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Martes 15 de julio de 2008
Hace 150 años Darwin se llevó un buen susto. El naturalista llevaba dos décadas trabajando en un libro donde expondría sus revolucionarias teorías: todas las especies tienen un origen común y la selección natural permite la supervivencia de los más aptos. Pero, un día, un tal Alfred Wallace le envió un artículo inédito que le hizo exclamar: "¡Si Wallace tuviera la copia de mi esquema de 1842 no podría haberlo resumido mejor!". Para parar el golpe, los amigos de Darwin le instaron a hacer público el artículo de Wallace en la Sociedad Linneana junto a una explicación de sus propias teorías.
El efecto de aquella carta de Wallace fue inmediato: Darwin aceleró la redacción de "El origen de las especies" y, 150 años después, su esquema conceptual es aceptado sin fisuras por la comunidad científica.
El año de Darwin
El año de Darwin se celebra en el 2009 - el 12 de febrero es el bicentenario de su nacimiento-, pero ya ha empezado el aluvión de novedades y reediciones de títulos claves del evolucionismo, como los de Daniel C. Dennett ("La evolución de la libertad"), Robert M. Sapolsky ("El mono enamorado"), John Dupré ("El legado de Darwin"), Richard Fortey ("La vida. Una biografía no autorizada")... E infinidad de actos se preparan en todo el mundo para celebrar el año de Darwin (http:// www. darwinday. org). Aunque el darwinismo es sólido entre la comunidad científica, el creacionismo, una corriente teológica nacida entre los fundamentalistas cristianos de EEUU, niega la evolución y dice que el mundo fue creado en seis días y que hombres y dinosaurios convivieron. Dichas ideas ganan peso en su país "y se están expandiendo cada vez más por el viejo continente", apunta el biólogo español Marti Domínguez. En Kentucky abrió el año pasado un Museo de la Creación, cuya construcción ha costado 27 millones de dólares.
El filósofo de la ciencia Ambrosio García Leal, experto en evolucionismo y sexualidad -ha publicado este año "El sexo de las lagartijas" en Tusquets , afirma que "lo de EEUU sólo sucede en países islámicos: un partido político que hace suya la negación de una teoría científica. Sin embargo, contra la creencia europea, los tribunales norteamericanos han dado siempre la razón a los científicos y la ley americana impide enseñar creacionismo en la escuela". De hecho, este es un debate que ya se produjo hace 150 años, cuando Darwin destrozó las teorías creacionistas del reverendo William Paley, al que admiró en su juventud. Ayala sostiene que "ya no existen lagunas en la reconstrucción de la historia evolutiva de todos los organismos vivos hasta su más remoto antepasado común. La paleontología ha encontrado los eslabones perdidos -homínidos- de los que él hablaba, y la genética ha descubierto el mecanismo por el que se produce la transmisión hereditaria, el ADN, el mismo en todos los organismos vivos, lo que sólo se explica si hubo un antepasado común".
El debate hoy entre dar- winistas se sitúa en un terreno filosófico o de matiz, lo que Lalueza llama "ideología". Los ortodoxos (individualistas), como Williams, Dawkins o Wilson, "dicen que no es lícito hablar de selección de grupo, porque la selección es individual -explica García Leal-, lo que replican autores como Gould, Margulis o Goodwin, que enfatizan diversos aspectos que hablan de compartir, de sujetos colectivos o de elementos ajenos a la selección natural que también provocan transformaciones". García Leal explica que "el gran salto -dado en los años 70- fue el paso del individuo al gen como unidad conceptual. Para Darwin, la transmisión de características se realizaba de un individuo a otro. Yo discuto que se pueda hablar de una única unidad de selección. En el caso sexual es la pareja la unidad que se reproduce, combinando sus genes". Para los ortodoxos o adaptacionistas, la selección natural es la fuente de todo cambio, lo que discuten autores como el biólogo español Francisco Ayala, de la Academia de las Ciencias de EEUU, que acaba de publicar "Darwin y el diseño inteligente": "Mi buen amigo Wilson sostiene que las leyes del arte, la literatura, las organizaciones sociales, todo , se fundamenta en la evolución genética, y eso es algo con lo que no puedo estar más en desacuerdo".
¿Cuáles son los retos del evolucionismo en el siglo XXI? Para Ayala, "hay dos grandes enigmas: la transformación de simio a humano, y la de cerebro a mente, es decir, cómo pasamos a esos sentimientos, valores éticos y emociones que conforman el yo".
La Vanguardia
The New York Times Syndicate
