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  Falsificaciones: un peligro que se extiende

  Falsificaciones: un peligro que se extiende

  Las drogas falsificadas representan una industria multimillonaria. Se dice que el mercado vale más de 60 mil millones de dólares al año, más de 25 % que hace tres años y se espera que crezca a 100 mil millones para 2010.

Sábado 19 de julio de 2008

Todos hemos recibido esos molestos e-mails aunque, afortunadamente, la mayoría de ellos son en la actualidad atrapados por nuestros filtros de spam. Los correos que nos ofrecen drogas caras a precios difíciles de mejorar están en todas partes: contra el colesterol, para la presión sanguínea, la artritis y la calvicie, siempre ostentando marcas familias como Lipitor, Celebrex e, inevitablemente, Viagra. 

Los más sabios de nosotros los eliminan al instante. Pero algunas personas caen. Los que no pueden pagar el precio normal o que, simplemente, se imaginan que pueden ahorrar unos pocos pesos, ordenan estas medicinas a los vendedores ambulantes de la internet.

Los resultados suelen ser calamitosos. A veces las drogas por las que se ha pagado nunca llegan. A veces lo hacen... y puede ser peor. Son falsificaciones, hechas en algunos casos con poco más que cemento en polvo, hábilmente disfrazado para que parezca la cosa verdadera. A lo más, no habrá ningún beneficio médico. La peor posibilidad es que te maten.

Las drogas falsificadas representan una industria multimillonaria. Se dice que el mercado vale más de 60 mil millones de dólares al año, más de 25% que hace tres años y se espera que crezca a 100 mil millones para 2010. Como la falsificación de relojes, perfumes, ropa de diseñador y las películas pirateadas, las medicinas falsas prosperan en un mundo donde la gente está demasiado dispuesta a torcer las reglas.

Pero lo que no se sabe tan bien es cómo estos mercaderes de lo vacuo utilizan al sistema internacional de comercio para lograr sus propósitos. Lugares como Hong Kong y Dubai, debido a sus políticas abiertas de comercio, sus puertos libres y la ausencia de aranceles a las importaciones y exportaciones, se han convertido en blancos especiales.

SABEN SACAR PROVECHO

Dubai atrae a los falsificadores por la misma razón por la que atrae a los comerciantes honestos: su ubicación estratégica en el Golfo Pérsico hace ideal a Dubai para el movimiento de bienes entre Asia, Europa y África. Los mercaderes de las drogas falsas no se han demorado en aprovecharlo. Los registros muestran que cerca de un tercio de todas las drogas falsificadas confiscadas el año pasado en Europa llegaron de (más bien a través) los Emiratos Árabes Unidos.

La Unidad de Propiedad Intelectual de las aduanas de Dubai destruyó 293 toneladas de productos falsificados sólo en los primeros cinco meses de este año.

Pero hay también otra razón más siniestra de por qué las zonas de libre comercio atraen a los falsificadores. Utilizan a esas zonas para encubrir el origen real de una droga, sobre todo moviendo los productos de una zona a otra y volviendo a etiquetar los productos falsos o adulterados para que parezcan provenir de fuentes más legítimas.

La cadena de suministro se extiende desde fabricantes de drogas falsificadas en China, a través de Hong Kong, rumbo a los Emiratos Árabes Unidos, Gran Bretaña y Bahamas, orientándose finalmente hacia las farmacias de internet cuyos clientes estadounidenses creen estar comprando medicinas en Canadá.

ALCOHOL QUE MATA

Las bebidas falsificadas son otro problema. Muchos indios recuerdan los malos días cuando el país era el mercado más grande del mundo de botellas vacías de Johnnie Walker, que los contrabandistas llenaban con whisky a granel y vendían como legítimo.

Pero eso no era tan malo como lo que ocurre hoy en Rusia: casi la mitad de todos los alcoholes espirituosos vendidos en el país son falsificados y matan a miles de rusos cada año.

No todas las falsificaciones matan, por supuesto, y la adulteración de otros productos a menudo no es motivo de censura, porque la gente tiende a pensar que no importa tanto. ¿Qué mal hace que podamos "ganarle al sistema" y disfrutar de algo sin tener que pagar realmente por ello? ¿Qué importa si obtenemos algo que otros piensan que es genuino y sólo nosotros conocemos la diferencia?

La respuesta breve es que importa: no sólo porque es un robo, sea contra la propiedad intelectual o contra la billetera de alguien. Importa porque la falsificación reprime la innovación, privando al mundo de la creatividad que es nuestra fuente clave de progreso. Aquellos que compran productos falsificados están robándoles a los creadores que se arriesgan y respaldando a ladrones que lucran con el ingenio y el trabajo duro de otros.

Usar un reloj falsificado puede que no dañe directamente, como podría hacerlo el consumo de una droga falsa, pero nos disminuye al diluir las posibilidades del mundo en que vivimos.

Es cierto que casi todas las cosas pueden ser falsificadas. Gracias a los avances en la tecnología digital, el laser 3-D y los software para falsificaciones, hay muy poco actualmente que no pueda ser rápida y baratamente reproducido y vendido en el mundo como un artículo genuino. El resultado es que se cree que uno de cada 10 productos vendidos en el mundo es falsificado.

Pero en un mundo donde muchas cosas no son lo que parecen, muchas personas ponen un sobre-precio a la calidad y la autenticidad. Es mejor usar un Swatch genuino que un falso reloj Cartier, porque este último nos pone en la posición de simular que poseemos algo que no tenemos, lo que es tan malo como pretender ser alguien que no somos. Corresponde a los ciudadanos comunes asegurar que las falsificaciones no prevalezcan. Cuando la imaginación es usurpada por la imitación, nadie gana.

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