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  La mesa puesta

  Prietas, papas cocidas. Aceite de oliva. Ensalada de lechuga conconina. Parada con el trapo de la cocina en las manos cavilando que se atrasan las empanadas.

Miércoles 16 de julio de 2008

Creo que así se llama uno de los geniales cuadros de nuestra pintora catalano-chilena Roser Bru. Sobre la mesa de canelo un CD llamado "Pascuala le canta a Violeta". El día que les vi en la Sala SCD de La Florida estaban prendidos. Doña Pascuala Ilabaca de Valparaíso y dos buenos músicos. Uno a cargo de la guitarra de palo. Otro en las percusiones hindúes, batería rockera y kascahuilla. Un trío joven y talentoso reviviendo a la Violeta Parra.

La Pascuala no sólo tiene ángel y talento musical, sino que su voz tiene duende. Es lo que decía García Lorca sobre el cantejondo. Una música dialogando con el cante, con ángel y duende. El grupo toma además el lado menos conocido de la Violeta Parra, sobre todo el tema El Gavilán, que es uno de los que pasa el tiempo y te parece que de hoy mismo fuera este miércoles de ceniza. Aquí por el sur le agregaría lo telúrico en el fraseo, en los gestos del cantar, en la simpleza de los comentarios entre tema y tema.

Es la Julieta Venegas Arriba que tenemos. Y dentro de la obra de Roser Bru también está Lorca y la Violeta, en sus dibujos pinturas señales de su identidad mestiza nuestra. Sobre la mesa también el libro de poesía de Gustabo Mújica. Reconstructor del fabla de las primeras crónicas. Sus Ediciones Grillom brillaron por París a fines del siglo pasado y aquí en el camino de Santiago renace en un libro impecable en su formato y fondo. Poemas breves y legibles en un lado con bastante aire blanco y en la página del frente unas mini pinturas de una artista.

Sobre la mesa, la foto del hijo del caníbal. Ensayando su clarinete, la sombra le mira. Le da brisa, música, a la mesa puesta en mitad de semana. Un diario de 1974 con el asesinato del general Prats y su señora en portada. Pero dice otra cosa. Dice muere el general Prats y su señora. Treintitantos años después aparece el horror de dicha pareja que se fue a Buenos Aires y al llegar de una cena les explota el auto en mil pedazos. La justicia tarda pero llega, dice el sentido común.

Humea un café en la mesa y el ser enciende las ampolletas de rulo para el ahorro. Al parecer relee "Los supervivientes", de Doris Leasing, porque está allí también en esta mesa. Entre cáscaras de naranjas de la china. En una boleta del gas la cifra 14.578. Subió el gas con signos de exclamación. El cargador con el celular que al parecer en este momento acaba de recibir un mensaje. Suben proporcionalmente el oro negro y el hambre.

Prietas, papas cocidas. Aceite de Oliva. Ensalada de lechuga conconina. Jugo de piña. Copas de tintos. Parada con el trapo de la cocina en las manos cavilando que se atrasan las empanadas y por qué no le sirven sopaipillas con manjar o pebre a los comensales. Parece recordar cuando cabro a la Violeta en la carpa de La Reina.

Gavi gavi gan lá suena por la intersound, sobre la mesa puesta. Recordando el ayer parado al lado de esa mesa de la cual desaparecieron sus comensales. Esa mesa allí pintada en la realidad de Roser. En la retina del lector y su memoria.

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