batalla, esta vez nada menos que contra el general Manuel Bulnes. Lo que se disputan estos dispares guerreros es el nombre de una calle en Cauquenes, ciudad natal del creador de la mítica boite La Sirena.

Sólo en Chile se dan estos combates inimaginables, que nos ayudan a amar a la patria un poco más, a pesar de todo, cuando descubrimos su lado más tierno. Sus retazos de antaño. Naturalmente los colijuntos, tan chilenazos siempre -en el peor sentido-, ya han puesto  el grito en el cielo: "¡Qué inconsecuencia! Se está ofendiendo la memoria del general Manuel Bulnes Prieto, gran mariscal de Ancash, título obtenido luego de la victoria en Yungay. Los cauqueninos deben oponerse a esta infamia.

Chile entero está pendiente de esta insólita resolución alcaldicia", reclamó un tal señor Villarroel, vicepresidente de no sé qué naftalinoso instituto conmemorativo de cachureos históricos.

¿Y qué hay, señores, de los combates ganados por el padrino contra el aburrimiento, el cartuchismo, la fomedad sin fondo de la noche chilena? ¿Es menos acaso ser el Gran Mariscal del Passapoga, Artífice del Caupolicán y Supremo General de los Baños Miraflores, ganador de mil combates contra la adversidad tras llegar a Santiago con seis pavos como único capital para convertirse en Emperador Insigne de una decena de cabarets en todos los barrios de Santiago? Hay cientos de calles y plazas que llevan el nombre del general Bulnes.

No hay pueblo que no cuente con una. Aravena creó  "El Mundo", "La Pérgola", "El Lucifer" y "El Sol" y el Teatro Casino Las Vegas.

Esas son sus insignias de emprendedor triunfante. Como lo son también la traída a Chile de Salvatore Adamo, Sandro, Yaco Monti, Albano y Romina, Celia Cruz, Paco de Lucía, Libertad Lamarque, Camilo Sesto, Los Chalcaleros, Raphaella Carra y Rubén Blades, entre muchos otros.

Aravena nació en Cauquenes, mientras que Bulnes vino al mundo en Concepción. El padrino da la batalla de local. Y no son pocos los cauqueninos que gracias a él lograron un empleo en la inhóspita capital.

Bulnes fue presidente. Combatió contra la Confederación Perú-Boliviana. Era miembro de la más rancia oligarquía. Luchan, pues, por una calle de una pequeña ciudad provinciana, dos hombres de siglos distintos, de méritos incomparables entre sí. Y hay en esa pugna una chilenidad viva, medio surrealista, con sabor a humanidad, que ayuda a olvidar por un rato los momentos duros que estamos pasando.

El precio del petróleo, la inflación, son nada al lado de esta pugna entre el Mariscal de Ancash y don Pepe Aravena. Yo, como ya habrán notado, estoy como tabla con el padrino.

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