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Sábado 2 de agosto de 2008
A través de la niebla, y en un descuido de sus captores, el policía John Frank Pinchao escapó de las FARC en mayo de 2007, después de casi nueve años de secuestro. Por sus propios medios llevó a la civilización noticias sobre el estado y paradero de Ingrid Betancourt y otro incontable número de rehenes de los guerrilleros.
Severamente desnutrido, con cortes en piernas y tórax, deshidratado y con dermatitis, el policía que fue apresado por los guerrilleros contó su testimonio que hoy llega convertido en la novela "Mi fuga hacia la libertad".
Pinchao fue secuestrado el 1 de noviembre de 1998 en un brutal ataque guerrillero a la base policial de Mitú, y formó parte de un grupo de 57 rehenes que los insurgentes planeaban canjear por más de 500 rebeldes en prisión.
De paso por Santiago nos cuenta que existe mucho de mito en torno a la verdadera naturaleza de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. "La gente piensa que la guerrilla es un grupo romántico, revolucionario como los de antaño que está luchando por una reivindicación social, cuando en realidad están causando muerte y derramamiento de sangre, desplazamientos forzados y secuestros. La gente debe conocer la realidad en torno a ese grupo que se ha degenerado por el narcotráfico y han perdido su norte".
Pinchao recuerda que las condiciones de vida dentro de su claustro eran vejatorias. "Empezaron con un encerramiento en campos de concentración, en viviendas forradas por dentro y paredes y techos con alambres de púas. Iniciaron amarrándonos con cordeles y luego pasaron a ponernos cadenas. Me enteré que después de mi fuga cambiaron las cadenas por otras mucho mas gruesas que pesaban cantidades a la altura del cuello".
Un día normal
Perdidos en la selva, la rutina diaria de un secuestrado según el ex rehén, era la de un campo de concentración. El mismo día que se repite uno tras otro y que obliga a refugiarse en los recuerdos y mensajes que les eran enviados a través de la radio por sus familiares. Es el único medio de comunicación con el que cuentan por una hora al día.-¿Cómo es el día cotidiano de un secuestrado por las FARC?
-Nos despertaban a las 5 de la mañana y escuchábamos un programa que transmite noticias y mensajes de nuestros familiares hasta las 6. Suele pasar que mucha gente sigue enviando mensajes a rehenes que ya han fallecido. El desayuno es un café, una arepa o un caldo. El resto son actividades de cada uno, pero todas del tipo siamés, porque el compañero de uno está atado por el cuello. Una tortura total, un curso intensivo de tolerancia que dura las 24 horas.
A las seis de la tarde se les pone de nuevo un candado al cuello y se les encierra en el "cambuche" o barraca de alambre de púas. Y constantemente se les mantiene en movimiento a través de la selva, "porque siempre hay operaciones militares como ráfagas y bombardeos o penetración de la fuerza publica y la policía nacional que nos mantienen caminando", declara Pinchao.
Cuando logró escapar de ese infierno, durante 17 días John Pinchao recorrió la selva con una cadena de medio kilo colgada al cuello. Los riesgos para un rehén trascienden el enfrentamiento y las balaceras de sus captores. Porque si un secuestrado logra escapar, puede morir, si no baleado, víctima de una enfermedad o a causa del mismo relieve traicionero de la selva y amenazas de la fauna.
"Cuando cruzas un puente de troncos y vas atado junto a otro prisionero por el cuello, si pierdes el equilibrio terminas ahorcado. A veces caen intempestivamente árboles inmensos de más de 70 metros de altura que pueden aplastarte y hay animales salvajes como pirañas, tigres, boas y culebras venenosas e infinidad de riesgos para perder la vida allí", recuerda.
Finalmente llegó a Mitú, en la frontera con Brasil donde fue asistido por una patrulla. "Mi fuga hacia la libertad" recuerda escabrosos pasajes del tránsito del policía. Algunos de ellos aún le provocan angustia: "Lo mas doloroso de recordar es el encadenamiento. Que te traten como una fiera salvaje o un animal. Porque estar secuestrado es como regresar a la época de la esclavitud".
La frase que más escuchan por la radio los secuestrados es la que más les molesta a la larga: "Tenga fe y esperanza", les dicen. "Ya de tanto escucharlo uno le pierde sentido, aunque nos incomodaba escucharlo, es ese el mensaje porque de una u otra forma van a regresar a la libertad donde los están esperando sus familiares, sus hijos, padres y esposas. Si ellos han tenido la fortaleza de resistir y la esperanza de que regresen, ellos deben ser condescendientes con esa espera y soportarlo hasta que nuevamente estén con los suyos".