
Domingo 20 de julio de 2008
La batifilia tiene sus adeptos. El mismo día del estreno, la fila para comprar las entradas cruzaba el cine. Lo bueno es que a diferencia de otros estrenos como "Harry Potter" o "La guerra de las galaxias", no había ñoños disfrazados de sus personajes favoritos, algo que si bien no le sube el pelo al fanatismo desmedido, lo hace menos infantil. Ahora, más allá de esto, la pregunta es obvia ¿por qué tantas expectativas por ver este Batman? Un héroe que tal como cuenta el mito no tiene superpoderes, si no dinero para comprarlos y que más allá de salvar a Ciudad Gótica quiere venganza para equilibrar el destino que le arrebatara a sus padres. La respuesta no es difícil, este Batman tiene algo de leyenda y superstición, Heath Ledger, el actor que interpreta al Guasón, el villano clásico muere antes del estreno, generando ese halo de misterio que tiene toda muerte joven e inesperada. Tiene además la fama justificada de ser la más realista interpretación del hombre murciélago y la más oscura. Todas esas promesas se cumplen, Batman renueva la imagen del héroe contradictorio y la de un rival a su altura y en este punto es donde "El caballero de la noche" tiene pasta para ser un clásico.
La historia es la de siempre: Bruce Wayne el multimillonario se debe enfrentar a un archienemigo como ninguno para devolver la paz a Ciudad Gótica, en el camino de justicia se acompañará del jefe de la policía (Gary Oldman) y el fiscal de la ciudad (Aaron Eckhart), caras de la ley civil que representan el lado cansado y acomodaticio del bien. Pero acá el tema no es el relato en sí mismo, sino los elementos con los que Christopher Nolan ("Memento") decide armar la cinta: realismo sombrío y un ritmo de constantes contradicciones.
Este Batman recupera la estética oscura que patentara Tim Burton y desecha toda la superficialidad que le imprimiera Joel Schumacher a las tristes "Batman y Robin" o "Batman forever". Hay acá sangre y muertes reales, hay desapego y una mirada retorcida sobre el bien y el mal. El Guasón es sádico, es un terrorista, su maldad no tiene origen, es, tal como dice Alfred, un tipo al que le gusta ver el mundo arder. Por otra parte, Batman es un tipo millonario que guarda dentro del traje un sinfín de traumas. Lo extraño, y aquí está la pericia de Nolan es que para todos aquellos que no vieron las sagas anteriores y para los que conocen sus recovecos, "El caballero de la noche" tiene el sello de filme primigenio, una especie de reinvención del mito, como si lo viéramos por primera vez. Nolan decide hacer Ciudad Gótica como cualquier ciudad actual, sus personajes son tan reales como desquiciados y la violencia tiene cuerpo y encarnación, factores que dotan a la cinta de una textura no sólo perturbadora sino creíble y terrenal.
Esta renovación no es traición, la elección de hacer una cinta en la que la fantasía no tiene cabida, agranda aún más la adrenalina oscurantista de una cinta que mezcla la acción pirotécnica con las profundidades psicológicas de sus personajes. Este Batman renueva no sólo al personaje, también el delicado equilibrio entre una dirección exacta, y oscura que no se encandila con los facilismos caricaturescos de un mega blockbuster.