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  Mare nostrum de los escepticismos

  La Europa del No ya no tiene estrategia. Duda del progreso. La Europa friolenta renuncia a proyectarse. Europa es un continente de viejos. Eso se llama declinación, portadora de una marginalización inevitable.

Miércoles 16 de julio de 2008

Se debate a menudo para saber si en la evolución de las sociedades domina la política o la economía. Aludíamos al binomio democracia-desarrollo para decir que a largo plazo parece indisociable, incluso en China. Como subrayaba Alfred Sauvy, hay, sin embargo, una tercera variable que, en el transcurso de un siglo, se impone: la demografía. Tal es el motivo central de la Unión por el Mediterráneo (UPM) lanzada el 13 de julio, con fanfarria, por el Presidente de Francia acompañado por otros 43 jefes de Estado y de Gobierno.

La Europa que envejece, donde uno de cada cinco habitantes tiene más de 65 años, donde las mujeres no tienen más que 1,45 hijos. Eso se llama declinación, portadora de una marginalización inevitable, mientras Asia cobra revancha por dos siglos de sometimiento y la demografía de América es dinámica, latinizada de sur a norte. Al sur de Europa, en estos países del contorno mediterráneo, viven 265 millones, de los que un tercio tiene menos de quince años. Una población que aumentará aún en una cuarta parte en un cuarto de siglo. Más allá, en el África negra, hay un continente que alcanzará los mil millones antes de 2025, el nuevo reservorio demográfico del planeta.

Se puede decir de otro modo. Desde la economía, para volver al inicio, y ver, como Jean-Louis Guigou, del Instituto de Perspectiva Económica del Mundo Mediterráneo, que el planeta se organiza "en gajos de naranja". O decirlo desde la política, para enrizar el rizo: corresponde a Europa mostrar que la respuesta al auge del islamismo no es la guerra, sino "la construcción de un destino común, de una vida juntos", como dice André Azoulay, consejero del Rey de Marruecos. Nicolas Sarkozy tiene razón. Pero he aquí que nadie lo cree. Las reticencias son tan numerosas y sobre todo tan viejas, que crispan nuestro porvenir.

La lista de obstáculos es larga. El conflicto israelí-palestino, causa del fracaso de la primera tentativa de acercamiento mediterráneo, en 1995 en Barcelona. En seguida, las otras prioridades. En el este se erigen los mercados, en Europa oriental, en Rusia, en China. En el sur planean el reproche por la colonización y la demanda insistente de arrepentimiento. En el norte se yergue la premisa de la democracia. Y la inmigración alza una barrera de hierro. Sin mencionar la dificultad de unir a pueblos tan lejanos: un francés es 20 veces más rico que un egipcio, diez más que un argelino, dos más que un israelí. Ni hablar de la dificultad de los países de la rivera sur para hablarse entre ellos, buscando cada uno acceso bilateral con la UE, en circunstancias que las buenas relaciones sur-norte son una condición sine qua non. Por último, el mundo anglosajón reprocha a Sarkozy su proteccionismo y recuerda que la apertura de los mercados europeos es la mejor palanca de desarrollo para el sur.

¿Qué quedará cuando la fanfarria se haya acallado? ¡Proyectos! Se necesitan proyectos concretos. Pero la UMP carece de ellos. Descontaminación de 44 sitios contaminantes que fluyen al mar. Algunas conexiones marítimas más. Un poco de energía para el post-petróleo. Ninguna otra cosa. Ni siquiera ese Banco de Reconstrucción de los países del este de Europa, que demostró su utilidad. Negativa de los ministros de Hacienda del Norte: ¡nada de burocracia! Este banco se formará quizás con un estatus semiprivado.

Pero el símbolo se perdió. Habrá que contar con la sociedad civil. Esperanza: las voluntades no faltan. Pero con los negocios que representa ahora: es nuevo en relación a Barcelona. Los países árabes tienen petróleo y playas soleadas. Su PIB crece alrededor de 5% al año, hay una clase media que consume. Llegan inversiones: 60 mil millones de dólares en 2007. Pero, detrás de las bellas declaraciones, el escepticismo se mantiene. ¿Proyecto mal preparado? Sin duda. ¿El sur culpable de mala gobernabilidad y un espíritu de rivalidades? Seguro. Pero no podemos sino ver en el desinterés del norte un adormecimiento. La Europa del No ya no tiene estrategia. Duda del progreso. La Europa friolenta renuncia a proyectarse. Europa es un continente de viejos.

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