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  Álvaro Uribe Vélez, el San Expedito de Sebastián Piñera

  No es extraño que nuestro nuevo San Pablo de la derecha chilena haya caído en éxtasis, junto a sus mosqueteros acompañantes, Espina y Allamand, a la vista de las pauteadas reuniones populares.

Viernes 1 de agosto de 2008

Para la izquierda, el valor principal de la acción política es la lucha por la igualdad y, para la derecha, lo importante no es la libertad, sino el orden que garantiza la propiedad, razón por la cual todos los candidatos de la derecha centran su propuesta política en la famosa "seguridad ciudadana". El escándalo no es la pobreza, sino la violencia y el riesgo de ser asaltado en las calles: la única solución que propone se reduce a encarcelar a los delincuentes, en presidios que son repugnantes y degradantes respecto de la dignidad humana, al mismo tiempo que escuelas del delito que, en vez de reinsertar a los internos, les termina enseñando nuevos métodos para seguir delinquiendo, incluso desde las mismas cárceles.

El populismo neoliberal de derecha demostró en décadas pasadas su fracaso: Fujimori está preso por sus múltiples robos y atropellos de los derechos humanos; Collor de Melo pasó a la historia, después de su destitución, convirtiéndose en un mal recuerdo; el ahora anciano Carlos Menem siempre anda rondando la cárcel a causa de las innumerables sinvergüenzuras de su malhadado Gobierno. En Europa, José María Aznar, sirviente de George W. Bush en la guerra contra Irak, es sólo un mal recuerdo, y su Partido Popular no logra recuperar el poder; en Alemania, la Democracia Cristiana tiene que aliarse a los socialdemócratas para gobernar; en Francia, Nicolas Sarkozy, un dandy, está cada día más desprestigiado.

¿Qué modelo le queda a la derecha populista? En América Latina, Álvaro Uribe en Colombia y Felipe Calderón en México, cuyos intentos de privatizar Pemex son resistidos por los ciudadanos. Sebastián Piñera puede ser muy hábil en los negocios, pero es bastante ignorante en historia y en política. Imitando a Obama, quiso hacer su propio periplo por América Latina visitando Perú, de Alán García, actualmente bastante desprestigiado ante la opinión pública porque la riqueza todavía no llega a los pobres; luego, Colombia, de Álvaro Uribe y finalmente Ecuador, del Presidente Rafael Correa.

Como San Pablo en su viaje a Damasco, Sebastián Piñera terminó obnubilado por el éxito del Presidente populista paramilitar. Uribe, una especie de San Expedito para la derecha continental. Es una tontería que refleja mucha ignorancia comparar a Chile con Colombia respecto de la seguridad ciudadana, porque sería como si comparáramos con Haití o Irak:

Colombia ha sido clasificado, en muchos períodos de su historia, como una democracia inviable, un país invertebrado. Existe una guerra larvada entre las FARC, el ELN, los paramilitares, el Ejército, el narcotráfico y la delincuencia común, amén de los parapolíticos. Hay miles de campesinos desplazados, que pueblan los barrios periféricos, en especial de Bogotá, Medellín y Cali, y que viven en situaciones de miseria y degradación insoportables. La Organización de Naciones Unidas reconoce a miles de refugiados políticos a causa de la violencia. Los congresistas estadounidenses rechazan el Tratado de Libre Comercio a causa de la violación de los derechos humanos en ese país. Los carteles de la droga hace tiempo han penetrado la política, incluso presidentes y parlamentarios han sido acusados de soborno. En Bogotá es imposible penetrar en ciertos barrios, como Ciudad Bolívar y otros de la zona sur, porque se arriesga a no salir incólume.

Es comprensible que Sebastián Piñera no haya visto esta realidad, pues hay que vivir en el país para captarla. No es raro que Uribe sea el mejor y único amigo de Bush, pues emplea métodos similares, amparado en la llamada Seguridad Democrática, una especie de doctrina de seguridad interior del Estado.

Michelle Bachelet es una gobernante democrática, que luchó toda su vida por los derechos humanos y la justicia social; Álvaro Uribe tiene parientes paramilitares y es un aliado de los gamonales ultraderechistas. En Colombia, la Corte de Justicia ha puesto en cuestión la reelección de Uribe a causa de un presunto soborno a una senadora. En el rescate de los últimos quince liberados, las Fuerzas Armadas utilizaron los símbolos de la Cruz Roja y de Telesur, colocando en peligro las futuras gestiones humanitarias. Un familiar de Uribe está acusado de tener contacto con los paramilitares. La guerrilla y los paramilitares emplean métodos inmorales y desprovistos de toda ética para raptar y asesinar. El narcotráfico sigue siendo muy poderoso en Colombia y ha penetrado en las distintas bandas armadas.

Si esta es la parusía de Sebastián Piñera, Dios nos pille confesados. Ojalá los ahora desprevenidos electores comiencen a darse cuenta que el populismo de derecha no nos puede llevar sino a la lamentable situación en que se encuentra aún Colombia. Es cierto que Uribe cuenta con un apoyo indiscutible en las encuestas, pero esto no hace más democrático su Gobierno, porque en la historia hay miles de casos de déspotas derechistas que han contado con un alto apoyo popular. No fue democrática la RDA porque contara con un partido demócrata cristiano, tampoco lo era la España de Franco porque existieran unas amañadas Cortes, no lo era la Italia de Mussolini, ni la Alemania de Hitler: la democracia no se define por el sufragio, sino por el respeto de los derechos humanos.

Lamentablemente, en Colombia no existe aún una izquierda democrática poderosa y con líderes carismáticos que pueda contrarrestar al uribismo que, por medio de las "asambleas regionales" ha logrado implantar un demagógico populismo de derecha que engaña, fácilmente, al electorado. No es extraño que nuestro nuevo San Pablo de la derecha chilena haya caído en éxtasis, junto a sus mosqueteros acompañantes, Alberto Espina y Andrés Allamand, a la vista de estas pauteadas reuniones populares, dirigidas por el "Catalina" del país del norte. Nada más fácil que realizar estas asambleas con partidarios convencidos y muy dispuestos a seguir a su líder.

No creo que sirva para algo la justa molestia del ministro Edmundo Pérez Yoma al increpar, con razón, las ignaras y torpes declaraciones del candidato de la Alianza, porque aún recordamos los torpes pactos del Gobierno con la Alianza respecto de la Ley General de Educación y el subsidio a la gasolina. Las peleas entre la Concertación y la Alianza se parecen más a un circo que una verdadera confrontación ideológica pero, al menos, esta última polémica ha sido útil para desnudar lo que sería un Gobierno populista de derecha, liderado por Sebastián Piñera y que cobija a muchos irredentos pinochetistas. Vayan poniendo sus barbas en remojo.

 

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