Inicio » Cultura y Entretención

  Los poetas que hicieron de una planta su bandera de lucha

  Los poetas que hicieron de una planta su bandera de lucha

  Venidos de Talca quisieron incendiar Santiago con sus versos conectados al inconsciente y la locura, estampándolo con el nombre de una planta alucinógena. Teófilo Cid, Braulio Arenas, Enrique Gómez Correa fueron los representantes de André Bretón en Chile. Cercanos a Vicente Huidobro, le hicieron la cruz a Pablo Neruda.

Jueves 17 de julio de 2008


"Planta nupcial que da la muerte al que se apodera de ella; fascinante hada de los suburbios; la que canta canciones de infancia a la puerta de los prostíbulos y al pie de las horcas: y que sin embargo, sabe apartar esa mediocre realidad que la rodea, para dar la vida, la poesía y el amor".

Este era su manifiesto: "No se trataba de una tabla de salvación literaria si no moral", o mejor dicho, se trataba de "un fracaso" cuya escuela "quedó abandonada" por su creador -André Bretón-, adquiriendo luego una "forma académica" despreciable.

Así lo aseveró Teófilo Cid, y por eso el surrealismo chileno fue un huérfano malogrado. Contrariamente al rechazo, generó increíble adhesión, pero con un modo propio que al final tuvo un epílogo trágico. Teófilo Cid pernoctaba sus borracheras en una plaza.

Antes pasaba las tardes en un local en la antigua Galería Casa Colorada, en donde al almuerzo pedía el famoso plato "Pancho Villa": porotos, un trozo de longaniza y huevo frito. Murió solo en un hospital público en 1964, como lo recuerda el Premio Nacional Alfonso Calderón: "En medio de la luz débil e imprecisa del invierno".

ROMPER CON LA MORAL

Mientras Braulio Arenas se convirtió en un reaccionario pro dictadura, y Enrique Gómez Correa, tras 12 años en cama con inmovilidad de sus piernas, murió de cáncer en su vieja casa de Galvarino Gallardo en 1995.

Pero esto fue muchos años después, en que pese a tener graves diferencias no murieron irreconciliables: eran los tres amigos que se conocieron en el Liceo de Hombres Abate Molina de Talca por el año 30, y que llegados a Santiago, en 1938 fundaron al alero de las reuniones en la casa de Vicente Huidobro, el grupo literario la Mandrágora. Nombre tomado de la planta mítica y alucinógena de los legendarios alquimistas.

Antes de tener 25 años deseaban cambiar el mundo inspirados en Paul Eluard y André Breton con quienes incluso mantenían correspondencia. En esa época, aunque los grupos eran muchos; la respiración de la juventud fue una sola.

Así lo recuerda Enrique Rosenblatt, quien un día de 1939 caminaba por Ahumada con Carlos de Rokha y se encontró con Braulio Arenas -el líder indiscutido del grupo- quien venía a paso lento en sentido contrario. "Así nos conocimos", cuenta el sicólogo de 86 años, considerado el último sobreviviente surrealista en nuestro país. "Ahí comencé a frecuentar al grupo Mandrágora que en esos tiempos significaba una verdadera ruptura de la moral reinante. Arenas era un poeta de tremenda cultura que adhirió al surrealismo por ir en contra de un estado de cosas centradas en el naturalismo tradicional imperante", asegura.

DIVINO Y MALDITO

Tras su primer manifiesto, el grupo se cruzó de miembros tangenciales pero no menos importantes. Eduardo Anguita, Gonzalo Rojas, Jorge Cáceres -"el delfín"-, quien murió muy joven y bajo el estigma singular de ser divino y maldito.

Para el grupo, entre tanto, vinieron las exposiciones y las revistas, que como característica principal de acción, además de sus violentas diatribas surrealistas contra el discurso de la poesía tradicional y oficial, se editaron bajo el sello Mandrágora, el que alcanzó a estar en función junto con la vida del movimiento hasta entrados los años 50.

La Nación

Agustinas 1269 Casilla 81-D Santiago
Teléfono: 562+787 01 00
Fax: 562+698 10 59

Director Responsable: Álvaro Medina J.
Representante Legal: Francisco Feres Nazarala

© Empresa Periodistica La Nación S.A.
Registro 136.898 - Se prohibe toda reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio.