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  El Palo en el ojo

  Un bastón extensible es un arma, no un juguete para amenazar niños, un impacto con una de esas porquerías te puede partir el cráneo. Imaginar qué pasa cuando le pega a un ojo es fácil y horroroso. Lo difícil de imaginar es cómo diablos una investigación interna no logra detectar quién fue el que le dio el palo al fotógrafo.

Domingo 13 de julio de 2008

-Pero, ¿cómo va a ser normal que les peguen? Están manifestándose, están haciendo uso de su derecho, estaban

-¡Armando desorden Anaclara! Por eso les dan palo, porque están ocupando la vereda y no dejan transitar a la gente. Mi casi grito no causa ningún sobresalto en Anaclara. Mi sobrina hace gala de una capacidad para discutir capaz de exasperar a Buda y yo no soy budista, ni santo y mucho menos paciente.

Tomo aire de nuevo y empiezo a explicarle a esta uruguaya de 18 insoportables años que en nuestro país se rinde tributo, pleitesía y adoración al orden; es por eso que acá ante un delito flagrante Carabineros tiene la facultad de actuar por iniciativa propia. Con la salvedad (y eso no se lo digo a Anaclara) de que eso de "delito flagrante" es bastante arbitrario.

Pero claro, de pronto me encuentro entrampado en mi propio argumento. Porque una cosa es que mi sobrina no haya podido entrar a La Moneda porque afuera había una manifestación de empleados bancarios que terminó a palos; y otra muy diferente es que un fotógrafo se lleve un golpe en un ojo y que nadie haga nada al respecto.

-Pero ¿cómo puede ser que ellos decidan a quien le pegan y por qué? Eso es ser juez y parte

-Bueno Ana, lo que pasa es que ellos no se mandan solos, reciben órdenes y esas órdenes se las da el poder político.

-Pero yo creo que la gente tiene poder de decisión.

-Sí, pero cuando eres policía tu principal deber es la obediencia y en este caso hay gente que ordena a Carabineros que mantenga el orden y ellos cumplen su deber.

Otra vez, mi argumento válido en teoría se vuelve falaz al contrastarlo con la realidad, porque la verdad de las cosas es que acá alguien se fue de madre. Un bastón extensible es un arma, no un juguete para amenazar niños, un impacto con una de esas porquerías te puede partir el cráneo.

Imaginar qué pasa cuando le pega a un ojo es fácil y horroroso. Lo difícil de imaginar es cómo diablos una investigación interna no logra detectar quién fue el que le dio el palo al fotógrafo. Y lo que huele mal, muy mal, es que haya que mostrar un set de fotos tomadas por la víctima o sus colegas para acelerar la investigación.

Porque cuando una fuerza represora actúa, no lo hace a tontas y locas, lo hace por sectores, enfocándose en ciertos grupos y avanzando hacia determinados puntos. Si un carabinero va a caballo y su cabalgadura defeca durante el trote, es muy probable que ni él ni sus compañeros se den cuenta.

Pero si la cabalgadura atropella a un manifestante o le rompe la cabeza de un palo, la posibilidad de que el hecho pase inadvertido es bajísima. A no ser claro que a nadie le interese mucho descubrir quién fue.

Otra cosa que tampoco le digo a Anaclara es que el tiempo pasa, que los hombres de cámaras y chalecos con muchos bolsillos eran tan bienvenidos cuando fotografiaban a nuestros actuales dirigentes políticos en aquella época imberbes jóvenes luchando por la democracia; como indeseables son hoy cuando retratan a los pingüinos recibiendo patadas en el culo porque al Ministerio del Interior se le acabó la paciencia.

Y puede ser que en el fondo yo no quiera reconocer frente a mi sobrina que me repugna tanto como a ella que una persona armada con un fierro le pegue en el ojo a un fotógrafo; no sólo por el hecho de que es un abuso, sino porque es una mariconada. No le está pegando en una pierna, sino en el órgano que usa para trabajar.

Pero me repugna mucho más que ese acto sea encubierto por miembros de la institución policial y todo eso avalado por la desidia del poder político. Porque si un carabinero es separado de las filas por haber llamado a un narcotraficante para preguntarle por un cantante, significa que el celo existe, o que el poder político presiona llegado el caso.

Y si en este caso no ha existido ni el celo ni la presión, es porque entre los que tienen la manivela del poder es muy mal visto que un carabinero pueda caer bajo la más ínfima sospecha de corrupción.

Pero es perfectamente tolerable que otro carabinero le vuele un ojo a un fotógrafo que muestra lo que ocurre en las afueras del Congreso Nacional, mientras en el interior la clase política se entretiene escuchando complacida el eco de sus propias palabras, hablando de sus propios problemas y tratando de recordar mientras ponen cara de interés para no quedarse dormidos los discursos que han preparado desde hace años y que recitarán de memoria ante esas mismas cámaras cuando se acabe la cuenta anual.

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